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| Agencia EFE

Muñoz Molina ve «basuraleza» como una palabra extraordinaria que hace falta

El escritor y académico de la Lengua Española Antonio Muñoz Molina ha considerado hoy en Bilbao «extraordinaria» y que «hacía falta» la palabra basuraleza, acuñada por los ecologistas para designar los desechos humanos abandonados en la naturaleza.

Muñoz Molina (Úbeda, Jaén, 1956) se ha pronunciado de esta manera sobre este término de reciente acuñación como alternativa al anglosajón littering utilizado hasta ahora, durante la presentación de su última novela, Un andar solitario entre la gente (Seix Barral), en la capital vizcaína.

El escritor, articulista y uno de los autores más destacados de la nueva narrativa española, ha recordado que en su obra se trata del problema que supone la acumulación de basura en el mundo actual y ha opinado que la palabra basuraleza es «muy buena» porque «el nivel de residuos que generamos y del que estamos rodeados, y de lo que hablo en el libro, es una cosa muy seria».

Ha apuntado, en este sentido, que un personaje de su novela llega a decir que «las cosas de nuestro tiempo se llegarán a construir con materiales de desecho dado que hay tal sobreabundacia de basura que, lo lógico es que sea el material con el que nosotros trabajaremos».

«Cada cultura —ha agregado—, trabaja con los materiales que tiene y, por desgracia, el material más abundante que nosotros tenemos es la basura».

Muñoz Molina ha argumentado que «en nuestro mundo, la basura no es un subproducto de nuestra cultura, sino el eje de ese mundo porque todo esta hecho para producir basura que, además, no desaparece», ha sentenciado.

El también autor de obras como El invierno en Lisboa y El jinete polaco ha explicado que la idea de hacer Un andar solitario entre la gente le surgió de forma casual y que cuando lo comenzó, en el verano de 2016, lo que quería «era contar lo inmediato; cómo era el mundo en ese verano, con el atentado de Niza, la fiebre del juego Pokemon Go, las noticias sobre el cambio climático y el amontonamiento de la basura».

«Entonces me vi escribiendo una especie de diario cuyas entradas muchas veces provenían del mundo publicitario y así fue como fue tomando forma la obra», ha señalado, hasta que por el camino se cruzó su cambio de casa en Madrid .

Para proseguir el trabajo, se trasladó a Nueva York, donde el libro, «sin yo quererlo, tomó forma en la crónica de un viaje de ida y regreso al refugio del silencio y la vida íntima», ha revelado.

Muñoz Molina ha agregado que «uno piensa que el libro tiene que tener una estructura, porque en las escuelas de escritura los profesores se ponen muy pesados con que tiene que haber una estructura, como si escribir tuviera que ver con la arquitectura».

«Yo creo que las mejores estructuras literarias son las que salen solas, de una manera natural», ha enfatizado el también autor de Beatus Lille (1986), Plenilunio, Sefarad y La noche de los tiempos.

El escritor jienense ha explicado también que su forma de trabajar «está hecha de fragmentos de forma intencionada», porque a él siempre le ha gustado mucho «la escritura instantánea y fragmentaria».

«La composición literaria en forma de mosaico refleja muy bien el tiempo que vivimos porque la ciudad y nuestro mundo, es por definición un mosaico; por eso la literatura con tanta frecuencia ha recurrido al mosaico, al collage y todo eso», ha argumentado.

«Cómo cuentas si no un mundo que está lleno de cosas fragmentarias que te llegan simultáneamente y que aparecen y desaparecen de forma efímera», ha concluido.

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