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Agencia EFE

El director de la Academia Colombiana ve en la unidad del español la clave para su futuro

Para Jaime Posada, director de la Academia Colombiana de la Lengua desde 1993, el gran riesgo al que se enfrenta el español es que se disperse y pierda así la entidad, por ello y para prevenirlo apuesta por la unidad entre sus casi 450 millones de hablantes.

«La unidad es muy importante porque, si no se enfatiza ese propósito, se corre un riesgo de dispersión de que la lengua vaya perdiendo su gran impacto mundial», comenta Posada en una entrevista con Efe poco antes de ser homenajeado por sus 25 años al frente de la Academia Colombiana, la más antigua de América.

Sin embargo, y ante las diferencias regionales de un idioma que hablan cerca de 450 millones de personas en cuatro continentes, considera también muy importante apostar por la unidad, «pero respetando las peculiaridades propias del idioma en cada país».

«Entonces diríamos que es unidad con respeto de la diversidad», señala Posada como fórmula para evitar que pase con el castellano lo mismo que con el latín, del que se desgajaron las lenguas romances con la caída del Imperio romano.

Posada, nacido en Socorro, en el departamento de Santander (noreste), llegó a la Academia Colombiana de la Lengua después de una larga trayectoria que le llevó a la política, como senador y representante a la Cámara por el Partido Liberal, y a la universidad.

En su currículum destaca su labor como secretario del presidente Eduardo Santos (1938-1942) y periodista en el diario El Tiempo, del que fue director del «Suplemento Literario» y jefe de redacción, entre otros.

Además fue rector, fundador y presidente institucional de la Universidad de América entre 1955 y 2006, ministro de Educación de 1961 a 1962 y gobernador del Departamento de Cundinamarca (centro).

Sin embargo, es la labor de director de la Academia, a la que ha dedicado un cuarto de siglo, la que le ha permitido ver la evolución del español en medio de la revolución de las comunicaciones desde una posición de privilegio.

Para afrontar el nuevo panorama y como parte de su labor, explica que tienen «contactos muy activos entre las academias americanas», con las que mantienen una labor de intercambio de visitas, reuniones generales y publicaciones: «todo lo que se puede hacer en cuanto a integración y buena vecindad», explica.

En opinión de Posada, la aldea global va a tener «un impacto interesante» sobre el español «por la interacción de los actores» que hará que no sea solo «un idioma monotemático, sino que recogerá aspectos y matices que le den una nueva imagen recogiendo las peculiaridades de cada región».

A este contexto llega el idioma español fortalecido por el gran número de hablantes que le permite «que se defienda por sí mismo», si bien confiesa que las academias se muestran siempre «alerta» para protegerlo.

Sin embargo, el director de la academia de la lengua más antigua de América también considera que la fortaleza del castellano se debe «al impacto del español en el mundo».

«El español fue adquiriendo una prestancia, una jerarquía muy notable que mantiene en este momento», explica Posada, quien considera que el incremento de la importancia de los países hispanohablantes en la geopolítica ha sido de gran relevancia.

Por todo ello, subraya la labor de las academias a la hora de defender el español, una defensa que considera que «no puede ser pasiva», sino «creativa y propositiva».

A sus 92 años, Posada también se remanga para adentrarse en uno de los debates que más han marcado la lengua española en los últimos años, el del lenguaje inclusivo.

«Hay una tendencia de igualdad de los sexos, pero como inclinación de respeto a la mujer, buscando que ella deje de ser un súbdito de los hombres y adquiera una instancia de igualdad. Se está logrando, pero todavía falta», afirma.

Por ello, considera que el lenguaje inclusivo «puede ayudar» a frenar «un vicio latinoamericano muy acentuado» y que el machismo actualmente vive en una guerra en la que está siendo derrotado, pero que «no es fácil» porque «los hombres más machistas tratan de no permitir» que el feminismo se imponga.

En ese punto considera que las academias tienen una labor importante por delante al incluir a más mujeres y «asignándolas a comisiones importantes, comisiones de defensa del idioma, buscando acabar ese machismo latinoamericano que causa muchos tropiezos y desequilibrios en los países».

«Si eso se logra, me parece un buen punto», concluye.

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