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| Karmentxu Marín
El País, España
Domingo, 30 de marzo del 2008

ENTREVISTA A FRANCISCO RICO, ACADÉMICO Y LINGÜISTA

«Me gustan las palabras prohibidas»


Con 63 años y tres hijos, sigue considerando su héroe al travieso personaje infantil Guillermo Brown. No va a museos, conciertos, viajes o partidos de fútbol. Lleva siete años sin pisar un cine. Le divierte leer sobre el Holocausto —«cada día leo menos literatura y más historia»—, comer y hablar con los amigos.

Pregunta. Empieza a dirigir, en la editorial Gredos, la Nueva Biblioteca Románica Hispánica. ¿Cuántos trabajos tiene?

Respuesta. Sólo dos, Petrarca y el Quijote, y una afición: dar clases en la Universidad. No he trabajado en mi vida. Nunca he hecho algo que no me apeteciera.

P. De tanto investigar a los clásicos, ¿se ha hecho más pícaro o más villano?

R. La gran ventaja de la lectura es que te permite ser pícaro y villano. Yo soy a veces Eichmann y otras un judío de Auschwitz.

P. Don Quijote, Don Juan, La Celestina: ¿de qué mito está más cerca?

R. Del Lazarillo de Tormes.

P. ¿De Don Juan, nada de nada?

R. Yo he estudiado despacio el mito de Don Juan, que ha sido condenado por el establishment y absuelto y hasta elogiado por el pueblo soberano.

P. ¿Y usted qué tiene de él?

R. Lo que todas las almas.

P. Si fuera el Lazarillo, ¿se comería las uvas?

R. Sí, pero además conseguiría engañar al ciego.

P. Buscavidas, mendigos, golfos… ¿Hay muchos en la política española?

R. Es que todos esos son personajes simpáticos. Y los políticos no lo son.

P. ¿El Quijote es como el patio de su casa?

R. Es más bien como el desván de la casa de mis abuelos, donde siempre se podían encontrar cosas inesperadas.

P. Tiene el título de Caballero Andante. ¿Ve molinos o gigantes?

R. Gigantes ya no los hay. Molinos que den vueltas a las cosas, muchos.

P. Ha dicho de Cervantes que era un meapilas y que tenía faltas de ortografía.

R. Cervantes no tenía ninguna ortografía, porque entonces no estaba establecida. Y lo de meapilas, porque era muy devoto. Al final de su vida entró en varias cofradías, y fue enterrado con hábito religioso.

P. También, que «era como un ex combatiente de la División Azul». ¿No se pasa?

R. Era un ex combatiente de Lepanto que nunca perdió su idea de la cruzada contra el moro, pero que tuvo siempre la sensatez de darse cuenta de que ése era un ideal anticuado. Era un ex combatiente de la División Azul que aceptó muy bien la transición.

P. Y añade que su edición del Quijote mejora la original. ¿Usted, incluso, lo hubiera escrito mejor?

R. Desde luego que no. Pero a él le importaba muy poco la ortografía, y no ponía ni un punto ni una coma. Lo dejó en manos de su editor.

P. ¿Usted es más cómico o más trágico?

R. Yo soy profunda, radical, absolutamente trágico. Creo que la vida no tiene sentido, que Dios es malo.

P. ¿Se ha cruzado alguna vez con la Santa Hermandad?

R. Muchos jueves.

P. ¿Le molesta que la p de su sillón de académico sea minúscula?

R. Es que no sé si es minúscula o mayúscula. No existen sillones con letra en la Academia.

P. ¿Le gusta el nuevo académico Borau?

R. Excelente tipo. Pero una Academia sin poetas es una Academia de medio pelo.

P. Tiene fama de tirano y déspota con los alumnos.

R. No es posible. No le digo que hace treinta años… Pero pregunte a Javier Cercas, o a Lluís Pasqual.

P. ¿Qué es, una hermana de la caridad?

R. Soy como un padre. Un padre que les cuenta cuentos para que duerman.

P. Veo que sigue encantado de ir de enfant terrible.

R. Más bien es que soy silvestre. No estoy domesticado.

P. ¿Cómo ha hecho para sacarle jugo comercial a la filología?

R. Más bien he procurado que los buenos libros antiguos se lean.

P. Pero Rico se ha hecho rico.

R. Qué va. Además, yo siempre he tenido un buen pasar económico. No he tenido necesidades de ganar dinero.

P. ¿Su mayor exotismo?

R. Que lo que más me divierta a estas alturas sea hacer pompas de jabón. Son preciosas.

P. Arroyo le pintó con laureles. ¿Le faltaba la cuadriga?

R. Me faltaba el Capitolio, que es donde coronaban.

P. ¿Cuánto se quiere, de cero a diez?

R. Menos tres.

P. No se gusta.

R. No me valoro.

P. Se preguntará, entonces, cómo puede estar en la Academia un ser tan nimio como usted.

R. Pregúnteme en cuánto valoro a los demás académicos.

P. ¿No hay letra que se le escape?

R. Pues sí. Se me escapa a veces la ortografía, de tanto trabajar con textos medievales, antiguos, latinos, franceses…

P. No siga: falla en ortografía. Es usted mismamente Cervantes.

R. Si lo quiere decir… Pero no va por ahí.

P. ¿Qué tal habla?

R. Extremadamente bien y extremadamente mal. Nadie es tan grosero. Me gustan las palabras prohibidas.

P. ¿Qué clásico puede temblar ante su amenaza de meterle mano?

R. Pienso volver sobre el Lazarillo, y hacer una edición nueva. Y Petrarca. Siempre Petrarca.

Perfil

Con 63 años y tres hijos, sigue considerando su héroe al travieso personaje infantil Guillermo Brown. No va a museos, conciertos, viajes o partidos de fútbol. Lleva siete años sin pisar un cine. Le divierte leer sobre el Holocausto —«cada día leo menos literatura y más historia»—, comer y hablar con los amigos. Está colgado de la serie Los Soprano, fuma como una chimenea y tiene fobia a los huesos de aceituna.

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