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| Agencia Efe

Un profesor subraya que los jóvenes buscan «los peores “ismos”» en su lenguaje

El profesor de la Universidad de Alicante, Félix Rodríguez, explicó que mientras el lenguaje «oficial» busca «lo elaborado a través de reglas», el de los jóvenes recurre «a extranjerismos, neologismos y a los peores 'ismos' que podamos pensar».

Rodríguez ofreció una conferencia sobre los recursos expresivos del lenguaje de los jóvenes dentro del seminario internacional El español de los jóvenes, organizado por Fundéu BBVA, en la localidad riojana de San Millán de la Cogolla.

En su intervención, el profesor presentó un trabajo de investigación sobre las reglas lingüísticas que utilizan los jóvenes «aunque crean que no lo hacen».

Los temas de los que hablan «están claros», «fundamentalmente son la droga, el sexo y la música», y lo hacen «con recursos léxicos propios».

Para ello, emplean varias reglas que Rodríguez definió como «las cuatro ces»: «cambios de significante, cambios de significado, cambios de código y cambios de registro».

Con todos esos cambios, «los jóvenes llegan a lo contrario que la lengua oficial en la que se busca lo elaborado, mientras que ellos buscan los peores “ismos”que podamos imaginar, neologismos, extranjerismos o provincianismos».

El profesor detalló que para realizar cambios en el significante se usan abreviaturas de dos sílabas de las palabras (bici, progre) pero «ya han llegado los monosilábicos del inglés», como trans o grunge, y también, cuando se usan tres sílabas «se rompe la linealidad», como en el caso de gasofa o manifa.

Existe una «sufijación parasitaria» en la que «se tiende a lo que suena mal» (calceto) y a fenómenos como «la escritura lúdica» (PK2, BB+) o la «ortografía hiper-caracterizada y subversiva» (Amérika, poka, krisis).

Rodríguez aseguró que los jóvenes, para cambiar los significados, recurren a «metáforas de lo opuesto», como llamar Palas (en referencia al hotel de lujo Palace) a la cárcel, o en el caso del «lenguaje lésbico» llamar cruasán a una «chica bollo a la que le han puesto los cuernos».

Otro de los recursos que emplean, dijo, es el «cambio de código» en el que cogen palabras de otro idioma o de otro argot aunque «eso ya se hacía en los años sesenta, con palabras como parné, trena o mogollón, que del lenguaje más marginal pasaron al de los jóvenes de entonces».

«Ahora, recurren al inglés en busca de prestigio para sus palabras pero es lo mismo que ya se hacía», subrayó.

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