Ahora bien, se ha observado que la expansión de los nuevos instrumentos, sobre todo en manos de adolescentes y jóvenes, se acompaña de un efecto indeseado: las faltas de ortografía y de redacción, en un nivel tal que llega a oscurecer el contenido de los mensajes para los ojos de los no iniciados en mensajes crípticos.
Surge así un debate, del que se ha ocupado recientemente Pablo Linde en el diario madrileño El País. El punto de partida de la controversia se plantea en estos términos: «La Internet acaba con la ortografía».
Desde luego, hay quienes quieren eximir al medio de culpas y acuden a diversos argumentos. Uno de ellos, para nada equivocado, es afirmar que no es que se cometan más errores que antes, «lo que ocurre es que ahora se los ve más». Bien lo dijo el Premio Nacional de Literatura 2014, Antonio Skármeta: «Sí ha crecido la publicidad de muchos textos y de escritos que antes eran de índole privada y ahora se hacen públicos casi automáticamente», por lo que, concluye también, si hay más textos hay más posibilidad de error.
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