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| Elba Meana
Corrientes Opina, www.corrientesopina.com.ar, Argentina
Lunes, 31 de agosto del 2009

EL MITO DE LA PUREZA DEL IDIOMA. RUPTURAS

Abstract


Existe consciente o inconscientemente entre las personas una «lucha discursiva». Ésta no hace más que poner de relieve los múltiples y legítimos usos que los hablantes hacemos del lenguaje: las «variedades lingüísticas», ya que el lenguaje no es invariable sino mutable. En razón de ello, este texto se propone ofrecer una de las posibles miradas ideológicas (el lenguaje es ideológico) que este fenómeno acredita: una lucha por el poder de decir. Su legitimidad lingüística. ¿Hasta dónde es posible hablar de la «pureza» del idioma?, ¿qué es correcto decir?, ¿desde qué criterio científico?, ¿cuál es el corolario pedagógico de esa posición asumida?, ¿qué deberá tener en cuenta la escuela para promover adecuadamente el idioma?, ¿hipótesis de la deficiencia o hipótesis de la diferencia?


Qué es lo que en realidad «se dice» cuando «se dice» algo

La interacción verbal es una de las características del lenguaje más importantes: la de la comunicación. No es menos destacable la actitud que se asume cuando se habla. ¿Qué es lo que en realidad «se dice» cuando «se dice» algo?, ¿qué se está haciendo con el lenguaje (Austin,1962/ Searle, 1969) cuando se habla o se escribe?

El hablante puede así, afirmar, ordenar, suplicar, confirmar, rechazar o anticipar posibles respuestas.

El error conceptual del «lenguaje deficiente»

En realidad, la noción instalada en algunos grupos sociales de que el lenguaje de ciertas personas «es deficiente» (sic) descansa en un grave error conceptual (Raiter, 2.004) acerca de la naturaleza del lenguaje humano. Si lo natural es el lenguaje, lo construido son los dialectos. El sistema lingüístico es en sí mismo un sistema de variación: la principal característica del lenguaje es que es mutable. Esta mutabilidad es un universal lingüístico. El lenguaje refleja los distintos momentos históricos de las situaciones comunicativas (Bordieu, 1982), las determinaciones psicológicas y culturales desde las que lee y escribe, los roles (Hymes, 1964) desde donde se habla, las redes (Milroy, 1988) que el hablante entreteje más allá de su clase social, y su siempre diversa «formación discursiva» (Pecheaux, 1969/Foucault, 1961) que condiciona o legitima la validez y pertinencia de los enunciados.

El lenguaje no es un reflejo de la realidad sino que la representa y simplifica. Esta simplificación es siempre ideológica y la ideología no siempre es consciente. Cada vez que el hablante simplifica o reduce un determinado enunciado es porque hay razones de contexto de situación que así lo determinan. El contexto de situación a su vez remite al plano de la conciencia, que en términos de Voloshinov (1929), no siempre es individual sino social.

Usos y evaluaciones sociales del lenguaje

Los usos y las evaluaciones que los hablantes hacen del lenguaje son variables y dependientes del grupo social, edad, género (está probado que el lenguaje de hombre y mujeres es notablemente diferente), nivel cultual y también factores de poder y status del hablante en el grupo. Algunas expresiones que para los adultos podrían ser crípticas o censurables se fundan en la necesidad de identificación de los jóvenes, de ratificación de filiaciones o sentimientos de pertenencia a un grupo, en un mundo de dislocación familiar e institucional cada vez más progresiva.

Los lenguajes (dialectos) que usan los jóvenes y otros grupos sociales de exclusión son la manifestación especular de una disgregación social que la lingüística no cuestiona, ya que para esta ciencia no hay un dialecto más digno de respeto que otro. Antes bien: trata de explicarlo. Éste es el principal objetivo de la sociolingüística. No se pueden prescribir normativas en términos de una regla invariable, ya que la variación, como se ha dicho, es intrínseca al sistema lingüístico.

Los grupos sociales más beneficiados no adhieren por lo general a mecanismos de ideología solidaria o corporativa porque su inserción social nacional o internacional es más favorable y por lo tanto individualista (Raiter, 2.004). Se impone en tales casos la lengua estándar, que es el dialecto social de la clase dominante.

Por qué algunas personas condenan ciertos usos lingüísticos

Las personas que pertenecen a estos grupos más beneficiados condenan (Kroch, 1978) las variedades dialectales, aunque también las usan sin saberlo, porque éstas son portadoras de valores sociales e ideologías diferentes, y esto es sentido como una amenaza.

El problema no es lingüístico, sino de actitud frente a lo que debiera constituir la tolerancia frente a las variedades dialectales, ya que representan a una sociedad que nunca es homogénea.

Existen estas variedades, porque existen al mismo tiempo conviviendo diferentes clases sociales, regiones, géneros, edades desde las cuales se lee, se habla acerca del mundo que nos rodea. Habitamos una sociedad donde la distribución social del conocimiento es heterogénea y donde el lenguaje, que es un bien social, circula como la moneda: restrictivamente.

Prejuicios sobre el chat y los mensajes de texto

A menudo se le endilga al chat y a los mensajes de texto el progresivo deterioro del idioma. Estas acusaciones pertenecen al plano de la mera doxa (opinión). En el plano de la ciencia o «episteme» cabe subrayar, en cambio, que el lenguaje que se utiliza en el chat y en los mensajes de texto corresponde al plano de la oralidad y no de la escritura. Se pone por escrito lo que se habla. Tiene, por tanto, las características propias de la oralidad: es más circunstancial, flexible y ambigua, contiene implícitos que se reconstruyen por el contexto (Cassany, 1998).

Existen dos restricciones más: 1) debe ser breve (razón técnica) y: 2) Esta brevedad implica dinero (razón económica). Ahora bien: una persona que lee y escribe de manera autónoma conoce muy bien la diferencia entre este estilo de comunicación y un libro: ubicado taxativamente en el plano de la escritura, constituye una comunicación diferida, por lo que el registro deberá ser más explícito que la oralidad, debido a la ausencia del interlocutor.

Lavov, un catedrático de la Universidad de Pensilvania ha revolucionado la lingüística a mediados de los 60' al demostrar que a ciertos grupos de hablantes los unen mucho más sus prejuicios lingüísticos que sus propios hábitos, que, por otra parte, son mucho más variables de lo que ellos consideran. Por ejemplo: en la ciudad de Buenos Aires se podría considerar el uso de la /s/ como (plural) en franjas de edad diferentes. Así: mientras un 40 % de jóvenes de entre 15 y 25 años la usa, hay un 65 % de personas entre 56 y 65 años que la emplea como variante lingüística. Como se ve, este porcentaje es mucho más bajo de lo que el hombre común creería si fuera consultado.

Las formas puras no existen para la ciencia. Hipótesis de la diferencia

La homogeneidad que pretenden algunos puristas del idioma es una utopía. A tal punto que para algunos especialistas la lengua estándar no existe. La variación implica una zona de conflicto cuya imposición dependerá del tiempo y del prestigio del grupo que la usa. «Maestra» devino en «señorita» y luego en «seño». «Cinta» fue un tiempo «film», para luego transformarse en «película»; hoy para algunos es «peli».

El conocimiento de todo el léxico español y su respectiva gramática no habilita al hablante en cualquier situación comunicativa. Más rica será lingüísticamente aquella persona que más variedades de lengua sea capaz de manejar según el contexto en que se encuentre, los interlocutores y el tema a desarrollar. La ponderación de registro (culto/vulgar) es una evaluación social y no lingüística, ya que para la ciencia no existen las formas puras, sino las adecuadas y no adecuadas.

El grado de ritualización de un contexto es el que determinará si corresponde decir: «Sebastian» (Sebastián), si se está hablando de Bach en una conferencia sobre la música del siglo XVIII, o llamar “Seba” al hijo cuando se lo necesita con urgencia.

Estas variedades lingüísticas deben ser conocidas y comprendidas en su legítimo contexto y desde un campo del saber debidamente autorizado en lo científico. No es desde la hipótesis del déficit (como hoy la opinión común o «doxa» tiende a estigmatizar), de la demonización de las variedades lingüísticas como se creará conciencia social respecto de la valoración del idioma español.

Es conociendo y comprendiendo cómo se imbrican estos diversos usos en los discursos sociales como la aportación a la divulgación y promoción de la lengua española es más valiosa y contundente. Es desde la hipótesis de la diferencia: allí se muestra toda la lógica y la complejidad interna de las variedades no estandarizadas, la distancia casa-escuela. Es también desde allí que se deberán pensar con rigor científico las estrategias que deberá manejar la escuela para mejorar de manera más efectiva y no meramente formal la calidad de los aprendizajes.

El papel de la escuela

Es tarea de la institución escolar la enseñanza de la lengua desde la perspectiva de estas variedades lingüísticas, hasta llegar al manejo de la lengua estándar, más estable y homogénea, y de vital importancia para la adquisición de saberes considerados básicos. Cabe destacar que estos contenidos aquí descriptos figuran en todos los Diseños Curriculares (de la Nación y Provincias), aunque es probable que no todos los docentes tengan el necesario capital simbólico para reconocerlos, y fundamentalmente, aplicarlos. De allí la necesidad de capacitación.

No sólo de la riqueza del idioma y de las variedades lingüísticas se debe ocupar la escuela: también y sobre todo le cabe la difícil tarea de mostrar al alumno cómo se construye el sentido a través del lenguaje y sus diferentes modalizaciones, ya que no es el material bélico, por letal y poderoso que sea, el que signa el poder de las naciones, sino la imposición del significado el tema sustantivo que ocupa hoy a los poderosos del mundo: saben que «el capital» del lenguaje (con todas sus distorsiones y ocultamiento) es el conocimiento y éste: producción.

Es desde la escuela que estas diferencias lingüísticas ya instaladas socialmente (en definitiva diferencias culturales y económicas) pueden ser solventadas. Como subraya Halliday (1982) es el único lugar desde donde «es posible construir la resistencia». En este sentido, es necesario enfatizar que la escuela ha sido en la pasada crisis del año 2.001 la única institución acreditada desde la cual se sostuvo el entramado social gravemente amenazado. Y todavía hoy (además de enseñar, que es lo principal) se encuentra en esa titánica labor.

Démosle entonces, el beneficio de la paciencia.

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