Hablemos (figuradamente) de fútbol


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Hablemos (figuradamente) de fútbol

De acuerdo con el diccionario académico, figurado es algo ‘que no corresponde al literal de una palabra o expresión, pero está relacionado con él por una asociación de ideas’. Este término se aplica, en resumidas cuentas, cuando se usa una voz con un significado que no es el suyo propio (o, al menos, que no lo era en un principio).

Aunque son muchos los recursos retóricos a los que se recurre con frecuencia en los medios deportivos, mencionaremos solo algunos de ellos; otros, desgraciadamente, tendrán que chupar o calentar banquillo (no literalmente, claro).

Para entenderlo mejor, nada como unos ejemplos; y no hay tema donde proliferen más que que en el deporte rey, en el que los usos figurados son casi un miembro más del equipo. A pesar de que muchos de ellos no son exclusivos del fútbol, sin duda serán muy habituales durante este mundial, así que toma buena nota.

Las metáforas bélicas

Los usos figurados en el fútbol se nutren en gran medida del lenguaje bélico. Es habitual encontrar referencias al combate y la lucha en las crónicas y las retransmisiones deportivas, pues existe un variado arsenal de metáforas y otras figuras retóricas. Así, hablamos de fusilar la portería, de lanzar un cañonazo (o un chumbazo), de atacar, de defender… 

Las jugadas y sus parecidos

Una forma de crear usos figurados es recurrir a la similitud. El movimiento o la postura de una persona tienen un cierto parecido o recuerdan vagamente a otra cosa…, y de ahí surge la magia.

Y hablando de magia, no es de extrañar que nos refiramos a los magos del balón y que, en algunos lugares, se emplee magiar (‘hacer buen juego con la pelota, no dejando que la arrebate el jugador contrario’). Está claro que en un partido no hay varitas ni salen conejos de chisteras, pero la asociación de ideas es clara: la habilidad de algunos deportistas parece contraria a las leyes de la naturaleza.

Pero volvamos a las similitudes. Hay muchas maneras de regatear en un partido, y una de ellas es la bicicleta: el movimiento que hacen las piernas al tratar de despistar al rival se asemeja al que se hace al pedalear. Creada de forma similar, una croqueta es un tipo de regate en el que se pasa el esférico de un pie a otro, como si fuese una de estas deliciosas bolitas en el momento del rebozado. Igualmente, si varios jugadores consiguen encadenar varios pases con habilidad, el balón se mueve entre ellos creando una trenza, y de ahí el verbo trenzar.

Se habla de un túnel o un caño cuando se esquiva a un rival pasándole el balón entre las piernas. Y también se puede levantar, de manera figurada, una pared si un compañero pasa la pelota a otro, quien se la devuelve rápidamente unos metros más adelantada para así sortear al contrario.

Una buena (y vistosa) manera de esquivar al rival es con un sombrero. Lógicamente, no se trata de distraerlo con un gorro llamativo, sino de elevar el esférico por encima de su cabeza. Igualmente, si con un disparo suave y curvo el balón pasa por encima, generalmente, del portero, como si se hubiera escurrido del pie resbaladizo que lo golpea, se habla de vaselina. Y, si se dispara la pelota levantándola suavemente con el pie, puede parecer que la hayan tomado con una cuchara.

Un futbolista salta y, con el cuerpo en posición horizontal y los brazos extendidos hacia abajo, golpea el balón con la cabeza. En esa postura, en la que parece que está volando, alguien vio el parecido con una palomita. Y, siguiendo con saltos, llegamos al piscinazo o piletazo (también tirarse a la piscina); por su similitud con el salto que realizan los nadadores, se refiere a una caída aparatosa y espectacular, aunque falsa, hecha solo para engañar al árbitro.

En este punto, cerramos el apartado echando el cerrojo. Con este sustantivo se suele aludir a una táctica especialmente defensiva, jugando con la idea de cerrar el área para evitar la entrada de los rivales.

El campo y los jugadores

Hay varios jugadores para los que se ha creado un término o expresión con un sentido figurado. Uno de los más conocidos es el cancerbero, que hace referencia al can Cerbero, el perro de tres cabezas que custodiaba la puerta del infierno. Un gran nombre épico para el guardián de la portería, sin duda.

El guardameta protege su propio fragmento del campo: el área. Para hablar de la zona que queda justo delante, se emplea habitualmente la construcción balcón del área, como si fuese una ventana que se abre al territorio del portero.

Para el jugador con una gran capacidad física, es decir, que es capaz de correr mucho tiempo y recorrer largas distancias durante el encuentro, se usa el nombre de uno de los órganos más involucrados en esta tarea: el pulmón. Y no es la única denominación curiosa que pueden recibir los futbolistas según su forma de jugar o su posición en el campo

De modo general, es frecuente (y es una de sus acepciones en el diccionario académico) utilizar vestuario (o vestidor) para aludir a quienes hacen uso de este lugar: los propios miembros del equipo.

Los nombres alternativos de las selecciones

La mayoría de las selecciones que disputarán el campeonato cuentan con una denominación alternativa, así como los propios jugadores de cada una de ellas. Muchos de estos nombres se basan en usos figurados, asociando ideas relacionadas con el país al que representa cada equipo. Hablamos de los faraones para referirnos a los jugadores de Egipto o de los cafeteros para los de Colombia. Y, pensando en el color de la equipación, usamos la Albiceleste (Argentina) o la Roja (España).

Las expresiones formadas por varias palabras

Cuando nos esforzamos al máximo e intentamos dar lo mejor de nosotros mismos, puede ser habitual que acabemos cansados y empapados en sudor. Así, sudar la camiseta se ha asentado para expresar la idea de esforzarse mucho durante un partido (se haya sudado realmente o no).

Tampoco es literal la expresión peinar la pelota (hasta donde sabemos, el balón no tiene pelo), que se usa cuando un futbolista la golpea suavemente con la cabeza. Y ocurre algo similar con un gol de oro, construcción en la que se relaciona el valor de este metal con el que tenía el tanto que se marcaba en la prórroga y hacía que un equipo ganara.

Mucho mejor conseguir ese gol de oro que tener que llegar a la temida ruleta rusa, es decir, la tanda de penaltis. La asociación con el sentido más habitual de esta construcción (‘juego temerario que consiste en disparar alguien contra sí mismo un revólver cargado con una sola bala, ignorando en qué lugar del tambor está alojada’) es bastante clara.

La afición es la protagonista de uno de los últimos usos figurados que mencionaremos: sentir los colores. Cada equipo suele caracterizarse por un color (o una combinación de colores), de ahí que sentirlos sea identificarse con ellos y, por tanto, apoyar a los deportistas que los llevan.

Y así hemos llegado al final de este artículo. Si fuésemos futbolistas, sería la hora de colgar las botas (los chimpunes, los cachos, los tacos, los tenis…). No solo dejarlas suspendidas para que no lleguen al suelo, sino para no volver a usarlas nunca más, es decir, para abandonar el mundo del fútbol y retirarnos (en algunos países, varias de estas expresiones se utilizan también con el sentido de ‘morir’).

Pero nosotros no nos retiramos. Aún nos queda mucho que decir sobre el lenguaje del fútbol y, en concreto, sobre la Copa Mundial de la FIFA 2026. Si te has quedado con ganas de más, echa un vistazo a nuestro especial.

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