Noticias del español

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Patricia Pedraza

www.hoytamaulipas.net

Martes, 15 de noviembre del 2011

AHORA SOMOS ‘HISPANOUNIDENSES’


Latino, hispano o hispánico, ya forman parte del pasado para las personas que hablamos español en Estados Unidos. Ahora somos «Hispanounidenses».

 


Así lo dio a conocer la Academia Norteamericana de la Lengua Española en Nueva York, cuya misión es fomentar el uso correcto de la lengua española en la Unión Americana. «Hispanounidense», describe a las personas que residen en Estados Unidos de origen hispano, hablen o no hablen español.


El nacimiento de esta nueva palabra obedece según su creador, el escritor y catedrático Gerardo Piña-Rosales, ya que él afirma que las otras no se escuchaban bien, entonces «Hispanounidense» le parece un poco más acertado.


Como decimos en mi rancho, «la costumbre se hace ley» y mientras más la escuchemos más la usaremos. Vamos a darle tiempo al tiempo y ojalá tenga buena aceptación entre los que parleamos el español en tierras gringas.


Como dice este conocedor de la lengua, las academias no crean palabras, sino nosotros, el pueblo, la gente. Después, si el nuevo vocablo arraiga (sobre todo porque no atenta contra el genio de la lengua), si millones de personas lo usan, las academias lo recogen en sus diccionarios. En este caso le toca a la  A.N.L.E. darle nacimiento a este nuevo adjetivo para los millones de hispanohablantes que vivimos en Estados Unidos.


Y es justo aquí donde muchas de las voces que hoy se consideran anglicismos inaceptables, al cabo de los años y por el uso reiterado que de ellos hace la población, cuentan los expertos que acabarán siendo parte legítima de la lengua española.

 

En mi opinión personal existe también el riesgo en la adopción de estos nuevos vocablos porque hay algunos que en lugar de embellecer y enriquecer a nuestro idioma podrían causarle fealdad y empobrecerlo lingüísticamente hablando. Sobre todo en un país donde pululan las variaciones léxicas del español, pues tenemos 21 países hispanohablantes con sus culturas y regionalismos y de cada uno de ellos un buen porcentaje vivimos en estas tierras estadounidenses, donde por supuesto todos defendemos orgullosamente nuestro español. El venezolano aboga por su propia lengua y modismos, al igual que el colombiano y  el centro-americano. Por supuesto los  mexicanos no nos quedamos atrás, sin olvidar tampoco a mis amigos del Caribe.

 

Sin duda alguna lo importante de todo esto es recordar el origen de nuestra lengua española que, como dijo Ramón Menéndez Pidal, quien fuera un filólogo, historiador, folclorista y medievalista español, «la base del idioma es el latín vulgar, propagado en España desde fines del siglo III a.C. que se impuso a las lenguas ibéricas». Otro elemento conformador del léxico en el español es el griego, puesto que en las costas mediterráneas hubo una importante colonización griega desde el siglo VII a.C. Y así podemos continuar con su evolución hasta lo que vivimos hoy en día.


El español de nuestros tiempos está en las manos de las generaciones nuevas de cada país sin lugar a dudas. Sin embargo, enfocándonos en Estados Unidos, su futuro está en las nuevas generaciones de «hispanounidenses», es decir nuestros hijos,  y los hijos de nuestros hijos, quienes tienen la responsabilidad de valorarlo, apreciarlo, protegerlo y hacerlo crecer sano y fuerte día a día.

 

 La única forma de lograr que el español se mantenga vivo, fuerte y sano, es precisamente hablándolo, leyéndolo, escribiéndolo.


«La pluma es la lengua del alma» y «El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.»—Miguel de Cervantes Saavedra—

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