Noticias del español

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| María Ana Said, Clarín (Argentina)

Un diccionario de los argentinos que refleja el habla del país

Recopila las palabras y expresiones que nos identifican y definen un lenguaje propio.

Un argentino está leyendo Indignación, la última novela de Philip Roth. No se ha fijado todavía dónde se la tradujo, pero ya en las primeras páginas sabe que aquí no fue. Lee, por ejemplo: «Qué piel tan delicada para semejante chicarrón», y se detiene en esta última palabra. Si el contexto no le alcanza para encontrar un equivalente, la busca en un diccionario general, donde encuentra que significa, ‘dicho de un niño o de un adolescente, muy crecido y desarrollado’. «Ah, claro, un chicarrón es un grandulón», dice. Y sigue. Las otras (qué, piel, tan, delicado, para, semejante) no «saltan» porque las emplea habitualmente. Esa suma sutil de las palabras conocidas y las que la mente trae para reemplazar a las que le resultan extrañas, a las no habituales, constituye el habla general de un país. La forma en que las combinamos también marca diferencias. En Madrid, se afirma que algo hace ilusión. Nosotros usamos hacer e ilusión, pero nunca las combinamos así.

¿Qué tipo de diccionarios se ocupan de estos aspectos?

Hasta ahora no muchos. En la última década del siglo pasado, Luis Fernando Lara publicó una obra original, el Diccionario del español usual en México. Alguien no especializado podría preguntar si a fines del siglo XX no había ya varios diccionarios de mexicanismos. La relectura del título sirve para orientar: se trata del español usual en un determinado país. La obra de Lara inauguró un género en nuestra lengua: el de los repertorios integrales, que se proponen recortar del español general —no contractivamente— la porción completa que corresponde a un país. Eso que los hablantes toman de esa suma llamada «español», que no se materializa completa en ninguna parte, pero que las representa a todas, ya que sirve para que nos comuniquemos. Por eso no se trata de un diccionario regional de mexicanismos.

Un objetivo similar se propuso el equipo de expertos de Voz Activa, de Tinta Fresca Editores, que a fines del 2008 puso sello al Diccionario integral del español de la Argentina. Con un equipo de lexicógrafos, Beatriz Tornadu, directora editorial, y Federico Plager, coordinador, imaginaron un diccionario que surgiera de la lengua viva de los últimos treinta años, basado en un corpus amplísimo, en el que figuran textos de la lengua escrita y de la oralidad. Un diccionario difícil de construir pero fácil de leer, amable con sus posibles usuarios porque las indicaciones u observaciones se explicitan; se incluyen las preposicionales que deben seguir a cada verbo según su acepción; se incorporan sinónimos, antónimos y geosinónimos, esto es, palabras con un significado equivalente que se usan en regiones diferentes de habla hispana, como durazno y melocotón. Por esto ultimo, uno se imagina que los traductores van a ser quienes más ventaja le saquen a esta obra basada en documentos reales, con 90.000 ejemplos de uso, 2.000 notas sobre dudas de empleo y unas 80 tablas con modelos de conjugación verbal.Con otro enfoque y basamento ideológico, el Diccionario integral era necesario para complementar los valiosísimos diccionarios regionales o particulares de argentinismos. Todo suma.

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