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| Ana Vallecillo
europasur.es, España
Lunes, 8 de marzo del 2010

FEMINISMO NO ES LO MISMO QUE MACHISMO

Feminismo: Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres. Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres. Machismo: Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres.


Según estas definiciones del Diccionario de la Lengua Española, queda claro que el feminismo no es lo mismo que el machismo aunque a lo largo de la historia se haya tergiversado el primer término por la cultura patriarcal para confundir a la ciudadanía. No obstante es curioso que en nuestro rico vocabulario exista aún una palabra más denigrante para la discriminación de la mujer. Se trata de la misoginia, que según la misma fuente significa 'aversión u odio a las mujeres'.

No puedo evitar pensar a qué se debe que no haya ni una palabra que signifique lo contario al machismo y a la misoginia y la respuesta que obtengo, a través de los libros de historia, es siempre la misma. No existe esa palabra porque nunca ha existido el odio hacia el hombre por parte de la mujer, quizá porque nuestra voz ha sido silenciada o porque debido a que siempre se nos ha relegado el papel de madres, esposas, hijas y cuidadoras no se concebía ese sentimiento maligno en la sociedad del patriarcado.

Si echamos la vista atrás en la Historia del Feminismo se puede apreciar como la primera mujer que se rebela en contra de los hombres es Lisístrata, quien comenzó una huelga sexual para que se pusiera fin a la guerra. Por lo tanto desde la Antigua Grecia, y seguramente antes, las mujeres protestaban contra las decisiones injustas de los hombres pero siempre por una cosa u otra sus voces y voluntades eran silenciadas y no tenidas en cuenta.

A partir de aquí, el feminismo como pensamiento y reivindicación de derechos ha tenido varias etapas, teniendo su auge en la Revolución Francesa. Así existe el feminismo premoderno, el ilustrado, el decimonónico, el sufragista, el socialista, el anarquista, el liberal, el radical, el de la diferencia, el cultural y las últimas tendencias de este movimiento, abogando estas últimas por una transformación de la sociedad desde el trabajo conjunto, la conciliación y el respeto mutuo entre hombres y mujeres.

Todas estas etapas tienen varios ejes en común como por ejemplo el de ir rompiendo estereotipos o el de ir normalizando los derechos de las mujeres. Pero al mismo tiempo se vivía en una continua paradoja, ya que, tras periodos ficticios de tranquilidad, era muy fácil retroceder y perder ciertos derechos ya conseguidos, que se debían volver a conquistar y consolidar.

En la actualidad se da el machismo sutil, el cual algunos hombres también lo padecen, pero quienes más padecen estos micromachismos son las jóvenes, que piensan que la igualdad real está conseguida porque han crecido con una libertad de la que no gozaron sus madres y sólo cuando alcanzan la madurez se dan cuenta de que queda mucho por hacer.

Esto me hace volver a pensar en lo fácil que es no respetar a las mujeres y que es nuestro deber de no dejarnos ningunear. Las mujeres no queremos ser hombres sólo queremos, por una cuestión de justicia, tener los mismos derechos sociales, ser escuchadas y tener voz y voto.

Con esto quiero expresar que lo realmente difícil es ir cambiando las mentalidades tanto de hombres como de mujeres y aceptar de manera natural que las cosas se están transformando y que cada persona tiene su sitio tanto en la esfera pública como en la privada. Pero mientras la igualdad no sea real, y los datos así lo demuestra, todos tenemos la obligación de entendernos para construir y conciliar. De manera que cuando llegue el momento en el que los derechos entre hombres y mujeres sean iguales y reales y se acepten de forma natural no serán necesarias las tan debatidas políticas de igualdad ni conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Espero poder verlo.

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