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| Plataforma Andaluza de Apoyo al Lobby Europeo de Mujeres
Ideal Digital, Granada (España)
Miércoles, 18 de junio del 2008

«POR LA ERRADICACIÓN DEL LENGUAJE SEXISTA»

Don Víctor García de la Concha, director de la Real Academia Española, en el IV Congreso Internacional de la Lengua Española, que se celebró en Cartagena de Indias (Colombia) en 2007, en un panel en el que se planteó que para cuándo la revisión con perspectiva de género del diccionario de la docta corporación, dijo que había «encargado a un grupo feminista que hiciera proposiciones y las aceptamos casi todas».


Pero agregó que no habían aceptado todas las sugerencias «porque no quisimos hacer militancia feminista». Nótese que no entró a valorar si las aportaciones de las feministas lingüistas eran pertinentes o no, sino simplemente que ya valía. Queda la sensación de que las aportaciones eran lingüísticamente correctas porque de no haberlo sido, hubiese tenido la salida más airosa de que 'habían recogido sólo las aceptables'. Ante tamaña arbitrariedad ningún intelectual o autoridad lingüística hizo ninguna observación, ni los medios de comunicación y blogs se llenaron con artículos, cartas al director, comentarios firmados por nombres sonoros sobre el desatino de don Víctor.

Cuando en 2004, se debatió y aprobó en el Parlamento Español la Ley de Violencia de Género, la RAE se pronunció en contra de usar la expresión 'violencia de género' en una Ley Orgánica, alegando que en español «no existe tradición de uso de la palabra sexo como sinónimo de género». Tampoco hubo comentarios a su informe, ni siquiera se preguntó nadie porqué el DRAE recoge términos como 'overbooking', 'free-lance' o 'cameraman' frente a los castizos 'sobreventa', 'autónomo/a' o 'cámara' y todavía no ha incorporado la acepción de 'género' como una construcción cultural que atribuye a cada sexo características sociales y 'comportamentales', resultado de la socialización y el aprendizaje, y que, al menos desde 1975, se está utilizando en todo el mundo hispano -hay cátedras de Género en muchas universidades y doctorados y posgrados-, con una bibliografía amplísima y que ha calado ya en la comunidad hablante.

Sin embargo, cuando una organización feminista, la Plataforma Andaluza de Apoyo al Lobby Europeo de Mujeres, pone en marcha una campaña «Por la erradicación del lenguaje sexista», y en una rueda de prensa habla de la importancia que tiene el lenguaje como constructor de nuestra identidad y de nuestra visión del mundo y que, lógicamente, si vivimos en una sociedad androcéntrica su lenguaje tiene que serlo o estar contaminado porque es su expresión. Y yendo más allá dice que tampoco es cosa de ayer por la mañana sino que el lenguaje cambia y que el español es una lengua románica que por lo tanto deriva del latín y que algo le tocará… entonces se arma.

Eso es coger el rábano por las hojas. O… o demuestra que esa campaña es mucho más necesaria de lo que cabría imaginar, que hay una resistencia militante sexista a que cambie la sociedad y el lenguaje o el lenguaje con la sociedad. Van juntos.

Que proponen términos como 'jóvena', 'miembra', 'lídera' y otros. ¿Y qué? Son propuestas individuales, usos; demos tiempo al tiempo y veremos si triunfan. Don Miguel de Unamuno habló de 'nivolas', voz que no ha triunfado, Juan Ramón Jiménez se negó a usar la 'g' ante 'e', 'i' y fue premio Nobel; el académico Pérez Reverte escribe 'bluyín', cuando todo el mundo dice 'vaqueros' y un poco más arriba iban unas perlas sancionadas por la RAE.

Menos hipocresía.

De los muchos artículos críticos con respecto a esta Campaña que se pueden rastrear en Internet, ninguno critica la campaña en sí misma sino que se quedan en la anécdota y el chascarrillo. Y de todos ellos el más lacerante es el del referido académico Pérez Reverte, por eso, por ser académico. Cabría esperar de una autoridad lingüística que midiera sus palabras.

Con respecto al contenido no dice nada. Pero insulta, insulta mucho, hace valoraciones sesgadas e incluso confunde porque habla de «palabras de género neutro», cuando debería saber que en castellano sólo hay dos géneros gramaticales el masculino y el femenino; el género neutro no existe, hay formas lexicalizadas neutras como lo blanco, lo imbécil -por usar un término que le debe ser muy familiar a juzgar por la cantidad de veces que lo usa en su artículo-.

Este académico se permite valorar la inteligencia y capacidad de comprensión de la presidenta de la Plataforma Andaluza porque no está de acuerdo con su opinión, porque no ha hecho la lectura de la historia de la lengua como él, y eso para él es ignorancia, no otro punto de vista, aunque incluso lo juzgue disparatado. Cierto que está en su derecho a rebatirlo con argumentos y cortesía. Y cabe la pregunta, si en vez de haber sido una mujer y feminista hubiese sido un varón 'intelectuata' que propusiera suprimir la 'h' inicial de las palabras porque es muda, ¿hubiera respondido así? Es decir ¿habría argumentado, o insultado? ¿No nos encontraremos ante un claro ataque misógino (desprecio a las mujeres), sexista (lo masculino vale más que lo femenino) y androcéntrico (el varón es el patrón único)? Luego la campaña es pertinente.

La campaña de la Plataforma Andaluza se une a otras muchas iniciativas como la de la UNESCO que en 1991 sacó sus Recomendaciones sobre un uso no sexista del lenguaje y que empiezan con el siguiente párrafo:

«El lenguaje no es una creación arbitraria de la mente humana, sino un producto social e histórico que influye en nuestra percepción de la realidad. Al transmitir socialmente al ser humano las experiencias acumuladas de generaciones anteriores, el lenguaje condiciona nuestro pensamiento y determina nuestra visión del mundo». Así que no es una nimiedad el hecho de que en nuestras lenguas románicas el género masculino se presente como el universal no marcado, además del masculino marcado, y de que el femenino sea el particular marcado. Esta simple exposición gramatical nos está dando mucha información sobre la disciplina lingüística y quienes la han fijado. La sociedad se transforma, evoluciona, y esos cambios no sólo deben recogerlos las lenguas, sino que las mismas lenguas deben modificarse para recoger los cambios, cosa que, por cierto, ha sucedido en muchas ocasiones. Hoy no hablamos como en el siglo de Oro, ni siquiera como a principios del siglo XX.

Por último, unas palabras de la antropóloga y feminista mexicana Marcela Lagarde: «Incontables mujeres construimos desde hace por lo menos dos siglos nuestra identidad de género, marca de nuestra condición humana específica. Al dotar a la palabra 'mujer' de una historia hasta ahora misóginamente silenciada e inferiorizada, la hemos resignificado y la hemos hecho imprescindible en todo discurso abarcador. Es evidente que la condición masculina resulta limitadísima y equívoca para representar y simbolizar a las mujeres; además, el uso generalizador y homogeneizador de hombre viene de la pretensión de entronizar a los varones en cuantas identidades someten a su regencia».

Ánimo a la Plataforma Andaluza de Apoyo al Lobby Europeo de Mujeres, y a su campaña 'Por la erradicación del lenguaje sexista'.

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