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Javier Bezos

Tex y Tipografía.com

TOPÓNIMOS: ¿CÓMO SE LLAMAN LOS LUGARES EXTRANJEROS EN ESPAÑOL?


Cuando pensamos en el nombre de un lugar (es decir, en su topónimo) normalmente se nos viene a la cabeza un único nombre o a lo sumo dos (el español y el original), pero en realidad la situación es más compleja de lo que parece a primera vista. 


Por un lado tenemos los endónimos, que son los nombres que se aplican dentro del territorio designado (endónimo es etimológicamente ‘nombre interior’). Un lugar puede tener los siguientes endónimos:

 

· Un nombre oficial en su forma larga; puede haber varios, como ocurre a menudo en África: République du Rwanda en francés y Repubulika y’u Rwanda en la lengua vernácula[1].

· Un nombre oficial en su forma corta, o varios; suele ser una parte del largo: España de Reino de España; Rwanda.

· Nombres vernáculos corrientes, que suelen ser los oficiales, pero no siempre: puede haber nombres de grupos lingüísticos concretos o asentados en el uso del lugar que no se han hecho oficiales.

· Nombres familiares, como Baires para Buenos Aires.

 

Los diferentes nombres que puede adoptar un lugar se llaman alónimos.

Los exónimos son los nombres que reciben los lugares fuera de su territorio (exónimo es ‘nombre exterior’). Por ejemplo, Londres es el exónimo español de London y Saragossa es el exónimo inglés de Zaragoza. Cuantos más lazos políticos, económicos o culturales haya entre un lugar y otro, más probabilidades hay de que exista un exónimo (cuando esos lazos se pierden, no es raro que el exónimo también se pierda).

Los exónimos se forman de varios modos: pueden ser adaptación de los nombres oficiales actuales, pero también pueden basarse en regiones históricas (aunque no se correspondan con el país actual), en la tradición (Alemania, Hungría) o en el préstamo de otras lenguas (Múnich o Moscú, del francés).

Especial importancia reviste el nombre tradicional de un lugar, pues la tendencia actual es usar endónimos con una única excepción: la existencia de un topónimo tradicional. Para que un exónimo se considere tradicional ha de usarse de forma relativamente amplia por una comunidad lingüística determinada y utilizarse con frecuencia en su tradición y en su literatura. Un exónimo de aparición esporádica no es un nombre tradicional, como tampoco lo es un nombre histórico, que es aquel que se halla en documentos históricos y no es de uso corriente. Por ejemplo, Mastrique es un exónimo histórico de Maastricht, no uno tradicional.

Las fronteras antiguamente no eran tan estables como hoy (recordemos que los territorios incluso eran objeto de compraventa, como Alaska), y no era raro tener exónimos basado en la lengua de la potencia que dominó el lugar en algún momento de la historia: Danzig no es más que el nombre alemán de Gdańsk.

Los exónimos muy rara vez se forman por traducción, y cuando ocurre suele ser porque ya hay una denominación tradicional. Por ejemplo, Costa Rica, El Salvador, Botswana y Burkina Faso se dejan así en multitud de lenguas (los ingleses no dicen, digamos, Wealthy Coast), pero Côte d’Ivoire se suele traducir (Costa de Marfil en español), al igual que ocurre con el Reino Unido o los Estados Unidos de América.

La elección de un exónimo también puede depender de las inclinaciones ideológicas, como en el caso de Myanmar, que suele implicar alguna simpatía por el régimen del país, frente a Birmania, usado a menudo por quienes se oponen a él.

También puede haber exónimos que tienen un cierto carácter semioficial, como los adoptados por los propios países en sus embajadas en el extranjero o en las relaciones internaciones. Especialmente importante es la lista de la ONU, aunque no sea la única.

Otro factor citado en ocasiones es si el nombre es un macrotopónimo, es decir, el nombre de entidades importantes, como países, capitales, océanos, mares, grandes ríos, etc., o un microtopónimo, es decir, de una entidad menor. En muchos casos la frontera es bastante subjetiva[2]; por ejemplo, ¿qué es un gran río? Sí parece claro que los nombres de los países y su capitales son macrotopónimos y con ellos la tendencia a crear exónimos es mayor que con los microtopónimos.

Finalmente, no es raro que los topónimos que tienen su base en lenguas africanas se adapten, aunque usen la escritura latina, mientras que los se basan el lenguas europeas se conserven. Más sobre este punto en Toponimia africana. 

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