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¿Una ortotipografía del s. XXI?

Algunas de las decisiones que se toman en la presentación de los textos de un medio entran dentro del terreno de la ortotipografía, una disciplina que ha tratado, desde hace siglos, de cuidar el noble arte de imprimir.

Hoy queremos preguntarnos justamente por una de estas pequeñas decisiones que hay que tomar a la hora de escribir: ¿hasta dónde debe llegar la cursiva o la negrita de una palabra o expresión, si este término va acompañado por un signo ortográfico o por un símbolo? ¿debe este signo o símbolo ir en cursiva solo porque la palabra a la que acompaña vaya así?

Para unos, José Martínez de Sousa incluido, la respuesta es clara: el signo debe ir escrito igual que la palabra a la que acompaña. De modo que si escribimos un término en cursiva, y junto a él va una coma, esta también debe escribirse en cursiva. Parece que, sobre todo en el caso de la letra cursiva, puede resultar visualmente extraño que una expresión tenga la ligera inclinación propia de la bastardilla, pero que no la tenga el signo que aparece escrito justo pegado a ella.

Otros, sin embargo, no encuentran justificación para esta práctica: si escribimos una palabra en cursiva por, por ejemplo, ser un anglicismo, el hecho de ser un anglicismo no afecta para nada a los signos que la acompañan.

Debe tenerse en cuenta, además, que detrás de muchas de las convenciones que constituyen la práctica ortotipográfica tradicional también hay decisiones tomadas en función de la comodidad del día a día de un oficio: si en una enumeración de tres términos que tuvieran que ir en cursiva, se escribían las comas intermedias también en este tipo de letra, se tenían que cambiar las cajas menos veces que si se escribía una palabra en cursiva, una coma en redonda, una palabra en cursiva, una coma en redonda, etc.

Así las cosas, no parece descabellado preguntarse qué es lo más cómodo hoy, máxime cuando la edición, gracias a las nuevas tecnologías, ha cambiado tanto. Si hoy hay muchas situaciones en las que escribimos con unos dispositivos móviles cuyo número de teclas hacen que un teclado estándar de PC sea un lujo ¿no es mejor mantener la cursiva o la negrita solo en el término en cuestión, ya que, además, es solo la palabra lo que los procesadores de texto seleccionan automáticamente al hacer clic en ella?

Seguir este criterio mantendría la misma norma que habitualmente se emplea para el hipertexto, marcamos como enlace solo la palabra, y no los signos ortográficos que la acompañan. Esto igualmente podría ser aplicable a otros recursos, como el color o el tamaño o tipo de la fuente, que hoy tenemos fácilmente a nuestro alcance ¿No será esto el principio de una ortotipografía del s. XXI?

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