Noticias del español

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| Ana Gómez, licenciada en Filología Hispánica y profesora de Español
El Diario Montañés, España
Martes, 3 de febrero del 2009

SOBRE LA DEGRADACIÓN DEL LENGUAJE

En nuestra sociedad se alaba a los más insignes escritores, se los premia y homenajea. Se condecora y agasaja a los académicos, a quienes se dice admirar. En buena lógica, se esperaría que se los tomara como ejemplo. Al contrario. En este sacrosanto país cada cual sigue hablando y escribiendo torpemente y con abundantes zancadillas a las gramáticas, los diccionarios y los libros de estilo; sin visos de consultarlos jamás.


Más bien se muestra pertinaz autosuficiencia y escasa humildad.

Los ciudadanos escuchan explosiones como si se pasaran el día y la noche con el oído atento para ver quién ocupa el lugar del primer testigo y lo entrevistan antes en televisión. A las cuatro de la madrugada, si no se duerme —o al menos se intenta— se escucha la radio, se oyen los ruidos urbanos o rurales y, a veces, como en Gaza, también explosiones.

Por desgracia, oímos demasiados tubos de escape; en cambio, los mecánicos se ganan la vida escuchando el ruido de los motores. No resulta creíble que desde allí se escucharán bien los discursos. No se pueden anticipar voluntades anónimas y generalizadas. Escuchar no es facultativo sino voluntario. Lo único previsible es la acústica de un espacio, pero no la actitud del oyente, de la que no sabremos nada hasta que él mismo nos informe. De igual modo, ¿Me escucha ud. bien? presupone que la atención del interlocutor al otro lado del teléfono puede no ser la adecuada o deseada, lo que es una incorrección. La respuesta podría ser lo escucho con todo interés, pero no lo oigo bien por las interferencias.

En no pocas sesiones parlamentarias y ruedas de prensa se pide que el presidente del Gobierno cese a algún ministro, cuando debería solicitarse o exigirse simplemente su cese o su destitución; porque, al igual que dimitir, no lleva complemento directo. Un individuo cesa en su puesto o cargo porque dimite, se jubila o lo destituyen. También es frecuente que se baraje la posibilidad de..; ¡pero si todos los jugadores de mus saben que no se puede barajar una sola carta! Y se debate sobre el juicio a los presuntos culpables de algún delito, olvidando que en un Estado de derecho, por fortuna, se ampara la presunción de inocencia no la de culpabilidad. ¿O es que vamos por ahí asumiendo que todos nuestros conciudadanos son criminales? ¿Ya no es verdad que todo el mundo es inocente hasta que se demuestra lo contrario? ¿Por qué no decir supuestos culpables hasta que el juicio se celebre? Tampoco se cansan de lanzar acusaciones o reproches del tipo: desde que ud. detenta el cargo, señoría, está insultando permanentemente.

Por un lado, lo que demuestra la ignorancia del interpelado es su impasibilidad ante tan grave acusación: haber accedido al cargo de manera ilegítima. Por otro, sería digno de lástima; pues semejante tarea permanente lo llevaría sin remedio a padecer la misma afonía que el Mr Smith (James Stewart) de Capra en el Capitolio de Washington. En el insulto se puede ser constante, eso sí; y en los cuarteles hay guardia permanente, aunque los soldados se releven para evitar desfallecimientos por inanición, agotamiento o deshidratación.

Hoy en día las situaciones, los hechos, los errores… son puntuales, cuando mejor sería que fueran concretos. Y preferimos enfrentar las dificultades a afrontarlas, y enfrentar las consecuencias a arrostrarlas. Los púgiles se enfrentan entre sí y el Liverpool se enfrenta al Manchester. Después, los perdedores deben afrontar (o arrostrar) las consecuencias de no haber sabido o podido vencer al rival. Ahora casi todo se exhibe y casi nada se expone. Pero las modelos exhiben los vestidos o, más bien, se exhiben a sí mismas; y Rudy Fernández exhibe sus habilidades en los mates. Mientras que Balenciaga, Antonio López y Oukalele exponen sus obras. Y podemos asistir a una exhibición de malabarismos o a una exposición de Vermeer.

Parece que no solo se detectan los metales y la radiactividad (no radioactividad) sino las dificultades de los estudiantes y las faltas de ortografía. Sería fantástico que, como en los aeropuertos, un aparato indicara de modo instantáneo los fallos, las necesidades y las deficiencias de los alumnos: se ahorraría tiempo y papel (que buena falta hace). Sin embargo, me temo que, de momento, habrá que seguir usando la vista y el oído para observar, escuchar y leer; y las manos para corregir.

Ningún español de bien diría, en conversación espontánea, tomemos un café, pidamos una pizza o vayamos a jugar un partido; sin embargo, en las películas o teleseries importadas hasta los niños de primaria hablan así. Y es que en las traducciones del inglés al español ya no hay pruebas sino evidencias, ni desventaja sino handicap, ni ambiente sino atmósfera, ni urgencias sino emergencias, ni acontecimientos o espectáculos sino eventos. Y no se extirpan órganos, sino que se remueven. Ya es bastante penoso que a uno le digan que le van a dejar sin un ojo o un riñón, pero removérselo es ensañamiento -aun con anestesia. Y es preferible no imaginar el significado de ese verbo si la destinataria de tal intervención fuera una enferma con cáncer de mama. ¿Acaso no removemos las piezas de un rompecabezas, (que no puzzle)? ¿O la masa del bizcocho, para que se mezclen los ingredientes?

Otras veces se ahorran el esfuerzo: casting, catering, overbooking, share y prime time, marketing, merchandising, espónsor, esponsorizar son, tristemente, viejos conocidos. Algunos trabajos escolares reciben elogios por su buen marketing. No me extraña, vivimos en un mundo de apariencias y superficialidad, donde se valora más el envoltorio que el producto, el factor físico que el intelectual. Aun así, en este caso, se debería optar por presentación, encuadernación, decoración… En lo que respecta a lo comercial o deportivo deberíamos elegir mercado, mercadotecnia, patrocinador y patrocinar. Los espacios vacíos que dejan la ignorancia, el descuido o el desinterés, tarde o temprano, acaban llenándolos xenismos inconsistentes e injustificados.

Javier Bardem y Penélope Cruz serán candidatos a los Oscar si los propone un jurado, o resultan propuestos a raíz de una votación entre otros miembros. Ni los nominan ni son nominados. No se trata de nominaciones sino de candidaturas. Los entrenadores entrenan y no tienen la culpa del triunfo sino el mérito. Los jugadores no entrenan y calientan sin más, sino que se entrenan y calientan los músculos. No arriesgamos a secas sino que arriesgamos la vida y el dinero, o nos arriesgamos (no deben olvidarse los verbos pronominales). La policía no incauta los alijos, sino que se incauta de ellos. Los empleados no promocionan sino que se los promueve para un ascenso. Por si esto fuera poco, nos hemos olvidado también de Gracián: de las alternativas finalizar/acabar, concretizar/concretar, promocionar/promover, en profundidad/a fondo, pormenorizado/minucioso, detallado; la 'moderna' es la primera.

Ya no se recogen premios, se detiene a los delincuentes, se informa a los periodistas o se leen manifiestos. Ahora los premios son entregados y recogidos, los manifiestos son leídos, los periodistas son informados y los delincuentes son capturados. Como todos manejamos el inglés, ¡venga pasiva! Pero la pasiva no corresponde al lenguaje hablado ni escrito del español habitual y tradicional, que posee otros recursos sintácticos mucho, mucho más breves y sencillos. Tema se ha convertido en el comodín universal: desaparecen, por arte de magia, asuntos, problemas, cuestiones, negocios, tareas, preocupaciones, angustias, dificultades, obstáculos, peros, inconvenientes, intereses, conflictos… Mejor dicho, conflicto armado sí está a la orden del día. No vaya a ser que nos asustemos si nos mencionan una guerra real. Además, ¿para qué? Si no hay muertos, solo víctimas mortales o colaterales. Tampoco suele haber cadáveres, solo cuerpos sin vida. Soy mortal, pero si me matan, les pido que me dejen ser un muerto y un cadáver de verdad, no una víctima adjetivada o un objeto inanimado.

Lo políticamente correcto es una perversión lingüística que puede llegar a convertir en apátridas a ciudadanos de pleno derecho. ¿De qué nacionalidad es un afroamericano? ¿Panameño, cubano, dominicano? ¿Acaso en España nos referimos a la segunda o tercera generación de inmigrantes marroquíes o ghaneses como afroeuropeos? ¿Por qué, entonces, aceptamos sin dudar el neologismo estadounidense? Evitar la palabra negro solo demuestra que se da por hecho el contenido racista del término. Vamos cayendo en la trampa del eufemismo interesado; y eso, para nuestra desgracia y la de nuestras familias, lleva a aceptar en silencio cómplice el abaratamiento del despido y el reajuste de salarios o de precios que no suben o bajan sino que se comportan, como niños traviesos; y, lo que es peor, a negar el exterminio, el genocidio, la tortura y el campo de concentración de Gaza. El lenguaje tiene tanto poder que lo que no se nombra, no existe. Por eso es imprescindible conocerlo y usarlo bien: para situarnos en el mundo y defendernos mejor.

La falta de conciencia de la pobreza expresiva solo conduce al empecinamiento en el error sin considerarlo como tal; o, como mucho, a aceptarlo como signo de naturalidad, espontaneidad y simpatía. Nada más lejos de la realidad. Deberían provocar repulsión manifestaciones públicas, ya cotidianas, del tipo: «¡Joder, es la hostia!» (respuesta a la pregunta: «¿Qué pensaste -hoy todos se tutean- al enterarte de que habías ganado el premio?»). Imposible saber si se quedó anonadado, estupefacto, asombrado, atónito, impresionado, maravillado, o si se sintió abrumado, honrado, encantado, agradecido, entusiasmado, agobiado. ¿Qué experimentó o pensó en aquel momento ese poco cultivado cerebro? Cuando no se tienen palabras -como dicen muchos, y es verdad- se carece de ideas, pensamientos, emociones, sensaciones, argumentos. Entonces ¿qué posee, que valga la pena, el único ser del universo con don de lenguas?

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