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| Carmen Domingo (Agencia EFE)

¡Ay, madre, cuánta madre…!

«Madre no hay más que una», eso al menos dice el poema de Rafael de León. Madre festejada en mayo en España y en los países de Latinoamérica, excepto Argentina que dedica a «su vieja» el tercer domingo de octubre y Panamá que destina el 8 de diciembre al Día de la Madre.

 

¡Viva la madre que te parió!, además de ser un piropo que sale del alma, implica a la madre que da el ser, la madre biológica, y por extensión a la madre adoptiva.

La verdad del aserto popular recogido por de León no excluye otras connotaciones de un término que define «la causa u origen universal», como ocurre con la Madre Tierra, la Pachamama, una madre diosa no sólo para quechuas y aimaras sino para millones de latinoamericanos.

Hay lenguas madre. El latín lo es para los hispanohablantes. Y de «mater» viene madre y, según quien la nombre sea español o argentino, boliviano, colombiano, ecuatoriano, chileno, mexicano, peruano, venezolano o cualquier otro de los habitantes de América Latina, será «mamá», «mami», «ma», «mamacita»,¡Madre mía!.

Pero además hay madres divinas, como la Virgen para los católicos, y menos divinas, pero santas, como Madre Teresa de Calcuta, y menos santas, pero con mucho mando, como la madre superiora o la madre abadesa y madres de naciones, como la madre patria.

También están las madres políticas, las suegras, y las madrastras siempre con el sambenito de malvadas, por culpa, entre otros, de los hermanos Grimm, que dejaron a Cenicienta al cuidado de una tirana y a Blancanieves en manos de otra que se vio arrugas en el espejo, como para no ser mala…

Sin embargo, las madrinas son buenas y además se convierten en comadres en el momento en que se bautiza a una criatura.

Madres de cuento son las hadas madrinas que usan su magia para conceder deseos y mágico es «el polvo de la madre Celestina», que es un modo secreto y maravilloso de hacer algo.

Desaprensiva y de cuento es la madre de Caperucita Roja, que mandó a la niña, cargada con una cesta y por un bosque lleno de lobos, a ver a su abuela.

Hay madres en la naturaleza. La madreperla es un molusco que habita en los mares y la madreselva es una trepadora muy olorosa y floreada. La malamadre es otra planta, la cinta, que debe su nombre a que expulsa a sus hijos y de ellos surgen nuevas plantitas, y el madrejón, que no es una madre bruta, sino el cauce de un río en Argentina.

Existen madres geográficas como las montañas Madre de Chiapas, Madre de Dios, Madre de Oaxaca, Madre del Sur y Sierra Madre en México. Madre de Dios se llaman también un archipiélago de Chile y un río de Perú y Bolivia.

¡A toda madre! es sinónimo de algo estupendo para un mexicano, y «hasta la madre de los tomates» dicen los cubanos para destacar la participación en algo de más personas de las previstas.

Hay madres comodín, como «la madre del cordero», una expresión que suele indicar la razón de algo: «la experiencia es la madre de la ciencia», dice un refrán. Y otro, «madre y delantal protegen de mucho mal». Madres tenían que ser las protectoras del cerebro: piamadre y duramadre se llaman dos de las tres meninges que lo envuelven. También son madres unas células, las células madre.

En el mundo del tatuaje hay un clásico: el «amor de madre». Este sentimiento en exceso hace «madreros» a los hijos muy encariñados con sus madres, llamadas en este caso madrazas por ser muy condescendientes con sus vástagos, a los que miman demasiado.

Hay «un paso de madre», el pasitrote, que es un caminar propio de los asnos, y un «mal de madre», la histeria, pero cuidado con un «pegadillo del mal de madre», que es un hombre pesado en la conversación, molesto y entremetido.

Hay madres mentadas. Mentar a la madre es injuriar gravemente a alguien profiriendo insultos contra su madre.

Hay madres en la Literatura como la del poeta argentino y Premio Cervantes, Juan Gelman, a la que dedica Carta a mi madre, madres revolucionarias como La Madre de Máximo Gorki, y madres castradoras como la descrita por Elfriede Jelinek en su novela La pianista.

Hay madres coraje como las «Madres de la Plaza de Mayo» o la Madre coraje de Bertolt Brech y madres déspotas y tiranas como la de La casa de Bernarda Alba.

Madres cantantes como las de «Mamas & The Papas». Musical es también la Madrecita del cubano Oswaldo Farrés que cantó Machín.

Madre cinematográfica es la de Todo sobre mi madre.

¡Hasta el vino tiene madre…! .

Como decía el poema de Rafael de León al que el maestro Quintero transformó en copla:

Toíto te lo consiento

menos faltarle a mi madre

que a una madre no se encuentra

y a ti, a ti te encontré en la calle.

¡Olé, Olé y Olé!.

¡Felicidades!.

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