Mundial de Fútbol 2026
Cabezazo, pepinazo, piscinazo y otras palabras acabadas en -azo
El sufijo -azo está muy presente en el vocabulario cotidiano del fútbol. Con él se pueden derivar sustantivos a partir de topónimos para aludir a un hecho relevante, y generalmente sorprendente e inesperado, que tuvo lugar en los lugares a los que se refieren tales nombres propios: wandazo (por el antiguo nombre del Wanda Metropolitano, el estadio del Atlético de Madrid, España) o, quizá el ejemplo más famoso de la historia, maracanazo.
Esta vez nos fijamos en otra propiedad de este sufijo, que es la de unirse a sustantivos para designar golpes, proceso muy productivo en el lenguaje futbolero. Veamos algunos ejemplos, de uso general o restringidos a ciertos países, según el Diccionario de americanismos.
El balón se puede golpear fuertemente con la pierna izquierda o con la derecha. En el primer caso estaremos ante un zurdazo (o izquierdazo) y en el segundo ante un derechazo.
Sin abandonar las partes del cuerpo usadas para golpear el balón, además de cabezazo o testarazo para el golpe con la cabeza, en Argentina también se le llama cocazo. Por su parte, en países como España, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile se denomina frentazo al que se da con la frente. Por último, en El Salvador, Costa Rica, Perú, Bolivia, Chile, Argentina y Uruguay, el puntazo es el dado con la punta del pie, que en general también se conoce como punterazo.
En relación con lo anterior, se refieren a golpes con el tacón las voces taconazo y, en Perú, Chile y Uruguay, tacazo.
Estos sustantivos en -azo son especialmente frecuentes en alusión a los disparos que se efectúan con mucha potencia, normalmente dirigidos a la portería rival en busca de un gol: cañonazo, trallazo, chupinazo, pepinazo… Varios proceden de sustantivos referidos a armas (de ahí la relación con la velocidad o contundencia).
Al tiro potente se le conoce en Argentina y Uruguay como zapallazo (y, si es repentino, chumbazo —también en Bolivia—) y como taponazo en Paraguay, Bolivia, Chile, Argentina y Uruguay. En El Salvador, el dirigido a la portería rival se registra como cariotazo —que procede en origen de Cariota Barraza, nombre de un futbolista— mientras que en algunos lugares se usa chutazo, como en México, de acuerdo con el Diccionario de mexicanismos de la Academia Mexicana de la Lengua.
Para esta última idea del tiro potente a portería, en Costa Rica se registran riendazo y manguerazo. También es propio de este lugar el término leñazo, en referencia al remate de estas características.
No se agotan aquí los nombres con una acepción similar, dado que también se documentan voces como fierrazo (en Guatemala, Perú y Chile), balazo (en Honduras, Bolivia, Chile, Argentina y Uruguay), bombazo (en Honduras, Costa Rica y Uruguay) o riflazo (en Honduras, Costa Rica, Ecuador y Bolivia).
Si el tiro lleva curva y efecto de rotación, en El Salvador se usa chaflanazo (de hecho, se utiliza en Honduras la locución de chaflán para el golpe con tal efecto). Para el lanzamiento fuerte y normalmente desviado, en Uruguay se emplea ventazo, derivado esta vez del verbo ventar ‘impulsar la pelota en dirección poco precisa y con gran fuerza’, de acuerdo con el Diccionario del español del Uruguay, de la Academia Nacional de Letras de Uruguay.
El balón que se dirige a la portería contraria es el ollazo en Perú, Bolivia, Argentina, Uruguay y Chile. Si acaba en gol, en Honduras hablarán de un coyolazo.
En términos defensivos, el trancazo (del verbo trancar) es en Uruguay el apoyo brusco de un pie en el suelo para detener al rival. Si se le da un puntapié para derribarlo, estaremos ante un guadañazo en Bolivia, Argentina y Uruguay. Además, si el golpe a las piernas del rival acaba en falta, esta recibirá el nombre metafórico de hachazo en Honduras, El Salvador y España. Por otra parte, para la acción de adelantar la suela de la bota, con riesgo de herir al rival, contamos con el término plantillazo, aunque también se usa a veces planchazo.
Por último, se conoce como piscinazo a la acción en la que el jugador finge haber sido derribado.
Como se ve, la riqueza de los nombres de los golpes y otras realidades afines en el ámbito del fútbol es notable. Por esto, y antes de chutar, es mejor pensar bien la jugada para dar, como hizo Uruguay ante Brasil en la final del Mundial de 1950, un buen maracanazo.