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| Ximena Aguilar
El País, Montevideo (Uruguay)
Martes, 26 de agosto del 2008

AÚN BAJO LA «HEGEMONÍA LINGÜÍSTICA» DE ESPAÑA

Hamel coordina el grupo internacional de investigación «Políticas del lenguaje en América Latina», que se reunió en Montevideo la semana pasada en el marco del congreso de la Asociación de Lingüística y Filología de América Latina.


Los investigadores de este proyecto expusieron sobre temas como las misiones jesuíticas, el portuñol en zonas de frontera, la enseñanza de lenguas indígenas, o la lengua de señas en Uruguay. En esta entrevista, Hamel introduce a una mirada que relaciona al lenguaje con desigualdades sociales, ideologías, identidades nacionales, modelos de referencia y luchas por la dominación del principal medio de comunicación.

¿Qué se entiende por políticas del lenguaje?

-La política del lenguaje abarca el conjunto de intervenciones sobre el lenguaje que provienen tanto de instituciones oficiales como de la sociedad; las presiones lingüísticas, culturales, la discriminación, el racismo, en tanto se expresan en el lenguaje, también son nuestro objeto de estudio. Las políticas tanto explícitas como implícitas que ocurren en torno a las lenguas.

¿Podría dar ejemplos de políticas que se estén aplicando en Uruguay?

-Por ejemplo, un tema muy interesante lo que implica la integración del Mercosur en el campo de la educación de las lenguas. El Mercosur tiene dos lenguas oficiales y otra más que es el guaraní, pero que no es lengua de trabajo. Hubo un cambio, sobre todo desde los 90, cuando hay un boom en Uruguay y Argentina del interés por el portugués, y en Brasil por el español. Eso históricamente no era así, más bien se ponían barreras frente al portugués. Ahora hay un impulso para que estas lenguas se aprendan masivamente y funcionen como lenguas de integración. En Uruguay, la Universidad de la República tiene un equipo excelente de lingüistas que han intervenido en la asociación de Universidades del Mercosur, coordinando planes de estudio y certificados de español, en un esfuerzo para posicionarse en la enseñanza del español a nivel internacional, que hasta casi este momento es un monopolio del instituto Cervantes de España. Pero lo es fundamentalmente porque los países latinoamericanos hemos sido muy poco activos, hemos dejado ese papel a España, que es el principal proveedor de enseñanza en Brasil y en Estados Unidos, cuando lo natural es que fueran los países vecinos. Eso está cambiando aquí.

¿Hay diferentes ideologías detrás de esas políticas?

-Como ideologías sobre las lenguas, entendemos el conjunto de ideas construidas sobre lo que son las lenguas y para qué sirven. Son ideologías muy fuertes, porque forman parte del andamiaje de la construcción de los estados nacionales. En Latinoamérica heredamos el concepto de Estado Nacional homogéneo, el modelo de Francia del siglo XIX, que tiene mucha fuerza en lo que fue históricamente —y desgraciadamente sigue siendo— la minorización y el aniquilamiento de las lenguas indígenas. Esa ideología sostiene que un Estado tiene que tener una lengua que debe ser homogénea, y todos los que llegan tienen que asimilarse. Ahora, cuando hay distintas lenguas nacionales que son variantes de una gran lengua, se producen conflictos, y hasta la fecha hay una cierta hegemonía que ejerce España con su variante del idioma, a través del conjunto de las Academias de la Lengua. Aunque se habla de una norma pluricéntrica, es decir, que las distintas normas son válidas, en los hechos se mantiene la hegemonía de España.

¿Cómo se van integrando los particularismos regionales?

-Históricamente el diccionario de la Real Academia Española, que es la expresión de su política lingüística, casi no tenía palabras que no fueran del castellano español, la variante que hoy se habla en Madrid. Paulatinamente, se han ido integrando palabras como 'chilenismos' o 'cubanismos', marcados indirectamente como algo inferior: la lengua normal es la de España, y hay una palabra que no es muy del español pero que en Cuba la usan. Las nuevas ediciones admiten mucho más vocabulario, pero España trata de mantener la hegemonía sobre las gramáticas.

¿Cómo afecta a Latinoamérica esa hegemonía de España?

-En el siglo XIX y XX las Academias de la Lengua se crearon como oposición, con la idea de crear una lengua nacional propia, de definir qué es el español mexicano, o el español uruguayo, como lengua nacional, sin tener que referirse a España. Durante muchísimo tiempo hubo una inseguridad lingüística, por ejemplo si tenemos que decir 'taza' o no, cuando el sonido 'z' nunca se usó en Hispanoamérica por razones históricas, porque la colonización tuvo fuerte influencia de Andalucía donde tampoco se usa la 'z'. Pero como la norma lo establecía, estaba la inseguridad de cuál era el buen español. Y hasta la fecha en muchos de nuestros países hay mucha mala conciencia de cómo hablamos, se dice 'aquí hablamos mal, allá hablan bien', cuando eso no existe, desde el punto de vista objetivo científico lingüístico cualquier variante es tan buena o tan mala como otra en la medida en que cumpla con las funciones de comunicación que tienen que cumplir.

Perfil

Nombre: Rainer Enrique Hamel. Nacionalidad: México. Profesión: Doctorado en lingüística, profesor en la Universidad Autónoma de México (UAM).

Lenguaje en Conflicto

Especializado en las áreas de sociolingüística, análisis del discurso, conflictos lingüísticos y culturales y educación indígena bilingüe, Hamel ha publicado tres libros y más de 80 artículos científicos en español, inglés, francés, alemán y portugués, y editado varias publicaciones especializadas. En sus trabajos ha analizado el idioma español como lengua dominante, que subordina a las lenguas indígenas en Hispanoamérica, pero también como lengua subordinada, creciendo de mano de los inmigrantes en Estados Unidos; como lengua fronteriza, con 10.000 kilómetros de contacto con el portugués y 3.000 con el inglés, y como lengua internacional, con más de 350 millones de hablantes nativos.

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