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Aparece la primera sintaxis histórica del español

México se convirtió en el primer país en publicar la Sintaxis histórica de la lengua española (Fondo de Cultura Económica-UNAM. México, 2006), un estudio completo que muestra los cambios que ha tenido el uso del español, coordinado por la doctora en filología Concepción Company Company.

Se trata de un libro colectivo, en el que participan 14 estudiosos de la lingüística. En los dos primeros volúmenes se encuentra todo lo que usted quería saber sobre el verbo. En los siguientes, próximos a editarse, se abordarán temas como el sustantivo, las preposiciones, conjunciones y adverbios, y la última parte estará dedicada a fenómenos relacionados con la pragmática histórica del español.

En total son nueve volúmenes. «La obra va dirigida a especialistas y a cualquier curioso de la historia de la lengua», afirma Company, miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua.

Este libro no está hecho para saber cómo hay que hablar, no es una gramática normativa como la de la Real Academia Española de la Lengua , que distingue qué es lo que se debe y no se debe decir. Esta Sintaxis histórica de la lengua española cuenta cómo era, cómo cambió y cómo llegó a ser lo que es actualmente el idioma.

«Los hablantes modifican sus hábitos lingüísticos para ajustarse comunicativamente con sus interlocutores y ser exitosos en la comunicación. Las lenguas, en cierta forma, son organismos vivos, donde aquellos cambios que tienen ventajas estructurales van a imponerse porque al hablante le resultan más fáciles que aquellos cambios que tienen problemas en cuanto a su integración. Por ejemplo, en este libro podemos entender por qué ahora todos usamos tiempos futuros con verbos de movimiento; decimos ‘voy a comer’ en vez de ‘comeré’, ‘voy a cantar’ en vez de ‘cantaré’, empleamos cantaré en situaciones muy restringidas», señala la filóloga.

Dime cómo hablas

Company advierte que las anomalías en la estructura de la lengua persisten porque producen prestigio social. «El descontrol de las irregularidades por parte de los hablantes produce prestigio social porque finalmente la lengua se reduce a dime cómo hablas y te diré quién eres. Pensemos en el verbo andar. Si yo controlo bien las irregularidades y digo ‘anduve’, en vez de ‘andé’ como se usaba en el siglo XIV y que es la forma correcta, estoy hablando como lo hacen los demás aunque no sea la manera apropiada».

Otra de las conclusiones de este análisis relacionadas con el español de España y el de América es que fue en la segunda mitad del siglo XVIII cuando el español de México empezó a configurarse con su fisonomía actual. «En esa época se comenzó a abusar de los diminutivos, a usar una cantidad enorme de léxico indígena que incluso sustituye al vocabulario patrimonial del castellano; apapachar sustituye a mimar, itacate en vez de almuerzo, petate en vez de estera, y ese conjunto de indigenismos léxicos, más diminutivos, más la proliferación de posesivos, más rasgos dialectales, la ausencia del leísmo, todos esos datos marcan un parteaguas lingüístico entre México y España. Los mexicanos empiezan a hablar dialectalmente como mexicanos a partir de esa fecha. Esa información no la teníamos antes, la intuíamos que debía de haber sido poco antes de la Independencia o al final del virreinato».

Un modelo a seguir para el desarrollo de esta investigación fue la Gramática descriptiva, de Ignacio Bosque y Violeta Demonte, publicada en España en 1999. Para Company el hecho de ver la Gramática concluida exitosamente la animó a convocar un proyecto similar y trascendente para la historia de la lengua: «Las sociedades latinas se caracterizan por una fuerte individualidad. En proyectos colectivos, los investigadores deben hacer a un lado su personalidad individual y contribuir como una pieza de engranaje a que salga el producto, y es un hecho difícil de lograr. Aquí, en la Sintaxis, satisfactoriamente se logró describir la lengua, los hechos de lengua, incluir datos y no las teorías que subyacen de cada fenómeno».

Ni Menéndez Pidal, Lapesa, Hanssen y Keniston, por mencionar a algunos estudiosos de la lengua, emprendieron una tarea como ésta. Reconoce Company: «Evidentemente todos somos hijos y nietos de esos grandes lingüistas que se acercaron a explicar la historia del español. Lo que sucede es que ellos no analizaban la sintaxis, una vez que concluían la parte de fonología y morfología histórica, ya no les quedaban ánimos y porque la sintaxis no se puede explicar sin el mundo del significado. La sintaxis histórica va de la mano con la semántica, y en ese tiempo no lo veían así. No se puede estudiar la sintaxis si no entendemos cómo cambiaron los significados, tanto socialmente como culturalmente.»

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