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| David Gallego (Fundéu BBVA)

«Refugiado»: definición y destino

El hombre necesita de las palabras para relacionarse consigo mismo y con sus semejantes. De pequeños, cuando los niños aún no están familiarizados con sus emociones, los padres les prestan una valiosa ayuda al enseñarles que el miedo no es tristeza, ni la rabia —por más que sus significados puedan aproximarse— es sinónimo de frustración.

Aprender a nombrar con precisión es un primer paso para integrar cuanto sentimos y cuanto nos rodea. Por eso, porque el rigor léxico es esencial, en este año en el que tantos millones de personas han tenido que abandonar su hogar y su país, la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) ha elegido refugiado palabra del año 2015.

Esta decisión no solo viene determinada por remitir a un drama estremecedor que ha sacudido nuestras conciencias, sino también, ciñéndonos al ámbito que nos compete, por las dudas terminológicas asociadas a este sustantivo.

Foto: ©Archivo Efe/Sandor Ujvari

Una refugiada procedente de Serbia camina por la vía del tren con dirección a la población fronteriza de Roszke, situada a unos 180 km al sureste de Budapest (Hungría), en septiembre de 2015.

¿Es lo mismo un inmigrante que un refugiado? Aunque unos y otros intenten escapar de situaciones a menudo extremadamente penosas, ¿tienen la misma consideración desde el punto de vista del derecho internacional?

El Diccionario de la lengua española, de la Academia, señala que inmigrante es ‘aquel que llega a un país extranjero para radicarse en él o quien, dentro de su propio país, se instala en un lugar distinto de donde vivía en busca de mejores medios de vida’; refugiado, en cambio, es la ‘persona que, a consecuencia de guerras, revoluciones o persecuciones políticas, se ve obligada a buscar refugio fuera de su país’.

Por otro lado, los propios profesionales de los medios de comunicación han buscado con insistencia una palabra capaz de designar conjuntamente a ambos colectivos: ¿podría emplearse el sustantivo migrante a tal fin?

La respuesta es no, pues migrante se utiliza tan solo para referirse al inmigrante (o al emigrante, si se asume la perspectiva de quien ha abandonado su país), pero no es aplicable a aquel que huye por un conflicto armado o por motivos de raza, religión, nacionalidad o pertenencia a determinado grupo social o político.

Refugiado y migrante «tienen significados diferentes y confundirlos conlleva problemas para ambas poblaciones», afirma el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.

De acuerdo con esta agencia, el derecho internacional garantiza a los refugiados la asistencia y protección de los Estados de acogida; el migrante, por su parte, no llega al país de acogida huyendo de un conflicto armado, sino para mejorar sus condiciones de vida, su situación económica o su educación, así como por reunificación familiar.

Y tampoco es lo mismo un refugiado que un desplazado interno. Aunque la vida de ambos está amenazada por conflictos armados o determinados regímenes políticos, la situación de los desplazados internos es más grave, pues estos no llegan a traspasar la frontera y no cuentan, por tanto, con la protección de otro Gobierno.

Por último, aunque compartan como realidad el hecho de que uno y otro dejan atrás su país, parece claro que la situación del refugiado es mucho más cruda que la del expatriado. Si bien es cierto que con el Diccionario en la mano expatriado es cualquiera que vive fuera de su patria, este último sustantivo parece haberse especializado hoy para referirse al ‘personal cualificado que una empresa o institución traslada temporalmente para trabajar en otro país’.

En suma, así como el miedo no es tristeza y la rabia no es frustración, tampoco ha de confundirse a refugiados, migrantes, desplazados internos y expatriados. La película de dibujos animados Del revés (Intensa mente en Hispanoamérica) ha puesto colores a las emociones este mismo año. Fuera de la ficción, la Fundéu BBVA quiere contribuir a que pongamos nombres apropiados a las distintas realidades de tantas y tantas personas que se ven obligadas a dejar sus hogares. No es juego de niños. Y es crucial lo que está en juego.

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