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| Agencia Efe

Salvador Gutiérrez: «Me siento, como Raúl y Casillas, vinculado de por vida a la RAE»

Gran experto en Gramática, Salvador Gutiérrez siente «una enorme satisfacción» ante su inminente ingreso, el domingo, en la Real Academia Española, «el mejor club que existe para un filólogo», y quizá la institución española que, «junto con la Monarquía, mayor influjo tiene en el mundo hispánico».

«Me siento como Raúl y Casillas, los jugadores del Real Madrid a los que han hecho un contrato de por vida, porque a mí me acaban de hacer uno para la Academia», afirma en una entrevista con Efe Gutiérrez, catedrático de Lingüística General de la Universidad de León y autor de una veintena de libros sobre diferentes áreas del lenguaje.

Discípulo de Emilio Alarcos Llorach, este asturiano (Taballes de Bimenes, 1948) al que le apasiona la enseñanza y la investigación cubrirá en la Academia la vacante del filósofo Julián Marías y reconoce que sería «muy raro no sentirse minúsculo al ocupar el sillón (el ‘S’) de quien fue una gran personalidad del siglo XX».

«Marías conjuga como nadie la famosa frase de Ortega: ‘yo soy yo y mis circunstancias’. A Marías las circunstancias le impidieron leer la tesis doctoral y acceder a la cátedra, pero logró superarlas gracias a su personalidad y a su capacidad de trabajo y de sufrimiento», subraya.

Elegido académico en julio del 2007, Gutiérrez es consciente de que la RAE ha contado con él por sus amplios conocimientos de Gramática, y a esa disciplina dedicará el domingo su discurso de ingreso, titulado Del arte gramatical a la competencia comunicativa.

Le responderá otro gran experto en esta materia: Ignacio Bosque, el ponente de la nueva Gramática que han preparado las 22 Academias de la Lengua y que se publicará a principios del 2009, y también el académico que propuso la candidatura de Gutiérrez junto con Luis Mateo Díez y Francisco Rodríguez Adrados.

En su disertación el lingüista asturiano partirá del concepto tradicional de Gramática, «el arte de hablar y escribir correctamente», para explicar por qué «duró siglos una definición que no era apropiada», dado que la Gramática «describe los componentes morfológicos y sintácticos, es decir el sistema de la lengua».

Esa definición «murió en el siglo XX», hacia la década de los setenta, y en la actualidad «ha resucitado» porque «la nueva disciplina de la comunicación aborda de una manera científica, dentro de la lingüística aplicada, cómo se enseña una lengua extranjera y cómo una nativa», añade Gutiérrez.

Autor de Introducción a la semántica funcional, La oración y sus funciones y De pragmática y semántica, entre otros libros, Gutiérrez ha colaborado activamente desde 1999 con la Academia en la elaboración de la nueva Gramática.

Esta importante obra de referencia está prácticamente terminada, pero Salvador Gutiérrez supone «que habrá que seguir trabajando en ella. El gramático tiene mucho que decir en la renovación del Diccionario académico, que contiene una información gramatical importante, y también en el aspecto normativo, donde hay un campo inmenso de trabajo», señala.

El nuevo académico asegura que «ya no hay vuelta atrás» en la decisión que adoptó hace años la Real Academia Española de preparar las principales obras académicas «codo con codo» con las 21 Academias restantes.

«Ha sido un giro radical y fundamental, porque no podemos olvidar que el centro de gravedad del idioma no está en Castilla; está en Hispanoamérica. Tenemos que servir al idioma, y una de las mejores formas de hacerlo es trabajar todos juntos», subraya Gutiérrez.

La presencia de la Academia en la sociedad «ha crecido exponencialmente en los últimos años» y las visitas que recibe su página web constituyen una buena prueba, pero Gutiérrez opina que la influencia de la RAE «se podría mejorar en ámbitos como el de la enseñanza y en el de la terminología lingüística».

«La Academia podría liderar reuniones entre el Ministerio y las editoriales para que no hubiera tanta diversidad entre unos centros y otros y entre los diferentes manuales que se utilizan», afirma.

Estos días Salvador Gutiérrez vive «un momento febril» entre los preparativos de su ingreso y los cursos que imparte para profesores. Está tranquilo, aunque no sabe qué pasará el domingo cuando se ponga el frac que se exige para la ceremonia; o «el mono de trabajo para el ingreso», como él prefiere llamarlo.

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