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| Amando de Miguel
Libertad Digital (España)
Miércoles, 11 de julio del 2007

LA LENGUA VIVA: HABLAS REGIONALES

Otra posibilidad, menos probable en mi opinión, sería que [los andaluces] se refirieran al estado de enajenación que produce el viento, el viento del norte.


Marta Vizcaíno me cuenta que, ayudando a su hermanilla con la asignatura de Lengua, descubrió que en el texto de Anaya figura una sola obra de Literatura catalana: Tirant lo Blanch. Doña Marta recuerda que, cuando ella era pequeña, en otro texto de Anaya se contaba que las aventuras de Tirant lo Blanc eran un clásico de la lengua valenciana. De sobra es conocido el aprecio de Cervantes por la obra de Martorell, «el mejor libro del mundo» según dice el cura en el escrutinio de la librería de don Quijote. Seguramente esa librería era la del mismo Cervantes.

Mª José Varona me sugiere el verbo aunecer, que no viene en los diccionarios. En La Rioja es algo así como cundir, referido a la comida. Es una idea interesante la de que las cosas cundan o aunezcan. Es una sensación que expresa muy bien el estado de ánimo que provoca siglos enteros de forzada austeridad. Recuérdese que los alimentos domésticos se guardaban en la despensa, que proviene del latín dispendere (= pesar). De la despensa (normalmente cerrada con llave) se extraían cantidades pesadas o contadas para el abasto diario.

Manuel Gómez recoge algunas variaciones dialectales de Palencia y Valladolid:

«¡Velai!» = vea usted ahí, ya ve, fíjese o eso es, exactamente

«Mandil» = delantal

«Canto» = piedra

«Pósito» = almacén o depósito que en tiempos lo fue de grano o cereales

«Ca» = negación castiza

«Guapo» = bonito, incluso para cosas

«Salao» y «Majo» = apelativos cariñosos

«Herrada» = cubo

«Cachava» = bastón, cayado

«Chiguito» «Chiguita» = niño, niña

«Enroje» = sistema rudimentario pero muy efectivo de calefacción consistente en una especie de túnel por debajo y a lo largo de la vivienda, cuya entrada tiene una portezuela donde se quemaban los rastrojos sirviendo como fuente de calor. El verbo que usan es «enrojar». [En otras partes es «gloria»].

«Fréjoles» = judías verdes

«Vinon», «Trajon» y «Puson» en lugar de vinieron, trajeron y pusieron

«Está hecho un mozo» = adolescente

Y también, curiosamente, se dice: «si llovería…» o «hacía falta que llovería» en lugar de lloviese

Claudio A. Maurino (Argentina) comenta que algunas de las palabras típicas de Albacete que cita J. Olivares son muy corrientes en Argentina. Se confirma la tesis, aquí expuesta varias veces, de que muchos de los llamados localismos no son tales. Me viene a la memoria esa frase hecha que dice tanta gente: «Como decimos en mi pueblo, a quien madruga Dios le ayuda» (o cualquier otro celebrado refrán).

Fernando Carmona (Sevilla) arguye que la voz andaluza ennortado, esnortado o ehnortado (con h aspirada) no es propiamente un insulto. Significa todas estas cosas:

«¡Anda ya, ese tío está ehnortao!» (= no le hagas caso)

«¡Cuidao, que ese tío está ehnortao!» (= no sabe a dónde va)

«¡Tú está ehnortao!» (= no es cierto lo que dices)

«¿Estoy ehnortao o qué me pasa?» (= no me entero)

En definitiva, según don Fernando «estar desnortado» es haber perdido el norte. Es ser un despistado y creer que se tiene razón.

José María Navia-Osorio considera que «desnortado» es simplemente una persona que ha perdido el norte o el rumbo. Avanza otra interpretación:

Otra posibilidad, menos probable en mi opinión, sería que [los andaluces] se refirieran al estado de enajenación que produce el viento, el viento del norte. Es una explicación rebuscada pero me da pie para comentar el efecto de los vientos sobre la mente humana. Los vientos enloquecedores son conocidos en muchos sitios. Por ejemplo la tramontana. En el medio rural es muy desagradable tener que soportar en descampado el viento fuerte durante horas.

En Asturias tenemos una variedad terrible del viento que enloquece. Se llama «el viento de las castañas», aparece en otoño y produce la caída de las castañas. En ese sentido es positivo porque así se pueden recoger. Lo malo es que al desequilibrio mental que produce el viento de las castañas se atribuyen muchos suicidios. Además son suicidios con carácter epidémico porque ejercen una especie de efecto llamada y no es raro que en algún pueblo cercano al primer caso aparezca otro suicidado.

Luis Palomino me comunica que en Cádiz se utiliza mucho lo de guarnío para indicar que uno anda muy cansado. Don Luis opina que es una adaptación del inglés worn out (= fatigado, exhausto). No veo clara la relación. Existe el verbo guarnir, algo así como proveer de lo necesario, pero no me alcanza cómo pueda derivarse el sentido de guarnío (= muy cansado).

Santiago Pastor (Zamora) matiza mi interpretación del zamoranismo «buena jera». No solo se utiliza, como yo digo, para desear que el día o las tareas vayan bien. Asegura don Santiago, con razón, que «en Zamora se utiliza más para significar que la persona a la que se aplica, en la circunstancia concreta es que se hace, es capaz de volcarse totalmente, de entregarse a tope». Vamos que, con lo de buena jera, se puede calificar a una persona de proactiva, como ahora se dice. Añado que buena jera se utiliza también para indicar que uno se lleva bien con la persona en cuestión. Como se puede ver, estamos ante un comodín que puede ser útil para muchas ocasiones gratas.

Fernando Sánchez (Madrid) observa que en el encabezamiento de las cartas, escritas en castellano desde Cataluña, hay una curiosa alteración. La fórmula tradicional de «Estimado Sr.» se sustituye por la de «Apreciado Sr.». La razón es que, en catalán, «estimado» es tanto como decir «amado».

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