Noticias del español

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Enrique R. Soriano Valencia

correo-gto.com.mx

Jueves, 30 de junio del 2011

CHISPITAS DE LENGUAJE: TINO Y TONO


Dicta un dicho popular: «según el sapo, es la pedrada»; pero de nada servirá si no se da en el blanco. Supongo que para David fue muy importante considerar el tamaño de la piedra para derribar a Goliat. Una pequeña no hubiese tenido gran mella en aquel gigante, aunque diera en su cabeza. Al escribir sucede lo mismo: es fundamental considerar ambos aspectos, el tino y el tono de su documento.


 En cualquier texto es imprescindible tomar en cuenta a nuestro receptor. Eso determinará la forma en que nos dirigiremos a él y el tipo de palabras por usar; orden de exposición y voces.

 

Considere, amigo lector, en un documento la siguiente información: «El consumo regular de sustancias inhalables provoca en el usuario daños irreparables en su cerebro». Si los lectores del documento serán padres de familia, es preferible exponer el mensaje en orden diferente al que se aplicaría si fueren muchachos. El tino pretende causar un efecto: «El consumidor de inhalables provoca daños irreparables en su cerebro por el uso regular». El mensaje inicia por una tercera persona gramatical (él), lo que hace propicio la identificación del adulto (yo) con el hijo en edad de riesgo (él). Si el documento está dirigido a muchachos, el mismo mensaje podría enunciarse así: «Daños irreparables en el cerebro ocasiona el consumo de inhalables en quien recurre a ellos regularmente». Ahora el impacto inicial del enunciado es la consecuencia por su uso. El propósito es que el lector identifique de inmediato su eventual caso y reflexione. Esto es tino: dirigir el mensaje al perfil del lector. La forma de organizar un enunciado lo atrapará. Si éste no se identifica desde el inicio con la información, su interés disminuirá. Y si todo el orden del documento se desarrolla tomándole en cuenta, es más probable que lo considere de gran interés, atractivo, importante.

 

Por otra parte, el lenguaje no sólo debe ser accesible a quien lee, también debe reflejar cortesía. Estos dos aspectos se consiguen con la selección de palabras. El lenguaje no común debe ser para especialistas. Las palabras de uso poco frecuente (llamadas «domingueras» en México), tampoco son una buena opción. El lenguaje coloquial debe ser el recurrente.

 

Pero en este último aspecto, el redactor debe tomar en cuenta que el lenguaje coloquial varía de región a región. Escribir para Internet, por ejemplo, ofrece singularidades por considerar (el manual de estilo de Fundéu es una excelente fuente para solucionarlo).

 

En ello también radica la cortesía. Un redactor que no toma en cuenta a su lector, no es cortés. Sólo está considerando su propia necesidad de escribir.

 

La tonalidad de un texto varía según las palabras utilizadas. La oración «Someto a su superior consideración el documento anexo. Quedo en espera de sus atentos comentarios»; evidentemente tiene un tono distinto a «Agradeceré revise el documento anexo. Quedo en espera de sus comentarios». El contenido del mensaje es idéntico, pero el tono es diferente. En ello jugó un papel fundamental la selección de palabras. Voces con cargas positivas hacen más grata una lectura que su ausencia.

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