Noticias del español

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| Luz Nereida Pérez
Claridad, Puerto Rico
Sábado, 16 de agosto del 2008

HABLEMOS ESPAÑOL: SOBRE LA LETRA K

En nuestra anterior columna Hablemos español, comentábamos sobre las grafías del nombre de nuestra Isla Nena, Vieques, como Bieque o Bieke. A propósito de los comentarios allí vertidos sobre la letra de nombre ka, abundamos hoy un poco más sobre su origen y las controversias alrededor de ella.


Esta letra es definida en el Diccionario de la Real Academia Española como duodécima letra del abecedario español y como la undécima del orden latino internacional. Es la novena consonante y representa un sonido oclusivo, velar y sordo. Se resalta, además, su presencia en voces de procedencia griega o extranjera. Las entradas a esta letra en el mencionado diccionario ocupan apenas 2 1/3 páginas. Por ser letra ajena a las bases de la lengua española, no se ha salvado de intensas polémicas a su alrededor y de propuestas de que sea eliminada porque bien podría sustituirse por una consonante c ante a, o y u, o por qu ante las vocales e o i. En las mociones para la eliminación de esta consonante se ha utilizado todo tipo de argumento, algunos de ellos tan exóticos como la propia letra, como por ejemplo, la alegación de que parece un «camello sentado con más jiba que la de Esopo», visión abstracta que, según aduce José G. Moreno de Alba en su libro Minucias del lenguaje, fue expresada por Juan Robles. Algunos han alegado que es sencillamente fea y otros que no es lo suficientemente castiza. Mateo Alemán —autor de la novela picaresca Guzmán de Alfarache— evitaba su uso por considerarla «inútil, extranjera y difícil de escribir». Miguel de Unamuno la calificó de «antipática y antiespañola» y Salvador de Madariaga de «antagónica con el espíritu castellano».

Gregorio Salvador y Juan R. Lodares en su Historia de las letras le dedican un capítulo que titulan La malquerida y señalan, entre otras cosas, que los antiguos romanos aplicaban en la frente de los calumniadores un carimbo con la letra K y que hasta entre los autores latinos clásicos hubo polémicas sobre su uso y la tildaban de helenizante. Su origen, según estos autores, se traza en la historia egipcia con un signo jeroglífico que representaba una mano o un puño, los fenicios la trazaban de forma invertida y aparece de ambas formas en el etrusco.

Hubo también quienes la defendieron y propusieron que sustituyera como letra todo sonido de ka y que se escribiera, por ejemplo, «asko» (en lugar de asco), «ronko» (por ronco) e «inikidad» (en vez de iniquidad). Así, en el 1630, Gonzalo Correa —que se firmaba Korrea— escribía: «kien kompra kaballo kompra kuidado». No obstante, hubo momentos en que la polémica en su contra pareció prevalecer y en 1970, por decreto de Francisco Franco, se eliminó la ka de las tablillas de los vehículos españoles, según afirma Moreno de Alba en el citado libro.

Con todo y polémicas, la encontramos en le Diccionario muy bien acompañada de interesantes palabras tales como kaiser, voz de procedencia alemana que sirve de título a algunos de los emperadores de Alemania; kan —del turco— en alusión al jefe de los tártaros; el nombre de la propia letra en griego —kappa—; karaoke, japonismo alusivo a la interpretación de canciones sobre un fondeo musical grabado a la par que se lee en pantalla su letra-. De igual modo, aparece bajo esta consonante, la voz caucásica kéfir, alusiva a la «leche fermentada artificialmente que contiene ácido láctico, alcohol y ácido carbónico», del hebreo contamos con el kibutz alusivo a las colonias agrícolas de Israel y del sánscrito el karma o fuerza espiritual.

Del japonés vemos el kamikaze, o camicace en grafía hispánica, el kárate o karate y también al karateca. Encontramos también en las entradas bajo la letra K del Diccionario al kayak —voz procedente del esquimal qayaq—, al kebab (pincho para nosotros) —del árabe—, el gentilicio kuwaití para los y las naturales de Kuwait y el kung-fu en alusión al arte marcial de origen chino.

De la palabra rusa para ciudadela, contamos con kremlin -«recinto amurallado de las antiguas ciudades rusas» y los derivados kremlinología y kremlinólogo en alusión al «estudio y análisis de la política, los métodos y los usos de los gobiernos soviéticos». Del noruego procede kril, aplicable al «conjunto de varias especies de crustáceos marinos, de alto poder nutritivo, que integran el zooplancton», seguida por krill, definida como «banco de crustáceos planctónico semejantes al camarón, que constituye el alimento principal de las ballenas».

Dentro de la nueva modalidad, observable a partir del actual diccionario (edición 2001), vemos varias voces identificadas tanto por la letra negrita como la cursiva tales como: el klystron, voz procedente de una marca registrada y de uso en la física para identificar al «tubo electrónico empleado para generar o amplificar microondas en comunicaciones y radares»; el Kirsch (así, con mayúscula), del alemán para el «aguardiente de cerezas»; el kilohertz, también kilohercio en español, y el ketchup, voz procedente del inglés a donde llega del chino k’echap para zumo de tomate.

Entre otras voces curiosas, vemos bajo la letra K al koala, para el oso australiano que se alimenta de los eucaliptos, el koiné -«lengua común derivada del ático usada por los pueblos de cultura helénica tras la muerte de Alejandro Magno» y «lengua común que resulta de la unificación de ciertas variedades idiomáticas» y el karst y kárstico para denominar la «formación caliza producida por la acción erosiva o disolvente del agua».

Los autores de la antes citada Historia de las letras resaltan el uso publicitario de la letra K al denominar locales como El Kafé y La Eskina y su uso en marcas que hoy denominan objetos del habla común como los kleenex y la kodak y en anuncios tales como c vd mantk2. En la química la K es símbolo para el potasio y en la matemática tuvo valor de 20 para los griegos, de 250 para los latinos y si se le coloca una raya horizontal encima equivale a 250 mil.

Después de todo esto podemos concluir que la K no resulta tan inútil en nuestra lengua y es por demás interesante.

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