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| Juan Carlos Rodríguez
ecodiario.eleconomista.es, España
Jueves, 5 de noviembre del 2009

LA «LITERATURA MÓVIL», ESE GÉNERO EN AUGE

La popularidad del teléfono móvil —según la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones en España hay en torno a 48 millones de líneas—, casi una prolongación de nuestras manos, ha originado una incipiente literatura propia.


El uso del móvil como soporte de e-books tan sólo está, por el momento, limitado al uso de teléfonos de última generación; en cambio, la extraordinaria explosión de los mensajes de texto o SMS (del inglés: short mensage service) ha originado su uso también como formato narrativo, constreñido a los 160 caracteres a los que se limita.

Extraordinariamente difundido en Japón, la «literatura sms» o «móvil», está modernizando el microrrelato y transformando el concepto de novela, obligatoriamente fragmentaria y sorpresiva, devolviéndonos de nuevo a su difusión o entrega por capítulos o, en este caso, minicapítulos.

En España, no acaba de expandirse como podría augurar la invasión del teléfono móvil en nuestras vidas. Al fin y al cabo, Japón es el país con mayor índice lector y mayor industria editorial en todo el mundo.

Pero es, indiscutiblemente, un nuevo género literario. Una nueva transformación del acto de leer, pero sobre todo una nueva forma de enfrentarse al hecho literario. «Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando una línea», que escribiría Augusto Monterroso.

En España las empresas de contenidos en Internet, y más aún las editoriales, todavía ven la pantalla del móvil como un uso relativamente aislado, literariamente hablando, aunque ya son unas cuantas las que han adecuado sus ediciones para este tipo de soportes, algo a lo que la llegada del iPhone le ha dado además un fuerte empujón.

Prueba piloto: 0,50 euros por texto

El portal Bubok y Telefónica han sido de los primeros en ofertar literatura móvil: los «anticuentos» de Juan José Millás, género híbrido entre cuento y artículo, se pueden descargar con el envío de un mensaje ALTA MILLAS al 404. Tal cual se descarga un tono o se participa en un concurso.

Los textos, de 40 líneas en pantalla, han sido ofertados por Movistar: los cuatro primeros gratis y el resto, unos treinta, a 0,50 euros cada uno. Comenzaron a estar, en principio, disponibles cada viernes.

«Ésta es una prueba piloto, pero ya estamos pensando en distintas opciones para dinamizar el servicio, por ejemplo, que los propios usuarios puedan proponer temas a Juan José Millás o que sean ellos mismos quienes terminen las historias», afirma el director de Bubok, Ángel María Herrera.

Mientras el propio Millás, apasionado de las nuevas tecnologías, afirma: «El móvil es un artefacto excelente para leer textos breves. Ésta es una herramienta más que se nos brinda. No veo por qué tenemos que renunciar a un nuevo medio de difusión de la literatura y de la cultura. La humanidad ha tenido una resistencia habitual e histórica a las innovaciones, esto se acentúa con los discursos apocalípticos».

«Yo creo que los distintos soportes pueden convivir y complementarse —sigue afirmando el novelista y columnista—. Los soportes seguirán variando con el tiempo: unas veces predominarán unos y luego los otros; unos y otros tienen ventajas y desventajas, pero lo importante es la difusión de la cultura y el fomento del hábito de leer. Madame Bovary seguirá siendo igual de genial si se lee en imagen o en papel».

Millás en el fondo es un señuelo, porque detrás de él el objetivo de Bubok es abrir nuevas plataformas para los escritores jóvenes. «Ofrecer a los nuevos autores una plataforma para darse a conocer», según Marta Bernal, encargada de marketing de Bubok.

Otra propuesta es «La veritable història de Harald Bluetooth», un texto de ficción sobre el rey de Dinamarca escrita por Màrius Serra cuyo apellido, transformado al inglés desde el danés Blatand, ha dado nombre a la tecnología homónima de conexión inalámbrica de corto alcance.

El relato se distribuye de un modo muy peculiar: en forma de audiolibro para teléfonos móviles, descargable (vía Bluetooth, por supuesto) en un centro comercial de Barcelona por la firma que lo ha patrocinado, FuturLink.

Enrique Dans no desdeña que estos intentos puedan llegar a fructificar: «Ahora mismo nos parece una locura; sin embargo, es preciso tener en cuenta que existe toda una generación que no se separan de su móvil ni a sol ni a sombra… Ese tipo de hábitos, unido a la evolución de los terminales móviles, podría fácilmente abrir un mercado que hasta el momento ha estado vinculado únicamente a mercados como el coreano o el japonés».

En Japón el fenómeno es imparable, no sólo porque el 70 % de los japoneses tienen conexión a Internet en su móvil —en España apenas se alcanza el 10 %—, sino porque novelas digitales, en su mayoría románticas y también policíacas, distribuidas y escritas para móviles han dado el salto al papel.

Novelas telefónicas

Entre los 10 libros más vendidos en Japón en 2007, cinco de ellos —incluidos los tres primeros de la lista— tienen su origen en novelas telefónicas. Y no sólo eso, Koizora, por ejemplo, con 25 millones de lectores en versión móvil y dos millones de copias vendidas desde su publicación en papel en 2006, ha saltado con idéntico éxito al cine y a la televisión.

La cuestión es que hay toda una generación de japoneses que consideran el móvil no sólo su principal medio de comunicación, sino también su herramienta de lectura. Portales como el visionario Maho no i-rando, Mobage Town o Digi-Book, dedicados en exclusiva a la venta de novelas cortas (ketai shosetsu) para soportes electrónicos, registran unas ventas anuales de 1.000 millones de yenes (7,7 millones de euros), y cuentan con una plantilla de jóvenes escritores que no sobrepasan la treintena.

Literatura por veinteañeros para veinteañeros y adolescentes, sobre todo mujeres: con frecuencia de melodramas, lenguaje coloquial, frases cortas y emoticones. Muchas «novelistas de pulgar» nunca antes habían escrito ficción, y muchos de sus lectores nunca habían leído novelas.

La secuencia viene a ser así: Una muchacha deprimida escribe su historia en un teléfono móvil. En menos de veinte días termina una novela. Vende un millón de copias. Cientos de adolescentes la imitan. Millones de lectores esperan sus historias. Los críticos hablan de un género literario peligroso. ¿Sobrevivirán las novelas tradicionales a esta amenaza?

¿Acaso el dedo pulgar puede destruir la literatura? La chica existe. Se llama Rin —el Nick o seudónimo habitual en los chats triunfa también en el negocio editorial de telefonía móvil—, tiene 21 años y su historia, «If you», que publicó en la web para autores noveles Maho no i-rando (que asegura que oferta un millón de libros de este tipo), fue tan leída que se editó en papel, alcanzando el quinto lugar entre los libros más leídos en 2007.

Y Rin opina: «La gente de mi generación no lee las obras de los escritores profesionales porque sus oraciones son difíciles de entender, su estilo es deliberadamente verborrágico y lo que cuentan no es familiar para nosotros. Por otra parte, yo comprendo que los japoneses de más edad no quieran reconocer mis textos como novelas. Los párrafos y las oraciones son demasiado simples, la trama es siempre predecible. Pero yo sí quisiera que se reconozca a las novelas para celular como género literario».

Genéricamente, cuando un lector nipón tiene acceso a los servicios editoriales de un portal de Internet, con una amplia gama de novedades donde elegir, sobre todo novelas románticas y policíacas, aunque también novelistas pulp con toques eróticos y también de terror, puede seleccionar todo lo que quiera por 300 yenes (unos 2,7 dólares) al mes.

Mujeres, la mayoría de los abonados

Las novelas se publican en una serie diaria o semanal, con unos 2.000 caracteres en cada entrega, y con un sistema automático para retomar la lectura en el lugar dejado en último lugar. La editorial Shincho, una de las principales de Japón, consiguió 30.000 abonados a su servicio tan sólo dos años después de su lanzamiento.

«Las personas que más utilizan los teléfonos móviles son las mujeres, las adolescentes y de 30 años de edad. Y en realidad, el 70 % de nuestros abonados son mujeres de esa generación, por eso ellas son nuestro objetivo», según dijo a Efe Takuo Murase, portavoz de la editorial Shincho.

Nuevas lecturas para nuevos tiempos. Según una encuesta de Shincho, la gente lee la «literatura móvil» en el metro y antes de dormir en la cama, gracias a la luz propia de la micropantalla del teléfono móvil, lo que permite leer en la oscuridad sin molestar al vecino, o incluso mientras se lleva al bebe en brazos.

Maltratada por la crítica, incluso japonesa, como literatura de entretenimiento sin excesivos bucles argumentales, el editor de Shincho invita a ver algunas de sus ventajas: «En la actualidad, la generación de lectores está envejeciendo y muy pocos jóvenes leen libros. Con las novelas para móviles creo que por lo menos los adolescentes se podrán acostumbrar a leer literatura. Y así su interés se extenderá luego hasta los libros impresos».

Según publicaba a principios de septiembre el diario francés Le Monde, desde abril de 2007 hasta marzo de 2008, la descarga de este tipo de obras ha supuesto 28.500 millones de yenes (184,2 millones de euros). Y, lo que es más importante, ha reflotado a la industria editorial tradicional. Y eso que, en su génesis, fue visto como un «género indigno».

En España, como en toda la geografía europea, por el momento, la escasa difusión de la literatura móvil está constreñida a la proliferación de concursos de microrrelatos, que se asocian indiscutiblemente con la ciencia ficción. Porque el género es, incluso sobre el papel, pura ciencia ficción.

Contenidos inagotables

En su origen, la literatura móvil arraiga, sobre todo en Japón, como microrrelato o un moderno haiku. José María Merino, el autor leonés maestro del género autor de El hombre invisible —«Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello»—, afirma que el microrrelato es la «esencia misma de la literatura» y defiende su difusión tecnológica a través del móvil.

«Hacer literatura, un cuento, y leerlo a través de un mensaje sms en el teléfono móvil es fantástico. Las nuevas tecnologías han cambiado las maneras de escribir, en especial lo que se llamaba arte epistolar. Todo se comprime, hay guiños y se abrevia radicalmente. Son formas instantáneas de comunicación que estimulan la imaginación».

Aunque, más aún en el móvil, el género está por romper. Merino obtuvo el prestigioso premio Salambó con La glorieta de los fugitivos (Páginas de Espuma), una joya de 200 microrrelatos. Su editor, Juan Casamayor, afirma: «El género breve tiene más aceptación en esta sociedad del ritmo acelerado; entre dos paradas de metro te lees una historia completa; además, es el género de la pantalla: cabe en el e-mail, el móvil…».

Y los contenidos son inagotables. Cuando despertó, Monterroso todavía estaba feliz. Algo así, usurpándole el microrrelato más famoso de la historia de la literatura hispana y convirtiéndolo en un dinosaurio más que contento. Esa sería, la felicidad, la reacción de Monterroso si volviera del más allá y viera convocatorias como la del certamen de Hiperbreves de Movistar, el Concurso de Microrrelatos por SMS de la Universidad Popular de Mérida o el Primer concurso Twitter de relatos breves de ciencia ficción.

Monterroso reciclado, al fin y al cabo, porque la ambigua etiqueta del género —microcuento, cuento brevísimo, minicuento, cuento breve, minificción, microrrelato, cuento minúsculo, relato breve, relato hiperbreve o relato minimalista— se asienta en su carácter híbrido: economía de palabras, capacidad de insinuación, elipsis y cruce de géneros, cierta predisposición a lo fantástico.

La difusión del SMS, y de su literatura, está condicionada a la mixtura de su lenguaje, caracterizado por el ahorro espacial y económico: abreviación de palabras, supresión de letras, uso de emoticonos? que en determinados casos le confiere una apariencia jeroglífica, iconográfica y funcional.

Sin embargo, cuando nos limitamos a constatar el uso narrativo del teléfono móvil, este lenguaje XAT tiende a desaparecer. Su uso está, por supuesto, muy difundido entre el segmento juvenil —el que más usa los mensajes de texto— pero tiende a corregirse o transformarse hacia el lenguaje tradicional.

Porque la «literatura móvil» no se limita, como en su origen, a crearse desde el propio teclado de un teléfono móvil, sino que cada vez más se escribe y difunde desde Internet, a partir de comunidades virtuales y web 2.0, más clásicas en el uso del idioma al no tener la limitación de las doce teclas de un teléfono GSM o los 160 caracteres como máximo por los que se tarifa el envío de un SMS.

Lo bueno y lo malo

«El móvil puede ser tan maravilloso como dañino: empobrece la redacción, sobre todo en la gente joven, pero también es una forma de animar el acceso a la literatura», admite Casamayor. Sin embargo, la literatura móvil es una pasión con desigual seguimiento, casi tan irregular como el incierto panorama de la blognovela.

En España ya ha habido intentos desde 2004, como el del colectivo de escritores de ciencia ficción, Ciberpunk.org, que ofertó una suscripción por 3 euros al mes, que daba derecho al usuario a leer todo el archivo del sitio y un capítulo nuevo al día de cada una de las novelas en publicación. Además de un minirrelato al día de Suso del Toro.

Aunque el concepto literario del «microrrelato», inserto en la tradición de Francisco Ayala o el propio Juan Ramón, no acaba de casar con el desarrollado en las novelas por entregas japonesas, que enlaza innegablemente con el fenómeno ya caducado de la novela de quiosco, ya sea de western o romántica. Puro entretenimiento.

Escrito de tú a tú, además, en el lenguaje de todos los días. Escritas en primera persona del singular, muchas de las novelas por entregas japonesas parecen más bien diarios personales, plenas de morbo: sexo adolescente, violación, embarazo y una enfermedad mortal, e influenciadas por la manga. Por tanto, difícilmente extrapolable.

Enrique Dans insiste en el camino, y así lo sostiene en su web: «El desarrollo del uso del móvil como plataforma de lectura o, en general, con usos más sofisticados que el de mero terminal telefónico es algo que la empresa tiene que aprovechar».

Y Joaquín Rodríguez, uno de los mayores conocedores de los nuevos entornos editoriales y digitales, apunta: «Es posible que la legibilidad del texto de Kafka en una pantalla de teléfono móvil sea, todavía hoy, insufrible, pero no pasarán demasiados años hasta que dispongamos de terminales mejor adaptados a la lectura».

Estará por demostrar, por contrastar, añade Rodríguez, «si la experiencia de la lectura en los diferentes soportes resulta equiparable o, por el contrario, deriva en prácticas y usos incomparables, como sostiene, por ejemplo, Roger Chartier, y que muchos de nosotros seguimos y creemos».

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