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| Agencia Efe

Arquitectura de la A a la Z para conocer los secretos de ese presente eterno

La arquitectura es «un presente eterno» que faculta la posibilidad de «hablar» con los muertos y descubrir, por ejemplo, que el Escalda a su paso por Amberes está alfombrado de cadáveres de españoles o que un dromo es un 'camino de Dios', según los autores del diccionario que acaba de editar Cátedra.

El coordinador del manual, el historiador Lorenzo de la Plaza, explica a Efe que el Diccionario visual de términos arquitectónicos no es una «obra más de consulta» para determinar cómo se llama un elemento u otro, sino un texto entretenido que permitirá al lector «saborear» en sus viajes los platos del diseño y la construcción.

Cada entrada del diccionario incluye una definición, una síntesis histórica, una descripción lingüística y, al menos, un dibujo y una fotografía, todo ello para que el lector profesional o el aficionado resuelva enigmas como el que encerraba el responso de Rubén Darío a Verlaine.

«Que púberes canéforas te ofrenden el acanto», deseaba el nicaragüense, un verso ante el que Federico García Lorca, a pesar de que consideraba al modernista uno de los mayores creadores del lenguaje poético, reaccionó en una ocasión diciendo aquello de «a ver, otra vez, por favor, que yo sólo he entendido el ‘que’».

Las canéforas son doncellas de la antigüedad que participaban en los sacrificios pero el misterio está en acanto, un ornamento que se utiliza en el capitel corintio: lo creó el arquitecto Calímaco (siglo V a.C) tras verlo en el sepulcro de una joven que había muerto misteriosamente.

De la Plaza, coordinador del libro del que son además autores Adoración Morales (textos), María Luisa Bermejo (infografías) y José María Martínez (dibujos), está seguro de que aunque el texto está también dirigido a arquitectos o estudiantes, será de especial atractivo para el gran público «porque ayuda a disfrutar de lo que se puede ver prácticamente por todas partes».

«En cinco minutos te puedes enterar de lo que hay que ver en un castillo o cuáles son los puntos esenciales de las catedrales o las mezquitas», detalla.

No obstante, aunque el libro parezca «clásico» contiene «pinceladas modernas», según De la Plaza, que cita, entre otros, el gimnasio griego o efebeion pero también el que Alejandro de la Sota creó para el colegio madrileño Maravillas, «de una solución constructiva brutal».

La iniciativa de este libro, subraya, parte de la voluntad de llenar un vacío entre los diccionarios visuales de arquitectura, que, como decía Antonio Miranda en Ni robot ni bufón. Manual para la crítica de la Arquitectura, reflejan a las claras que «una imagen engaña más que mil palabras».

El léxico de la arquitectura es, por lo general, un metalenguaje que no forma parte de la lengua común, pero hay términos archiconocidos ante los que no se plantea más reflexión que la que sugiere su uso, como es el caso de puente.

En el lecho del que hay en la desembocadura del Escalda en Amberes, «uno más constructivamente», hay, sin embargo, una historia «sobrecogedora». Durante las luchas de España con Holanda, su cauce se alfombró «literalmente» y durante más de cien años con los cadáveres de los españoles, «y allí siguen».

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