Noticias del español

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| Luisa Etxenike
ELPAIS.com (País Vasco, España)
Domingo, 19 de agosto del 2007

TORCIDOS LINGÜÍSTICOS

«La primera aguja del olvido en el recuerdo», escribe Julio Cortázar en Rayuela. Y mientras paseo por el parque de Cristina Enea pienso en esa frase al ver, en pleno mes de agosto, cómo los castaños están dorando ya el color de sus hojas. La primera aguja del otoño en el verano, signo que voy a interpretar como una invitación a elegir para esta columna, aún veraniega, un tema de rentrée.


Otro escritor argentino, Macedonio Fernández, cuenta estupendamente en su Autobiografía de encargo. Pose nº 2 que una vez cuando iba caminando con un amigo tropezó, mientras le hablaba, «tan violentamente hacia delante que alcancé las palabras que acababa de pronunciar: me oí a mí mismo y tuve oportunidad de corregir un cierto gran disparate comenzado en ellas». No me hubiera importado haber tropezado alguna que otra vez mientras hablaba y haberme caído hacia delante a tiempo de recoger las frases recién pronunciadas y de interrumpirlas o remediarlas. Me hubiera evitado y evitado al prójimo más de un disparate (no precisamente macedoniano, que los suyos son todos de recibo) y/o disgusto. Y, por decirlo todo, tampoco me importaría que más de un hablador (iba a poner «orador», pero he trastabillado a tiempo), que más de un hablador público tropezara hacia delante, alcanzara sus palabras y tuviera así la oportunidad de enderezarlas e incluso de ahorrárnoslas del todo. Y es que se oyen, pronunciados en alto, bastantes disparates. Hoy quiero referirme a unos en concreto que, por el medio que los transmite, alcanzan gran visibilidad y difusión.

Voy a acudir de nuevo a los informativos de Euskal Telebista porque entiendo que los informativos de una cadena pública deberían no sólo poner el máximo cuidado en recoger la expresión más completa y plural de la sociedad a la que pertenecen, en este caso la sociedad vasca, sino que deberían cuidar al máximo su expresión, su propia manera de expresarse. Abundan los ejemplos que demuestran que ETB cojea y bastante del primer pie; que, lejos de cuidar la expresividad plural de la sociedad vasca, tiene tendencia a cocinar con parcialidad o partidismo las noticias antes de presentárselas al respetable. Pero hoy quiero concentrarme en el segundo aspecto, en la «descuidada» expresión de los teleberris, en los disparates lingüísticos que desde allí se difunden, y que incluyen antológicas muestras de sintaxis retorcida y/o defectuosa, palabras mal utilizadas o pronunciadas e incluso faltas de ortografía en los títulos. En los últimos tiempos he oído, por ejemplo, «petril» por «pretil», o «el hombre era conocido por los malos tratos que infringía a su familia». Y he leído «debastador incendio» escrito en un rótulo de pantalla. O este otro titular que tampoco tiene desperdicio: la noticia de que muchos jóvenes vascos tienen que dedicar gran parte de su salario a pagar una hipoteca nos la presentó un reciente teleberri con la palabra «axfisiados». Subrayo la falta de ortografía, aunque también me parece cuestionable la elección por parte de unos informativos públicos de un registro de lenguaje tan coloquial, sobre todo cuando se aplica a asuntos tan serios. En fin que ETB descuida, vapulea o «infringe» el idioma casi un día sí y otro también.

El Gobierno vasco ha ido creando con los años numerosas instancias de observación. En Euskadi tenemos así observatorios de economía, seguridad social, administración de justicia, drogodependencias, inmigración, juventud o cultura. A juzgar por cómo van muchos de esos asuntos una desearía que esos servicios no se dedicaran sólo a la observación, sino también al remedio. Tenemos incluso un servicio, Elebide, creado por el Gobierno vasco precisamente «para velar por los derechos lingüísticos de los ciudadanos». Y con él quiero terminar esta columna dedicada a los disparates, porque parece uno, y de talla, que en un país donde existe un servicio como Elebide, la televisión pública se exprese tan mal, descuide de ese modo una de nuestras lenguas, la maltrate al punto de dejar nuestros derechos lingüísticos completamente torcidos.

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