Noticias del español

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| Federico Marín Bellón
cordoba.abc.es
Martes, 13 de marzo del 2007

ENTREVISTA A EDUARDO LAGO, DIRECTOR DEL INSTITUTO CERVANTES EN NUEVA YORK

«El español avanza de forma imparable en EE. UU., tienen la batalla perdida»


¿En qué consiste su trabajo en el Instituto Cervantes?

– En acercar la cultura y la lengua españolas a la ciudad, donde el español se utiliza de manera masiva. Hay que acercárselo a los que no lo hablan y recoger la energía que hay dispersa en toda la ciudad. Aparte de enseñar español, su función es crear un programa cultural que permita que se interrelacionen todas las fuerzas de la ciudad.

Siempre habrá críticos que digan que gastar dinero en otro organismo público es un error.

– Me parecería muy injusto. Si uno pone un pie en el Instituto y asiste a un evento y habla con dos personas comprenderá que debería darse incluso más dinero, porque estamos atendiendo una necesidad pública.

Usted es la prueba de que es posible convertirse en novelista después de los 50.

– Pues sí. Fue un susto del que no me recupero. Escribía para mí, sin afán de notoriedad, para satisfacer una necesidad interior, pero un día me dije que tenía que terminar una novela. Tardé seis años y mi agente decidió presentarla al premio Nadal. No me ha dado tiempo a pensar lo que significa que se apueste de manera tan potente por un desconocido. Me ha escrito mucha gente anónima diciendo que un caso como el mío les devolvía la fe en la institución literaria.

¿Cómo se define ahora: escritor, profesor, gestor…?

– Tengo muchos oficios, pero tienen en común la palabra escrita. Soy crítico, profesor universitario; en el Instituto Cervantes me dedico a promover la literatura… Quiero escribir una segunda novela rigurosa y seria, que también proceda de dentro de mí, pero debo dejarla en suspenso. Lo que hago en el Instituto es la prioridad. Lo siento como un servicio a la comunidad hispana.

¿Qué descubre en Nueva York?

– Ahí está el origen de todo. Es una ciudad como no hay otra, y he viajado por todo el mundo. Lo que ocurrió en Nueva York es que al llegar tuve una reacción muy violenta. Se produjo un cataclismo dentro de mí. Me afectó de una manera tan tremenda que yo, que había ido a pasar unas Navidades, me dije que tenía que quedarme.

Encontró su lugar en el mundo.

– Sí. No puedo pensar en mí fuera de Nueva York. Le debo ser escritor. En España me habría quedado adocenado, creo.

De ahí a escribir en inglés hay un paso, como hacen los hispanos Ana Menéndez y Junot Díaz, con los que ha compartido charla en Cartagena de Indias.

– Nunca escribiré en inglés. Primero por lealtad rabiosísima a mi lengua nativa. Llevo 20 años allí y técnicamente es posible. Tan sólo necesitaría que un amigo me diera golpes de timón muy leves. Sí me gustaría que tradujeran mi novela al inglés, que al contrario que otros idiomas se resiste.

¿No desprecia demasiado el reconocimiento que podría lograr escribiendo en inglés?

– Pero es que yo no he buscado nunca el reconocimiento…

Sí, por eso le digo: ¿no es demasiado desprecio?

– Ayer Junot dijo: «Si quieres que nadie te conozca en EE.UU. escribe en español».

Casi lo dijo por usted.

– Mira, me siento parte de un grupo cuya primera lengua es el español y vive en EE. UU. Estamos empezando a cambiar los prejuicios. De hecho, tenemos un grupo organizado y hemos hecho un manifiesto. Es una batalla que hay que hacer.

¿En su segunda obra recurrirá a su infancia y juventud, universos que nos persiguen siempre?

– Todos los seres humanos llevamos una novela dentro, es un dicho común. Unos la escriben y otros no. El irlandés Colum McCann me dijo: «Los escritores llevamos una novela y media. Se sabe si uno es de verdad si publica la segunda». También se dice que la primera es autobiográfica. La mía no y la segunda tampoco lo será. Tengo que definir mi propia tradición, que se me reconozca dentro de una tradición española. Esto de ser escritor americano no me acaba de hacer gracia. Lo que pasa es que la imaginación decide por sí misma.

¿Cómo se puede luchar contra la política del Gobierno estadounidense del «english only»?

– Es una batalla que tienen perdida de antemano. Son coletazos de rabia tratando de rectificar una situación imparable. No tienen nada que hacer. El español avanza de una manera potentísima en los Estados Unidos, mucho más fuerte de lo previsto. El muro de contención que ponen en la frontera sur sólo refleja una impotencia. Uno de mis proyectos más ambiciosos es un estudio riguroso y científico de lo que está pasando con el español en los EE. UU. Lo latino es arrollador.

Como decía Junot Díaz, se ha convertido incluso en un arma política, en una forma de rebeldía.

– Como diciendo: cuidado, que somos otros y estamos aquí. Es un caso de justicia poética. Si vamos a la topografía, vemos Los Ángeles, San Francisco, Florida… Y dices: ¿de dónde vienen estas palabras? Se está volviendo a ellas. Lo más importante es que hasta ahora el español era un fenómeno cuantitativo, de masas que lo hablaban. Como Junot, antes los escritores escribían en inglés. Ahora lo hacen en castellano, se sienten orgullosos de él.

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