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LAS PALABRAS TIENEN LA PALABRA: HÚMEDO AMANECER

Juan Recaredo
elsiglodedurango.com.mx, México
Jueves, 7 de diciembre del 2006

A ese refrán que dice que el que con niños se acuesta, húmedo amanece, le falta aclarar que eso le sucede si se acuesta con niños que no usen pañales o alguna protección equivalente.


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¿Y por qué la mención del refrán? Ah, pues porque hoy vamos a hablar del niño que —como si fuéramos señoras embarazadas—, todos llevamos dentro.

Esta expresión me impresiona mucho, porque ya ve usted lo que significa ser niño en este mundo tan revoltoso en el que vivimos actualmente.

Retomando el tema que traíamos de los infantes, recordemos que se les dice así (infantes) a los chamacos porque cuando empieza la vida, la persona no sabe hablar y la palabra infante viene del latín «in fare» que quiere decir eso precisamente: no hablar.

Infante, como usted lo sabe muy bien, también es apellido y en el caso de Pedro Infante le quedaba a la medida porque la mayoría de sus personajes no eran más que niños grandes. En lo que no le quedaba es en lo de no hablar porque Pedrito era de los que hablan hasta por los codos.

Los infantes son los niños y niño es una de las palabras que más sinónimos tiene en nuestro idioma: Un niño es un nene, un rorro o simplemente un pequeño. Para nuestros antepasados meshicas un niño era un izcuintli que venía siendo un perrito y con el tiempo se convirtió en escuincle, pero también chamaco es de la misma procedencia. Su forma original en náhuatl es chamahuac.

Nosotros por acá en Monterrey, —mi patria chica, que por cierto ya está muy grande— al niño le decimos huerco, palabra que se deriva de horcus que es originalmente un demonio, a la manera en que en otras partes a los niños se les califica de diablillos.

Por estos rumbos del territorio nacional también usamos mucho el vocablo criatura que es muy cercano al crío de los españoles. Permítame señalarle nada más que, en este caso, me estoy refiriendo a una criatura, el ser que está en la etapa de la crianza, es decir, que necesita ayuda para criarse. No confundir con creatura que, con todo y que tiene la misma raíz, se refiere a un personaje diferente.

En otras regiones de nuestro país, los niños son plebes, lepes, bukis o chavalos, que es diferente a los chavales que hay en España. También aquí se les dice pelones, pero esa forma no la uso mucho porque parece como una invitación abierta a las mentes albureras.

Hay quien en el nombre acusa a los niños de antihigiénicos, diciéndoles mocosos o les dice rapaces que es una manera más o menos elegante de decirles raterillos.

Párvulos, impúberes, pollos, pipiolos, arrapiezos o gurruminos, son también algunos de los miles de apodos que los chicos tienen qué soportar.

Los argentinos les dicen pibes.

En las cortes españolas se les llamaba infantes a los hijos del rey que no eran candidatos a heredar el trono.

Una de las composiciones más bellas de Maurice Ravel, aparte de su famoso Bolero, es la Pavana para una infanta difunta, o sea que la pieza está dedicada a una niña muerta.

Tampoco es raro que los refranes y dichos populares se relacionen con los niños, como ése que le atribuyen a Michael Jackson que hace un reproche a los que «después de muerto el niño, tapan el pozo» o sea que «se ponen a ponerle remedio a una situación cuando la situación ya no tiene remedio».

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