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| Crespo, (Rebelión)
www.mujeres.cubaweb.cu, Cuba Del 20 al 26 de marzo del 2008

LOS ENTRESIJOS DE UN LENGUAJE MACHISTA

El debate hace mucho tiempo que esta ahí. ¿Es machista el lenguaje? Muchos lingüistas y sociólogos afirman que no es así. Es más, gente vinculada a los movimientos sociales dice que no lo es y que aun siéndolo carece de importancia.


Veamos.


Parémonos un momento y analicemos las palabras y sus significados. Pondré sólo algunos ejemplos (hay muchísimos más) para no aburrir al personal.

El Diccionario de la Real Academia, que intenta recoger los usos y sentidos con que empleamos las palabras, lo deja bien claro.

Palabras idénticas morfológicamente hablando y que sólo difieren en el género tienen significados peyorativos para la mujer y positivos para el hombre.

Así las cosas; una de las acepciones de zorra es aquella prostituta o mujer pública; mientras que zorro es aquel hombre que es taimado y astuto.

Mujercilla es aquella mujer de poca estimación, perdida y de mala vida; sin embargo hombrecillo es solamente el diminutivo de hombre. Fulano es el hombre indeterminado o imaginario y fulana es la mujer ramera o de vida airada. Y así podría seguir con una larga lista.

Es curioso comprobar como palabras idénticas magnifican al hombre y desprecian a la mujer. Es increíble la cantidad de adjetivos y sustantivos descalificativos que existen para atribuir a la mujer su nivel de promiscuidad o práctica del sexo. Mientras que para el hombre apenas existen y, los que hay, son aduladores. ¿Tiene más derecho a practicar el sexo el hombre que la mujer? ¿Es malo que le guste más a la mujer? No. Pero si nos fijamos, el lenguaje no lo plasma así.

Si buscamos oficios encontraremos que el diccionario no recoge muchos empleos en femenino, tales como: soldador, bombero, picapedrero, chofer, herrero, fresador, albañil, hojalatero, cantero, fogonero etc… No obstante trabajos como azafata y criada sólo vienen en femenino. Saquen ustedes conclusiones por sí mismas.

Sigamos.

Echemos un vistazo al refranero español. Los refranes se nos presentan como verdades absolutas, dichos populares que carecen de cuestionamiento. Pues bien, en él, nos podemos encontrar, entre otras, las siguientes «joyas»:

«Palabra de mujer no vale un alfiler»

«Gallinas y mujeres entre cuatro paredes» (este además de machista es especista)

«La mujer y la mentira nacieron el mismo día»

«Dos hijas y una madre, la perdición de un padre»

Además de todo esto, las canciones tradicionales y modernas están plagadas de rasgos sexistas. Los chistes, los insultos, los cuentos, los medios de comunicación y los anuncios son, casi siempre, demostraciones de una prepotencia machista evidente.

Sin darnos casi cuenta lo que es cojonudo es algo fabuloso y muy divertido y lo que es un coñazo es un aburrimiento total. Pero… ¿Qué sexo está asociado a cada palabra?

El lenguaje por sí solo no es nada. El lenguaje expresa lo que pensamos y sentimos. No es más que las manifestaciones de las personas. Por lo que el lenguaje por sí solo no es machista, lo son las personas, la sociedad y el sistema. Mucha gente piensa que esto son cosas sin importancia o meras casualidades, que lo único realmente machista son los malos tratos; cuando, en realidad, todo son ramas del mismo tronco opresor: el patriarcado. El patriarcado no es otra cosa que un mundo dónde todo se hace en torno al hombre, dónde la mujer el papel mas digno que puede realizar es el de ser su sumisa acompañante. Las democracias se llenan la boca con la igualdad de género pero cada día está más claro que es una auténtica farsa, como la democracia entera, vaya. La incorporación de la mujer al trabajo es un resquicio que el capitalismo deja escapar pues le supone una mano de obra mas barata, acallar esa demanda social y, además, le da muy buena prensa.

La palabra es muy importante, trasmite nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y emociones. Es la expresión de los estados de ánimo, es el entendimiento y la base de nuestras relaciones. Por lo que es nuestra obligación cuidarla, y no deteriorarla como estamos haciendo.

Los oftalmólogos definen la agnosis como una ceguera psíquica que impide reconocer lo que se ve. Muchas personas de «izquierdas» están «agnósticas» y no quieren reconocer la evidencia.

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