Noticias del español

| María Luisa García MorenoRevista Pionero (Cuba)Enero del 2013

Del idioma: Martí y el español nuestro

Nuestro Apóstol poseía dotes creadoras, que lo convirtieron en un singularisímo escritor y periodista, que trabajó para las publicaciones más importantes de su tiempo y cultivó casi todos los géneros literarios, dueño de una prosa elegante, fluida y vigorosa, y de un verso renovador, un hombre que nos legó una inmensa obra, gestada por demás en un tiempo brevísimo.

Hombre de extraordinaria cultura, decía: «[…] usaré de lo antiguo cuando sea bueno, y crearé lo nuevo cuando sea necesario: no hay por qué invalidar vocablos útiles, ni por qué cejar en la faena de dar palabras nuevas a ideas nuevas», con lo que demostró su concepción de que la lengua que hablamos es un organismo vivo que recibe múltiples influencias y resulta un fenómeno muy dinámico y cambiante.

Pero sus preocupaciones en torno a la lengua fueron más allá del plano conceptual. Su americanismo raigal lo llevó a «reunir voces nacidas en América para denotar cosas propias de sus tierras y señalar acepciones nuevas»:  En ese empeño, compiló unas 150 palabras en un breve cuadernillo de veinte páginas.  Allí se encuentran, entre otras muchas, cholo, chancho, chocolate —como cubanismo: «cohecho, caso oculto y culpable»—, facón, gallinazo, joropo, matahambre —«dulce»—, quena, rebenque, tiple —palabras todas hoy incorporadas a los diccionarios académicos—; así como las expresiones café cerrero —poco dulce— y hacer plancha —ponerse en ridículo.

Resulta curioso comprobar una vez más el amplio espectro de los intereses martianos.

Autora: María Luisa García Moreno

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