Noticias del español

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| Martina Klein
lavanguardia.es, España
Lunes, 29 de diciembre del 2008

‘LA DIJE’

Hay una costumbre fascinante en el habla castiza que es el laísmo institucionalizado. Según mi filtro, deberían saltar las palomas cuando tales expresiones entran en contacto con el aire, pero no.


Las palomas chulapas siguen con su rucurrún como si tal cosa ante un «la dije» y otras joyas del laísmo como «la compró un boli», «la duele la cabeza» o «la dieron un masaje» y maravillas del leísmo como «me le traes» o «pásamele»…

Este portento afecta a todos los estratos sociales y decora las calles, las tiendas y los bares de la capital de una cantinela malsonante para el oído extranjero, que acaba por aceptarla con simpatía por la impunidad con la que se comete. Como catalana infiltrada en Madrid agradezco este espacio para purgar mi urgencia por compartir la eterna sorpresa mía ante estas constantes faltas directas a la lengua. Todos pateamos el diccionario en mayor o menor medida, yo la primera; eso no quita que haya patadas muy espectaculares dignas de mención.

El 'la dije' provoca tres reacciones químicas en mi organismo que se suceden en el siguiente orden: A) Sorpresa: la dije entra por mis oídos y mi cuerpo se tensa. B) Alerta: busco una mirada cómplice en el resto de los oyentes, o la cámara oculta que retrate el suceso la dije como una broma. C) Hilaridad: al comprobar que no es una broma, me entra la risa. Suena 'la dije' y quiero aplaudir, y para no parecer una chiflada empujo mi euforia hacia un punto más pequeño, una risa íntima conmigo y para mí: me digo ¿has oído eso?, y me respondo: sí, sí, jiji. Y por último, D) Resignación: me doy cuenta de que estoy sola y de que no tiene ningún sentido que siga riéndome de las costumbres ajenas, que por otro lado es muy feo. Con el tiempo voy descubriendo que los puntos A, B y C se atenúan a la vez que el D se establece tristemente en mis venas. Perder la capacidad de reír tampoco es bueno, y las ganas de decir ¡olé! tras un 'la dije' es una pérdida, y una nimia demostración de que el ser humano se adapta a cualquier ecosistema nuevo, lenguaje incluido.

El uso de las formas pronominales la/las en función de complemento indirecto, es decir, donde debe utilizarse le/les, es la sencilla explicación por la cual el 'la dije' es incorrecto según la norma, pero no es un tema falto de debate para académicos y escritores. Inés Fernández-Ordóñez, nueva integrante de la Real Academia Española, considera que es «un sistema alternativo propio de la zona de Castilla», algo así como un signo de identidad. La flamante académica es precisamente una devota estudiante de la realidad viva de la lengua, en especial del laísmo, leísmo y loísmo, y como tal, afirma que «la lengua es un fenómeno en perpetua metamorfosis que no puede regirse ni explicarse mediante criterios rígidos de corrección o incorrección». Estoy de acuerdo, no se puede luchar contra la evolución.

Pues habrá que hacerla caso.

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