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| Carlos RequenaEl Economista.com (México)

La lengua no tiene hueso

Por Carlos Requena (eleconimista.com.mx)



Uno de los atrasos más graves de la justicia mexicana es, sin duda, el uso del lenguaje en las resoluciones y sentencias judiciales. Me refiero a los vicios de muchos impartidores de «justicia», quienes se empeñan en imprimir redacciones oscuras, confusas e incomprensibles, en lugar de emitir textos claros, sencillos y transparentes con el fin de que sean entendibles para el ciudadano común.

El sentido primordial del Derecho es solucionar conflictos dando a cada parte lo suyo, para lograr un orden social justo mediante el buen manejo del idioma. Sin embargo, muchas resoluciones emitidas por especialistas en Derecho alejan la justicia de la gente al hacerla incomprensible por falta de empatía y uso incorrecto del lenguaje legal.

Incluso el jurista Ricardo León Pastor publicó hace pocos años el Manual de redacción de resoluciones judiciales, cuyo prólogo consigna: «La labor del sentenciador tiene mucho en común con la del escritor», afirmación relevante porque, además de ser razonadas y justas las sentencias pronunciadas por tales especialistas, deben escribirse con un estilo encaminado a facilitar el buen decir.

Toda resolución jurídica debería ser un documento asequible intelectualmente para cualquier ciudadano. Sin embargo, este «deber ser» dista mucho de la realidad, pues muchas autoridades provocan confusiones al hacer verdaderos galimatías en detrimento de la justicia.

Lenguaje de élite

Muchos ministerios públicos, jueces y magistrados, entre otras autoridades, conforman una élite que, so pretexto del lenguaje legal, terminan discriminando a los destinatarios de las resoluciones al no explicarles —en términos sencillos— las implicaciones de sus derechos y obligaciones.

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