Noticias del español

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Luz Nereida Pérez

www.claridadpuertorico.com

Martes, 2 de agosto del 2011

ANTAÑO Y HOGAÑO


El tiempo a todos consuela,



sólo mi mal acibara



pues si estoy triste, se para,



y si soy dichoso, vuela.



(Ramón de Campoamor)


Érase una vez… Tiempos ha… En tiempos de España… Antes de Cristo… Son frases comunes para ubicar las narrativas dentro de un período indefinido, o a veces relativamente preciso, del tiempo dentro cual ocurren. El tiempo es preocupación humana eterna, tanto así que en el panteón griego el dios Cronos –Saturno para los romanos– ocupaba un importante sitial. Este era hijo del Padre Cielo (Urano) y la Madre Tierra (Egea), y rey de los titanes (dioses inmensos por su tamaño e increíbles poderes). Ante la profecía de que uno de sus hijos le destronaría, Cronos decidió comerse a los hijos que procreaba. Cuando nació Zeus (Júpiter para los romanos), su madre Rea entregó a Cronos una gran piedra envuelta en paños y éste se la tragó creyendo que era el hijo. Entonces Rea envió a Zeus a Creta donde creció para en su momento rebelarse contra Cronos y destronarle. Maravillosa alegoría de ese tiempo del cual somos hijos y que al fin y al cabo nos consumirá.

 

Son muchas las palabras, frases y refranes relacionados con la ubicación en el tiempo que tienen presencia en nuestra lengua española. Hoy tocaremos este tema dentro de las limitaciones de espacio que impone una página en la prensa. Veamos, por ejemplo, el uso en la narrativa de la historia de Zeus de las expresiones en su momento y al fin y al cabo. Ocasión idónea para pedagógicamente recalcar que, por lo general, confundimos el empleo del adverbio eventualmente con la codificación que recibe en inglés. En español lo eventual se refiere a lo que es incierto o casual, mientras que en el inglés más bien comunica la certeza de unos hechos futuros. 

 

Es frecuente, más en las narrativas escritas que en las orales, el hacer uso de voces como antaño —procedente del latín ante annum—, que significa 'tiempo pasado' y que se usa para referirse específicamente al año anterior como equivalente a “el año pasado”. Del latín hoc anno (en este año) procede la expresión hogaño para que contrapuesta a antaño se refiera al año corriente, a este año, al año actual. Para la referencia del tiempo, era común en la lengua campesina (¿lo es aún?) el empleo del enantes para designar lo acontecido antes o como sinónimo del adverbio recientemente (en el caso de algunos países de América, según consigna el diccionario). Es vocablo también procedente del latín en el que se unen la preposición latina in y el adverbio ante. También es parte del lenguaje campesino el uso de otrora —literalmente, en otra hora— para significar 'en otro tiempo'.

 

Es común en frases coloquiales el aludir a lo ocurrido en tiempos remotos o inmemoriales como el año de las guácaras. Curiosamente Augusto Malaret señala, en su Vocabulario de Puerto Rico, que la guácara es un tipo de gabán o chaqueta, lo cual sustenta con una cita del libro Cosas de Puerto Rico (1904), del articulista de costumbres José A. Daubón, en el que alude a la «guácara del estanciero» en una descripción de vestimentas. Sin embargo, en el Diccionario de voces indígenas de Puerto Rico, Luis Hernández Aquino indica que guácara es voz de procedencia arahuaca para denominar a las cavernas. De ahí que el año de las guácaras se refiera a tiempos muy remotos. Y hay quien también ubica lo temporal taínamente al consignar lo ocurrido en el espacio del «año de la yuca».

 

La frase en los tiempos de Maricastaña, de uso en el español general, nos coloca en tiempos menos remotos. En el Diccionario de dichos y frases hechas por Alberto Buitrago Jiménez, se indica que la existencia del personaje nombrado no es muy clara, pero que se cree que existió en Lugo (España) para el siglo XIV y que fue una valiente mujer que lideró una rebelión contra el pago de impuestos a un obispo. En el español general también se emplea la expresión en los tiempos del cólera para designar lo muy antiguo o pasado de moda, en alusión a esta enfermedad tan común en el siglo XIX, contra la cual se distinguió nuestro prócer y médico Ramón Emeterio Betances y que recientemente ha tenido un rebrote en La Española. Todavía más cercanos son los tiempos del cuplé, indefinidos son los de las musarañas e imposible lo que se ubique en la semana de los tres jueves. Como imposible era que de niños nos inmiscuyéramos en conversaciones de adultos porque los niños habrían de hablar cuando las gallinas mearan.

 

En el español amplio y general de igual modo se ubica el tiempo en cuando a los perros los amarraban con longanizas en referencia a épocas y lugares de lujo y abundancia, al Jauja y el Potosí. De esta expresión afirma Buitrago Jiménez que tuvo su realidad en Candelario (Salamanca), famoso por sus embutidos fabricados por Constantino Rico, inmortalizado por Goya en un tapiz. Allí una empleada amarró con una ristra de longaniza a un perro que molestaba y se diseminó la frase pueblerinamente como equivalente a la riqueza y abundancia. 

Una y otra vez he mencionado en este espacio aquellos tiempos de España que mi abuela Mamá Panchita —Francisca Nemesia Hernández Casañas: Isabela (1884) — San Juan (1961)— evocaba con nostalgia de tiempos mejores para ella y para la Patria (aunque también fueron tiempos de inconformidad, de revolución, de oprobio y de protestas, como lo son aún bajo la actualidad colonial estadounidense). Época que me describía con lujo de detalles noche tras noche cuando su voz salía de debajo de su mosquitero para penetrar por los orificios del mío en los significativos años en que compartimos dormitorio en nuestra casa de Floral Park. Esos cuentos conformaban mis cotidianas nanas de niñez y adolescencia…

 

El tiempo es la sustancia de la que estoy hecho. (Jorge Luis Borges)

 

El tiempo es la imagen móvil de la eternidad inmóvil. (Platón)

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