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| Fabio J. Guzmán Ariza Academia Dominicana de la Lengua

Nuestro idioma: «Hombres trabajando» y otros gerundios

Regresaba de Santo Domingo a Santiago por la autopista Duarte muy de noche cuando alcancé a ver en la distancia dos letreros que decían «Hombres trabajando».

 

Miré a mi alrededor y no vi a nadie, como era de esperar casi al filo de la medianoche. Pronto me encontré con un desvío en la carretera y reduje velocidad. Vislumbro, de repente, un objeto denso y oscuro a pocos metros, que resulta ser un carro de la policía que transita con las luces apagadas. Luego del frenazo y de las maldiciones, logro serenarme y empiezo a reflexionar sobre el estado de mi país donde a diario suceden cosas así. Me pregunto qué podría hacer yo para mejorar la situación, y luego de larguísimas divagaciones, ya llegando a casa, concluyo —por enésima vez— que como no tengo ni el temperamento ni el talento ni la vocación para la vida pública, debo seguir concentrado en las pequeñas cosas, en cultivar, como Cándido, mi jardincito. Así, en vez de criticar la desorganización e irresponsabilidad seculares de nuestras instituciones –algo que muchos han hecho sin consecuencias de consideración–, dedico esta columna a denunciar un gerundio mal usado y atroz.

Supongo que la expresión «hombres trabajando» apareció por primera vez en nuestras carreteras luego de algún viaje hecho por su creador, de seguro un funcionario de la Secretaría de Estado de Obras Públicas y Comunicaciones, a la Florida o a Nueva York, en cuyas autopistas o calles vio letreros que decían «Men Working». De regreso a la República Dominicana, nuestro protagonista, convencido por la procedencia foránea de la frase de su incuestionable modernidad y superioridad, la tradujo literalmente al español y procedió a utilizarla en los rótulos que antes decían «¡Peligro!» «¡Tramo en Construcción!» o «¡Tramo en Reparación!», palabras estas que todos entendíamos y entendemos a perfección, pero que evidentemente carecen del caché, o mejor dicho –puesto que en inglés todo suena mejor–, del «feeling» de «hombres trabajando». De haber nuestro funcionario viajado a España y no a Estados Unidos, probablemente tendríamos hoy día adornando nuestra carreteras letreros con las palabras «Tramo en obras» o algo parecido.

Hubiese sido maravilloso si además de traducir la frase «Men Working», y a manera de compensación o justificación por el uso del barbarismo, nuestro funcionario hubiese importado también de Norteamérica los letreros lumínicos, las flechas gigantes y hasta el concepto jurídico elemental de que las autoridades deben ser responsables de sus descuidos e indemnizar a sus víctimas. Pero como sucede a menudo, sólo copiamos la forma y no el fondo, y continuamos con la práctica actual –tan pintoresca como ineficaz– de sembrar ramos de piñones en plena vía y de encender «jumeadoras» que se apagan de noche cuando llueve. Mientras tanto, el gobierno y sus dependencias siguen como de costumbre, perversamente irresponsables de todos sus desmanes, incluidos los gramaticales.

Pasando precisamente al tema gramatical, el gerundio es una las formas verbales que más se presta al mal uso en nuestro idioma. Usado de manera correcta, generalmente de manera adverbial, se refiere a una acción principal o verbo, expresando modo («pasaba la mañana leyendo»), medio («corriendo muy deprisa, pude llegar a tiempo»), causa («siendo del Cibao, habla con la i»), condición («aunando esfuerzos, podremos vencer») o tiempo («se sintió enfermo estando en el teatro»).

Cuando el gerundio expresa tiempo, puede ser una acción simultánea a la del verbo principal («teniendo doce años, inició sus estudios de bachillerato»), inmediatamente anterior («apretando el gatillo levemente, lo mató sin misericordia») o inmediatamente posterior («salí de puntillas, cerrando la puerta sin hacer ruido»).

Se considera incorrecto el uso del gerundio para significar posterioridad no inmediata al momento del verbo principal, como en los ejemplos siguientes: «El avión se estrelló en el monte, siendo encontrado a los dos días», «El ladrón huyó con el botín, siendo alcanzado luego por los policías», «Se retiró de la profesión a los 70 años, recibiendo, poco después, la Orden de Duarte, Sánchez y Mella». En estos casos, se debe prescindir del gerundio: «El avión se estrelló en el monte y fue encontrado a los dos días», etc.

Tampoco es aceptado el uso de gerundio para expresar consecuencia: «Frenaron causando un accidente», «El albañil se cayó del andamio, matándose». Lo apropiado sería: «Frenaron y causaron un accidente», «El albañil se cayó del andamio y se mató».

El error más común en nuestro medio jurídico es el gerundio que se convierte en un adjetivo en función de atributo, como ilustramos a continuación: «Depositó el índice conteniendo la lista de documentos», «Se leyó la sentencia disponiendo la ejecución de la pena», «Se trata de una ley regulando la evasión fiscal», «Se necesita secretaria sabiendo inglés», y, por supuesto, «Hombres trabajando». Lo correcto es: «Depositó el índice que contiene la lista de documentos», «Se leyó la sentencia que dispone la ejecución de la pena», etc. La Academia sólo admite dos excepciones a esta regla: «agua hirviendo» y «palo ardiendo».

Por último, conviene evitar el uso del gerundio con sentido de presente actual o habitual, lo cual ocurre con mucha frecuencia por efecto del inglés: «Esta semana está siendo discutida la ley en el Senado», «El Gobierno está examinando la preocupante situación y está considerando la posibilidad de convocar a los gremios». Lo acertado sería: «La ley se discute esta semana en el Senado», «El Gobierno examina la preocupante situación y considera la posibilidad de convocar a los gremios».

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