Noticias del español

| María del Rosario Ramallo (Los Andes.com, Argentina)

Vocablos que sorprenden

Muchas mañanas, al pasar rutinariamente por el mismo sitio para acudir a nuestros trabajos, advertimos de pronto una inscripción o un dibujo hecho en alguna pared. Inmediatamente, hablamos de «pintada»; pero, también, sería lícito hablar de «grafito», voz proveniente del italiano graffito.

El término designa la inscripción o dibujo hecho en una pared; sin embargo, se ha generalizado la adaptación «grafiti», con su plural «grafitis», que se considera válida, debido a su extensión.

A algún conocido, afectado por un problema circulatorio severo, el médico le va a colocar un «stent». ¿Está admitido este vocablo y qué significa? El término se considera que es un derivado del apellido de Charles Thomas Stent, quien en 1856 patentó un material termoplástico para realizar impresiones dentarias, conocida como «pasta de Stent». Durante la Primera Guerra Mundial, el cirujano alemán J. F. Esser, utilizó la «Pasta de Stent» para fijar injertos de piel en soldados quemados y como soporte para prótesis orales y faciales.

Posteriormente, el doctor Charles Dotter, utilizó el término «stent» cuando experimentaba con perros y les implantaba espirales de metal. En el 2012, la Real Academia Española de la lengua españoliza el término e incluye en los avances de su diccionario –recordemos que aparecerá la 23a edición en octubre de este año– el término «estent»; propone su definición como «prótesis intravascular que sirve para mantener abierto un vaso previamente estenosado».

Hay vocablos tan ilustrativos en la lengua que, sin conocerlos de antemano, es posible adivinar qué significan porque se han formado por fusión de varios términos y son descriptivos de un modo de obrar: esto sucede con el término «correveidile». ¡Qué gráfica resulta la suma de verbos que describen el modo típico de accionar de un chismoso!: una persona se entera de algo y, sin confirmar su veracidad, va corriendo a decirlo al primero que encuentra en su camino. Se han unido tres formas verbales en imperativo, la conjunción copulativa «y» y el pronombre personal  «le», que designa al receptor de la habladuría.

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