La Fundación del Español Urgente (Fundéu) recibió el Premio Cultural de la Asociación Española de Editoriales de Publicaciones Periódicas por su defensa del buen uso del español y por ser «uno de los grandes referentes de los medios de comunicación» en este ámbito.
El Diccionario panhispánico de dudas (DPD) recibió, en su primer día en internet, unas 10.000 consultas, según dijo el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, quien interpretó esa elevada demanda como una prueba del gran interés por el uso correcto del español.
La Fundación del Español Urgente (Fundéu) y la Federación Nacional de Empresas de Publicidad (FNEP) firmaron hoy un acuerdo por el que la primera de estas dos entidades asesorará a los profesionales del sector publicitario en el uso correcto del idioma español.
Con frecuencia leemos textos, sobre todo periodísticos, donde se hace un uso impropio de las letras mayúsculas. Recientemente me llegó un excelente artículo, escrito por un talentoso ingeniero, donde comprueba lo utópico del proyectado gasducto entre Venezuela y Argentina. Con un razonamiento impecable, más cifras difícilmente desmentibles, se muestra allí la inviabilidad del proyecto, y, lo que es peor, lo perjudicial que sería para la economía venezolana si llegara a construirse. Pues bien, cada vez que en ese artículo, y son muchas, se nombra la palabra gasducto, se escribe con mayúscula.
Abogado de profesión, Fernando Serrano Migallón perfila los retos que tiene la Academia Mexicana de la Lengua y comenta cómo lleva a cabo su labor la institución.
Fernando Serrano Migallón, nuevo miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, enfatiza que la institución no es una camisa de fuerza para el idioma, y que en la sociedad está el equilibrio
El profesor del Departamento de Filología Inglesa de la Universidad de Huelva Fernando Rubio Alcalá lidera un proyecto de investigación, en colaboración con otras universidades, con el objetivo de analizar las causas de que los españoles sean los europeos que menos hablan inglés.
Quedamos en que una sigla es una letra, sigla es también la palabra formada por las iniciales de los términos que integran una denominación compleja, como lo es también cada una de esas letras iniciales. Ellas se usan para referirse, en una forma abreviada, a organismos, instituciones, empresas, asociaciones, etc. Tomemos por ejemplo, PTJ. Policía Técnica Judicial, OEA, Organización de Estados Americanos, etc. Allí se pronuncia por el deletreo: [P-T-J], [O-E-A].
La directora del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM), Soledad Ruiz, lamentó ayer que la Real Academia Española (RAE) «invisibilice» a las mujeres, con su oposición al uso de desdoblamientos del tipo «diputado y diputada» para erradicar el sexismo en el lenguaje, por lo que solicitó a esta institución que incorpore sus criterios no sexistas «al igual que admite extranjerismos u otras palabras de la calle».
Desde este espacio alertamos con frecuencia sobre los machismos lingüísticos que todavía pululan por las páginas de los diccionarios que acostumbramos citar. Decimos «todavía» porque es preciso reconocer el esfuerzo académico por erradicar los elementos machistas que reinaban y campaban por sus respetos en el aspecto lexicográfico de nuestra lengua materna.
Durante los últimos años, se ha hecho común en los medios académicos usar la palabra género en lugar de sexo, para referirse a los papeles que la sociedad atribuye tradicionalmente a hombres y mujeres y que, en última instancia, se derivan siempre del sexo. En efecto, el uso de género es, en este caso, un inadecuado calco semántico del inglés gender. En español, el género define apenas un accidente gramatical que modifica los sustantivos y determina su concordancia con artículos y adjetivos y que, en la mayoría de los casos, tiene poco que ver con el sexo.
No es lógico prescindir de los lingüistas y quejarse del empobrecimiento de la lengua.
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