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| Nicolás Guerra Aguiar laprovincia.es, España Viernes, 29 de octubre del 2011

«Bochinches», «buachinches», «guachinches»

Hay en Gran Canaria algunos establecimientos que no usan en sus carteles la voz restaurante, por más que funcionan como tales (restorant, restaurán, pronuncian los cursis; los más poliglotados, ristorán).

Así, y como pretenden aparentar algo «muy canario», en las cartas figuran bistelillos rusos, pulpo a la gallega, merluza a la vasca, cherne a la portuguesa, huevos a la flamenca… Los empresarios apocopan la última sílaba de la palabra casa y, después, le añaden un nombre de persona («Ca’ Chanín»). Por tanto, representan con el apóstrofo (‘) la eliminación de la sílaba —dicen que según «la lengua canaria» (¡tremendo disparate!)—, por más que se trata de un signo que no tiene vigencia en el español actual, sólo en apellidos (O’ Shanahan).

En Tenerife reservan para determinadas casas de comidas las voces buachinche / guachinche, hoy en toldos y servilletas. A diferencia de los Ca’ (grancanarios), su carta es reducida, aunque especializada (jugosas garbanzas con bacalao; escaldón -escardón-, pescado y tiernísimo pulpo, ni sancochados, ni cocidos: guisados; papas o bubangos rellenos; sabrosísima costilla, sublime conejo salmorejo?). En todos, por supuesto, vino de la tierra y un buen plato de papas bonitas del Norte (irregulares en la forma, de ojos profundos), cuya cáscara arrugada recuerda a la lava del Teide, y de carnosa pulpa amarilla.

El Diccionario básico de canarismos (Academia Canaria de la Lengua) recoge la palabra guachinche (no así buachinche), y la remite a bochinche (‘sitio o tienda de carácter popular donde se sirven comidas típicas y vino del país’). Y el Diccionario ejemplificado de canarismos (DEC) la ubica en La Palma y Tenerife (‘taberna de aspecto pobre’). Como acepción, guachinche de chochos y moscas, locución que, por expresiva, no necesita comentarios.

El término actual bochinche hace suponer estancias de muy pocas composturas sociales, aclamadas por gentes de fáciles alteraciones nerviosas, calentonas, rabisconas incluso (tal vez por vinos azufrados, ron químico). Así, esa maravilla que es el Diccionario de uso del español (María Moliner), lo define como ‘escena en que la gente se excita y grita o riñe’.

El DRAE sostiene que procede de bochincho, ‘sorbo’, y este de buche, y le da la acepción de ‘tumulto, barullo, asonada, alboroto’, recogido también en el DEC como de empleo en Canarias, y definido por este como ‘fiesta, juerga’ (se conoce en Cuba, México, Venezuela).

Remite, además, a buchinche (‘tienda o taberna de aspecto pobre’), palabra que se localiza, también, en Cuba y, a su vez, nos envía a bochinche (Fuerteventura, Gran Canaria, la Palma, Tenerife, México), con el mismo significado.

Por tanto, parece que la voz inicial debió de haber sido buche, de la cual surgió buchinche, evolucionada después a bochincho y, finalmente, a bochinche, y que los siguientes cambios lingüísticos aparejaron otro de calidad: de ‘taberna pobre’ (buchinche, bochinche) pasó a lugar de platos sencillos, pero muy sabrosos (en los actuales tinerfeños buachinche, guachinche). Y aunque bien es cierto que estos mantienen buenos precios, a nadie se le escapa que las facturas evolucionan y se adaptan con celeridad a los cambios impuestos en el sistema capitalista, toda vez que hoy resulta difícil encontrar uno en el que se almuerce por menos de doce euros.

En buchinche, pues, la –u– cambia a –o-. En otros pasos, a lo largo del tiempo, los hablantes realizaron las siguientes evoluciones, de manera natural. Pero en Tenerife y La Palma, la transformación fue a más: en otros estadios, quizás, la –o– de bochinche se transforma en el diptongo –ua– (buachinche), y la b– cambia a g– (el actual guachinche).

Los de hoy, en fin, son relajados y relajantes, con sonoros timplillos, y conservan, además, los sabores de muy buenos calderos, lo cual confirma que la posible evolución lingüística llevó aparejada la notable mejora en la calidad. La lengua al servicio de los hablantes, sus dueños… y de los paladares. Y se añoran en Gran Canaria.

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