Noticias del español

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| José Vanegas Mejía
el-informador.com, Colombia
Viernes, 18 de junio del 2010

SOBRE EL LENGUAJE ACTUAL

El desarrollo de las sociedades implica cambios en todos sus componentes. Algunas transformaciones se ven a corto plazo, otras tardan algo más y, las más profundas, demandan más tiempo.


Esta consideración debe tenerse en cuenta cuando nos sintamos proclives a condenar nuevas tendencias y usos que a veces nos preocupan.

Es conveniente identificarlos, estudiarlos de cerca y, sobre todo, valorar su incidencia en la sociedad que sufre su influjo. Uno de esos temas es el uso del lenguaje por parte de los jóvenes, inicialmente, y por una inmensa cauda de adultos en la actualidad.

Esa es la razón por la cual algunos amigos del buen hablar me han sugerido tratar el tema. Señalan ellos los avances en informática y el acelerado desarrollo de la tecnología en general como causas principales de este fenómeno social. Y tienen razón. Ya no aparecen completas las palabras en una 'conversación' en el Chat. Cada interlocutor abrevia su parlamento con palabras apenas comenzadas o con letras que con solo su sonido sugieren palabras enteras.

Aun van más allá: utilizan símbolos que, si fuesen muchos, convertirían el texto en un verdadero jeroglífico. Pero, por muy absurdo que parezca, tiene lógica esa forma de representación, pues la lingüística es apenas una parte de la semiótica, que tiene que ver con toda clase de signos.

Los defensores del idioma no deben alarmarse, aunque es muy cierto que de tanto tratar con este tipo de lenguaje hasta el más erudito en la lengua de Cervantes termina por exacerbar su ánimo. Menos mal que no hay un código común para estos usuarios y por lo tanto esos 'lenguajes' no constituyen un sistema, como sí lo es la lengua.

No hemos olvidado que hace algunos años estuvo de moda la palabra implementar. En las actividades administrativas era indispensable implementar cualquier idea para luego ponerla en práctica.

En educación, por ejemplo, ese término encontró un campo abonado para que programadores, supervisores, inspectores y miembros de todo nivel especularan durante más de una década. Algo semejante ocurrió con el término parámetro. Hoy, aunque la palabra no va a desaparecer, no se abusa tanto de ella ni se le da el sentido que cada funcionario prefiera.

Como puede notarse, hasta términos 'abusados' por adultos se van diluyendo con el tiempo. No hay que temer, por eso, a los inventos de niños y jóvenes que viven en función de la velocidad y la economía.

¿Quién no recuerda que hasta hace pocos años era exasperante el uso de la expresión o sea, que llegó a deformarse hasta perder la o y en algunos casos a escribirse osea? Ya se usa menos, es cierto; pero ese lugar lo está ocupando la palabra igual como muletilla en cualquier conversación. ¿No es incorrecto decir, por ejemplo: «Te estuve esperando hasta las siete pero igual no llegaste»?

El idioma se autorregula pero también se reinventa. Desde adentro crea sus propias defensas; y el paso del tiempo es uno de sus mejores aliados.

Todas esas modas tienen corta vida. Serán remplazadas por otras que a los mayores nos parecerán cada vez más insólitas.

Mientras tanto, dejemos a los jóvenes tranquilos con su economía lingüística. Entre otras cosas, porque nunca acatarán recomendaciones que, según ellos, frenarían su ímpetu comunicativo.

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