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| Ángel Cervera RodríguezEl imparcial.com (España)Sábado, 26 de febrero del 2011

LA NUEVA ORTOGRAFÍA, DISCIPLINA LINGÜÍSTICA DE LA ESCRITURA PANHISPÁNICA

Se ha publicado recientemente la nueva Ortografía de la lengua española en versión actualizada. Tras varios años de trabajo de la Comisión Interacadémica, junto con las comisiones académicas de Ortografía con representantes de todas las academias, y bajo la estimable coordinación del profesor Salvador Gutiérrez Ordóñez, el 28 de noviembre de 2010 las Academias aprobaron el texto definitivo, en México, previa aprobación de la Comisión Interacadémica, en reunión celebrada en San Millán de la Cogolla un mes antes.

De esta manera la RAE consigue, con el concurso de las Academias asociadas, un código ampliamente consensuado. Se cumple así la afirmación del filólogo Ángel Rosenblat de que «el triunfo de la ortografía académica es el triunfo del espíritu de la unidad hispánica». Pero, normalmente los cambios siempre suscitan polémica de tal manera que no ha sido extraño que hayan surgido voces críticas por las modificaciones introducidas en esta nueva edición de la Ortografía.

Baste recordar la intervención del escritor Gabriel García Márquez en el I Congreso Internacional de Lengua Española celebrado en Zacatecas (México), 1997, al manifestar que había que hacer cambios radicales en la ortografía e incluso habría que jubilarla; y, en esta ocasión, algunos escritores, periodistas e incluso académicos han criticado cambios como la supresión de la tilde en «guion», a pesar de que la Academia ha sido coherente al aplicar la regla de que los monosílabos no llevan nunca tilde.

La palabra ortografía («recta escritura») está constituida por un conjunto de normas que regulan la correcta escritura de una lengua. La función esencial de la ortografía es garantizar y facilitar la comunicación escrita entre los usuarios de una lengua mediante el establecimiento de un código común para su representación gráfica. Teniendo en cuenta que la escritura es una técnica que permite reproducir gráficamente el componente fónico del lenguaje, esta edición de Ortografía nos da a conocer la composición del alfabeto o abecedario español, de origen latino, junto con los dígrafos «ll, rr, ch».

Una de las peculiaridades de este estudio se basa en el nombre de las letras: la b se llama «be, be larga, grande o alta»: la v puede llamarse «uve, ve, ve corta, chica, pequeña o baja», la w se denomina «ve doble, doble ve, doble u y doble uve»; la y se llama «y griega o ye»; la i se nombra «i e i latina». Además de esta variedad nominativa, señala otras peculiaridades como la admisión de la doble forma hierba o yerba.

En cuanto al acento prosódico y su representación gráfica, nos da a conocer las variantes producidas en España y América al pronunciar diptongo o hiato en palabras como huido, triunfo o piano. Según esta consideración, entiende que son monosílabos palabras como vio, dio, fue, guion, truhan o hui, por lo que deben escribirse obligatoriamente sin tilde (pág. 235). También deja claro que no deben llevar la tilde diacrítica el adverbio solo ni los pronombres demostrativos según las reglas generales de acentuación, incluso en los casos de doble interpretación. Suprime asimismo la tilde en la conjunción disyuntiva «o» entre cifras como en 2 o 3 días por ser monosílabo átono y por usarse en computadoras u ordenadores.

Esta edición trata también de clarificar el funcionamiento de los signos ortográficos, que los divide en diacríticos —la tilde y la diéresis—; en signos de puntuación, que sirven para delimitar las unidades del discurso y poder comprender e interpretar los textos; y en signos auxiliares, que cumplen funciones variadas y constituyen un inventario abierto.

Entre estos últimos, incluye el guion normal y el bajo, para unir compuestos que mantienen alguna independencia prosódica, como físico-químico, y para combinar cifras y letras como omega-3; la barra simple /, para expresar división o disyunción: amigo/a; doble //, para cambio de estrofa o de párrafo y en informática para separar los subdominios jerárquicos: http://www.; inversa en informática C:; vertical o pleca | para separar elementos en contextos técnicos; y doble vertical o pleca doble ||, para indicar pausas mayores o puntos en fonología; la antilambda o diple (<>) como signo simple se usa en matemáticas y lingüística histórica y como signo doble, para encerrar parentéticamente fragmentos de palabras; las llaves {}, para cuadros sinópticos; el apóstrofo (’), para indicar la supresión de algún sonido; el asterisco (*), para hacer llamadas de atención, para señalar campos obligatorios en formularios electrónicos o para indicar que una expresión es agramatical, entre otras funciones; el calderón (¶), para señalar la información adicional en aplicaciones informáticas; y, por último, el signo (§), para señalar párrafos.

La Ortografía explica de manera exhaustiva el uso de minúsculas y mayúsculas mediante una amplia casuística. Por un lado, mantiene los criterios de anteriores ediciones respecto de la acentuación gráfica y, por otro, explica las funciones y usos de la mayúscula, esencialmente para delimitar determinados fragmentos del discurso y la identificación de los nombres. Pretende, ante todo, diferenciar los nombres que tienen un significado común o forman parte de unidades pluriverbales, que van en minúscula, y los que identifican nombres de persona o de lugar, que se escriben con mayúscula.

Ahora bien, el nombre común puede utilizarse como propio por medio de la figura “antonomasia” y al revés, como el Libertador (por Simón Bolívar) o el Estrecho (por el estrecho de Gibraltar). Se recurre a la mayúscula cuando uno de los elementos de la denominación completa la totalidad de la expresión (la Academia por Real Academia Española) y cuando diversos referentes comparten un mismo nombre propio, como He visitado las dos Córdobas: la española y la argentina. También en expresiones denominativas, en que se combinan nombres comunes y propios, con estructura fija y carácter identificativo, como Amnistía Internacional o Sierra Morena.

Cuando el nombre propio o la expresión denominativa son pluriverbales, la mayúscula cumple la función de delimitar la extensión, como en río Tajo u océano Pacífico. En las denominaciones de establecimientos comerciales o de espacios culturales o recreativos, a veces son correctas las dos formas, según el nombre con que se hayan registrado, como Café Gijón o el café Gijón, Hotel Ritz o el hotel Ritz; aunque la Ortografía recomienda emplear con preferencia la minúscula (pág. 462).

Por la misma razón, los sustantivos genéricos que suelen preceder al término específico geográfico, como océano, monte, golfo, etc., actúan como clasificadores, por lo que deben escribirse con minúscula: cordillera Cantábrica, estrecho de Magallanes, etc. Por lo demás, los nombres propios se caracterizan por no llevar artículo, excepto cuando se integran como parte fija e indisoluble del nombre, como El Salvador o Las Palmas; pero, si no es integrante de la denominación, va en minúscula: el Amazonas, la Patagonia, los Pirineos, como sucede con los sustantivos genéricos.

Las fórmulas de tratamiento mediante los llamados «antenombres» se escriben con minúscula, como señor, don, doña o doctor, pero se escriben con mayúscula en abreviatura. Asimismo los títulos, profesiones y cargos se escriben con minúscula (general Martínez Campos, duque de Medinaceli) al igual que los días de la semana, los meses del año y los nombres comunes en general seguidos de término específico, como tigre de Bengala, canal de la Mancha, teorema de Pitágoras, etc.

Establece una diferencia entre las denominaciones de valor singular, ya sea antropónimo o topónimo, bien de carácter religioso, mítico o ficticio, que se escriben con mayúscula (Mafalda, Aureliano Buendía, Polifemo…); las pluriverbales, como jefe del Estado Mayor, Picos de Europa o Instituto Cervantes; y las entidades institucionales o colectivas cuando se usan con carácter institucional, como la Unión Europea, las Cortes, la Universidad, el Consejo General del Poder Judicial, Atlético de Madrid o Gran Premio de Jerez.

También diferencia las disciplinas científicas y ramas de conocimiento con minúscula y las asignaturas y cursos con mayúscula, como Matemáticas. Las mayúsculas se emplean a su vez para formar siglas y abreviaciones, como FMI. La combinación de mayúsculas y minúsculas en siglas y acrónimos es cada vez más frecuente, como ACerv (Anales Cervantinos). Hay, no obstante, determinadas mayúsculas que no se justifican por ninguna función lingüística, sino que responden a razones de tipo social por la relevancia del referente: Papa o Presidente; o bien por razones de tipo subjetivo o por el deseo de resaltar algún concepto con un sentido sublime, como Humanidad, Naturaleza o Historia.

En la publicidad y el diseño gráfico se utilizan las mayúsculas, las minúsculas o ambas como recursos expresivos e impactantes, como en MásVital. En los escritos de las tecnologías —correos electrónicos, foros, chats, blogs…— las mayúsculas y minúsculas presentan peculiaridades, como muestra de una ortografía relajada, admisible en textos como los chats o los mensajes de móviles para los intercambios rápidos de comunicación; pero no en los correos electrónicos, que requieren un uso más correcto de la lengua.

En cuanto a la integración de las palabras en unidades léxicas pluriverbales, señala la Ortografía que con frecuencia presentan ambivalencia en la escritura, como campo santo > camposanto, cara dura > caradura. Hay expresiones complejas que se escriben en una sola palabra, como bajo relieve > bajorrelieve, aunque en plural es bajos relieves, y otras que llevan intercaladas un guion, debido a que están en un proceso de transición, como teórico-práctico, escuela-taller. Muchas unidades léxicas pluriverbales mantienen la independencia gráfica de sus componentes en mesa redonda, arco iris, tela de juicio, ojo de halcón, etc., o están a caballo entre la transición y la consolidación, como hoja de lata > hojalata, tela de araña > telaraña, etc.

Este proceso de unificación gráfica también se da en locuciones conjuntivas o adverbiales, como aparte de, abajo, debajo, deprisa, enseguida o asimismo. La tradición ha mantenido la independencia gráfica de los componentes de los nombres compuestos, aunque matiza esta versión de Ortografía que no cabe censurar. En los topónimos también hay un alto grado de fijación de las grafías pluriverbales, como Montenegro o Casablanca, aunque las hay separadas, como Buenos Aires.

Los prefijos constituyen unidades morfológicas y prosódicas y, por ello, se escriben integradas. Así, el prefijo «ex» (expresidente, exjugador). Excepcionalmente se admite el guion intermedio para marcar en una palabra la frontera entre el prefijo y su base cuando sea preciso para la correcta comprensión del derivado: re-presentar, pre-texto o re-lectura. Este recurso solo hay que emplearlo cuando se quiere precisar; cuando la palabra base empieza por mayúscula, como en anti-ALCA; y para separar la secuencia de letras de la de cifras, como sub-21 o super-8. Por lo demás, se escribe separado el prefijo cuando va delante de una expresión pluriverbal, como ex alto cargo, pro derechos humanos o vice primer ministro. En la coordinación de prefijos, pueden desgajarse de la base con guion pospuesto, como pre- y posnatal.

Al explicar la escritura de expresiones problemáticas, admite —a diferencia de ediciones anteriores— que es correcto el uso de «a dónde» (separado y con tilde) en interrogaciones y señala también que, cuando concurren dos combinaciones gráficas de la contracción «del», prefiere que se amalgamen las dos formas, como en La sentencia del del bar resulta inapelable. En las abreviaturas que llevan letras voladas, el punto se escribe delante: St.ª, 3.ª, salvo cuando se sustituye por una barra: c/, d/f. Las siglas, en cambio, se escriben sin puntos ni blancos de separación.

Las expresiones procedentes de otras lenguas se señalan en cursiva, al igual que palabras extranjeras con grafías «sh», como flash o show. Asimismo se repone la vocal en palabras que empiezan con «s-» líquida, como espagueti o estándar y se simplifican las palabras con consonantes dobles (addenda > adenda, puzzle > puzle). Aun así, los extranjerismos adaptados se escriben con los rasgos formales de nuestra lengua, como estampado en beis; o las terminaciones del inglés en «-ing» > «-in», como puding > pudin, smoking> esmoquin, y las francesas en «-age» > «-aje»: bricolaje, garaje.

De igual modo los latinismos crudos y expresiones pluriverbales fijas son formas cultas que se escriben en cursiva o entre comillas, como ad calendas, ad hoc, aunque muchos se han adaptado al español, como etcétera, verbigracia, déficit o sine díe, por lo que se pone la tilde si la precisan. Entre las grafías ajenas al latín estarían: w (watio), k (kilo), qu > c (las formas Quarz o quórum deben escribirse cuarzo y cuórum).

Para las voces procedentes de lenguas que no utilizan el alfabeto latino en la escritura se recurre al procedimiento de transliteración, que consiste en la mera conmutación de los caracteres no latinos por letras de nuestro alfabeto partiendo de una equivalencia ideal entre ambos sistemas gráficos, y el de la transcripción, que trata de representar la pronunciación original teniendo en cuenta el sistema de correspondencias entre grafemas y fonemas de la lengua de destino. Se ha de escribir Al-Yazira (no Al-Jazeera) o Trotski (no Trotsky). Y, por último, al explicar la separación de los números, admite la doble posibilidad de poner punto o coma como marcadores decimales.

Esta nueva edición de la Ortografía responde a un estudio exhaustivo, razonado y coherente con los usos de los hispanohablantes, las reglas gramaticales y la historia de la lengua. Para Gutiérrez Ordóñez se trata de una edición amplia, razonada, explícita y sumamente clara. La ortografía es el único código común a todos los países hispanohablantes, por lo que constituye la mayor garantía de la unidad del idioma.

Ortografía de 1999. Aunque haya ambivalencias y algunas fluctuaciones o carezca de alguna orientación sobre la utilización de las variantes tipográficas incluidas en los procesadores de textos, hay que decir que es un estudio serio, pormenorizado y fundamentado.

La ortografía resulta ser un bien no solo lingüístico-comunicativo, sino también social, cultural, económico y educativo de primer orden. Puede afirmarse, sin ningún género de dudas, que esta versión ortográfica no solo es una referencia obligada sino guía y disciplina de la escritura panhispánica.

 

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