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| Sol Carreras (Agencia EFE)

Un mapa interactivo mostrará la evolución del castellano en Madrid

El origen del laísmo y de los superlativos son algunos de los temas que los ciudadanos podrán conocer a través de un mapa interactivo sobre la evolución del castellano en la Comunidad de Madrid entre los siglos XIII y XIX, un proyecto que busca resaltar la contribución de la región en el español moderno.

La Comunidad de Madrid y el fondo social europeo financian este trabajo, encabezado por un grupo de expertos de la Universidad de Alcalá de Henares con la colaboración de investigadores de la Complutense, la UNED, la Universidad de Granada y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), entre otros.

El proyecto comenzó en 2016 y está previsto que finalice en 2018, aunque la idea es que este verano ya haya una parte disponible al público «a modo de prueba» para su consulta por Internet.

«Intentamos reflejar toda la variedad social del uso del castellano en la Comunidad de Madrid», cuenta a Efe su coordinador, Pedro Sánchez-Prieto, que es catedrático de lengua española en la Universidad de Alcalá de Henares.

Para ello, han recabado ya alrededor de 500 documentos históricos de Madrid capital y localidades de la región como Valdemoro, Coslada, Chinchón, El Escorial, Aranjuez, Getafe y la propia Alcalá de Henares, aunque la intención es superar los 1500.

La mayoría de textos procede del archivo regional de la Comunidad y de archivos municipales como el de la ciudad de Madrid, aunque una parte pertenece a particulares.

Su extensión y el tipo de contenido es muy variado, desde notas de abandono de niños de una línea, hasta cartas de queja remitidas a los alcaldes y escritos de la Corte de varias páginas.

«Nos interesan especialmente los documentos de las personas humildes que no tienen un dominio pleno de la escritura y reflejan mejor la lengua popular», dice Sánchez-Prieto.

Entre los documentos más curiosos, menciona el de un sacerdote de Getafe que casó en el siglo XVIII a una pareja y se presentó en el altar mayor con una escopeta porque «era un gran aficionado a la caza».

«Los documentos están llenos de sorpresas de todo tipo», señala el investigador, que cree que este trabajo está sirviendo no sólo para reflejar la evolución del castellano en la Comunidad, sino también para analizar los usos y costumbres de cada lugar, a modo de estudio sociológico.

Hasta ahora, se habían elaborado mapas lingüísticos en papel o en formato digital con imágenes fijas de la distribución espacial de determinadas variantes lingüísticas de la región.

La novedad de este proyecto es que toda la información relevante que se extrae de los escritos se está plasmando en un mapa dinámico e interactivo, en el que otros investigadores o el público en general podrá hacer búsquedas con distintos criterios, acotando tanto por tiempo como por zonas específicas.

Por ejemplo, se podrá averiguar las variantes gráficas y fonéticas que ha sufrido una palabra a lo largo de los siglos o qué términos empleaban los madrileños de distintas zonas de la región para denominar un mismo concepto.

«Los términos no se usaban indiferentemente, había unas ciertas preferencias entre lugares y a lo largo del tiempo, para eso necesitamos tener muchísima documentación comparable», ha indicado Sánchez-Prieto.

La razón de haber escogido el siglo XIII como punto de partida para este proyecto es que antes había «muy poca» documentación, según apunta el investigador.

Hasta ahora, entre las conclusiones más destacadas del estudio está el uso de los superlativos, que empezó entre los sectores cultos de la población y se ha hecho «completamente popular».

El proyecto también está ahondando en el laísmo, un fenómeno lingüístico que comenzó en la ciudad de Madrid y se propagó por todas las clases sociales madrileñas, probablemente a través de la imprenta y de la Corte.

«Si no, quizá no habría tenido tanto recorrido», advierte el investigador.

Y es que tanto la imprenta como el establecimiento de la Corte en Madrid fueron dos de los motivos fundamentales que contribuyeron a que todo lo que se generaba en la capital en términos lingüísticos acabara teniendo éxito en otras zonas.

A esto hay que sumar el hecho de que en la capital residía, al igual que ahora, mucha población inmigrante que introdujo nuevos términos, así como variedades gráficas, fonéticas, morfosintácticas o léxicas del castellano.

Por ello, los autores de este atlas lingüístico sostienen que el habla de Madrid contribuyó de una forma decisiva a forjar el español moderno y aspiran a ponerlo en evidencia con un proyecto que aseguran que es único en el mundo.

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