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| Fabio J. Guzmán Ariza, miembro de la Academia Dominicana de la Lengua

LA MISMIOSIS

El argot jurídico dominicano se encuentra infestado de múltiples plagas lingüisticas.


Ya hemos descrito varias en artículos anteriores: la alosfinitis o el abuso de la locución conjuntiva a los fines de; la gerunditis o el uso incorrecto del gerundio en función de adjetivo; la apliquiosis o el empleo indebido del verbo aplicar como intransitivo y como sinónimo de solicitar; la comiosis o la sobreutilización de la coma; y la mayusculitis o el uso excesivo e incorrecto de la letra mayúscula. En esta entrega ampliamos nuestra muestrario lingüístico-epidemiológico con el análisis de una plaga que afecta, enreda y afea el lenguaje jurídico en todo el mundo hispanohablante: la mismiosis.

He apodado con la denominación mismiosis al uso reiterado de la frase el mismo —y sus variantes la misma, los mismos, las mismas— como locución pronominal, en sustitución del posesivo, del demostrativo o del pronombre; o sin ninguna necesidad, como en estos ejemplos:

«Una nota de prensa de la Superintendencia de Seguros afirma que Gutiérrez dispuso que los funcionarios del organismo regulador recaben las informaciones solicitadas para que, inmediatamente concluya la auditoría, se proceda a la entrega de la misma…» En vez de: «… se proceda a su entrega.»

«Para celebrar audiencia el tribunal estará integrado por tres jueces y sus decisiones serán firmadas por los mismos». En vez de: «… serán firmadas por estos» o, mejor aún, «… el tribunal estará integrado por tres jueces, quienes firmarán sus decisiones».

«El conductor detuvo el vehículo y tres individuos descendieron del mismo» En vez de: «El conductor detuvo el vehículo y tres individuos descendieron de él».

«Cuando la resolución impugnada involucre a una o más personas diferentes al solicitante, la validez de la solicitud estará condicionada a la notificación de la misma a las partes involucradas». En vez de: «… a su notificación a las partes involucradas».

«El método que utilicé para escribir este libro hizo necesario que junto con la cita de los artículos periodísticos y otros que aparecen en él tuviera que mencionar los autores de los mismos…» En vez de: «…tuviera que mencionar sus autores».

«El Tribunal Superior de Tierras que conoce el recurso de apelación podrá declarar bueno y valido el mismo, o rechazarlo, parcial o totalmente, tanto en la forma como en el fondo.» En vez de: «El Tribunal Superior de Tierras que conoce el recurso de apelación podrá declararlo bueno y válido o rechazarlo…»

«Fueron cuatro testigos a la audiencia, pero tres de los mismos fueron tachados». En vez de, simplemente: «… tres fueron tachados».

La Nueva gramática de la lengua española no se refiere para nada al empleo de el mismo como locución pronominal, limitándose a enumerar los siguientes usos :

1. Identificativo. Ejemplo: Ella vivía en el mismo barrio que él.

2. Enfático o intensivo. Ejemplo: La tienda estaba aquí mismo.

3. Ejemplificativo. Ejemplo: ¿Cuándo podríamos empezar? Mañana mismo.

4. Reflexivo. Ejemplo: Lo quería para él mismo.

5. Expletivo, en sustitución de el cual o la cual. Ejemplo: No fue difícil hallar a don Miguel escondido en el hueco de un lavadero ubicado en la parte alta de la casa, mismo bajo el cual había ocultado el arma. Las Academias consideran que este uso expletivo no ha pasado a la lengua culta.

Ya antes, Fernando Lázaro Carreter, antiguo director de la Real Academia Española, en su obra El dardo de la palabra, había reprendido duramente «el disparatado apogeo de el mismo, en sustitución del posesivo o el pronombre… ; o, lo que es peor, en sustitución de nada».

De igual manera, el Diccionario panhispánico de dudas expresa que el empleo de el mismo es «innecesario y desaconsejable» ; por su parte, la Fundación Español Urgente (Fundéu BBVA) y el Libro de estilo del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid afirman categóricamente que la expresión debe rechazarse .

Sin embargo, pese a las normas académicas, los abogados seguimos usando el mismo, la misma, los mismos y las mismas cuantas veces se nos presenta la oportunidad de hacerlo, sea por ignorancia, por costumbre, por afectación o por la equivocada creencia de que nos estamos expresando con correcta precisión. En realidad, la precisión de la mismiosis es espuria: en lugar de mejorar el texto, lo alarga, haciéndolo menos elegante sin ganar nada en claridad, como podrá comprobarse comparando estas dos oraciones: la primera muy común en los escritos de nuestros abogados y la segunda, su versión corregida, más directa y exacta.

«Las partes suscribieron el contrato y el anexo del mismo».

«Las partes suscribieron el contrato y su anexo».

Como todas las plagas, la mismiosis se ha propagado con facilidad y rapidez. Hoy en día, ha desbordado su hábitat natural del lenguaje formal o rebuscado y ha contagiando el lenguaje de los negocios y hasta el informal de los mensajes electrónicos, como se comprueba con este espécimen que recibí hace unos días:

«Don Fabio, anexo artículo. Corregí la última parte. Favor de confirmar la recepción del mismo». Debió decir simplemente: «Favor de acusar recibo» o «favor de confirmar la recepción» o «favor de confirmar su recepción».

Por último, la mismiosis ataca también a los abogados en capullo, es decir, a los estudiantes de Derecho. En general basta con que se expongan por una sola vez a nuestra jerga para que comiencen a expresarse con los rodeos y floreteos típicos de nuestra clase. A ellos particularmente, les dedico este artículo pesticida, esperanzado de que para cuando inicien su ejercicio profesional ya hayan aprendido que hablar y escribir bien nada tiene que ver con rimbombancias ni redundancias como el mismo.

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