Noticias del español

| Luz Nereida Pérez (Claridad, Puerto Rico)

Plátanos y tostones

El sustantivo masculino plátano, para aludir tanto a la planta como a su fruto, nos llega del latín procedente a su vez del griego.

Entre las acepciones que ofrece el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), se encuentra una en la que se indica que en Panamá y Puerto Rico se le llama como tal al «plátano grande», entendiéndose que aquí se alude a lo que comúnmente llamamos en Puerto Rico ‘guineo’ y en otros países denominan ‘banano’. Dicho «en puertorriqueño», la cuarta acepción define a ‘plátano’ como «guineo grande».

Al «conjunto de plátanos que crecen en un lugar» se le llama tanto platanar como platanal. Es preciso consignar que el citado diccionario incluye también bajo la entrada dedicada al sustantivo ‘mancha’ a nuestra distintiva mancha de plátano, definida como «naturaleza o carácter del puertorriqueño típico». Sí, esa misma de la cual el juanadino Luis Llorens Torres ha dicho que «ni el jabón ni la plancha» nos pueden borrar jamás, razón por la cual la llevaremos en nuestros cuerpos y espíritus per saecula saeculorum.

En esta época de particulares condiciones meteorológicas típicas del trópico, tal vez oigamos aquí y allá alusiones a las famosas tormentas plataneras, que son aquellas cuyos vientos son tan débiles que sólo arrasan con los platanares. Del vocablo ‘plátano’, también deriva la condición tropical de aplatanarse, para cualificar a quienes son indolentes o inactivos, a causa del bochorno tropical. En algunos sectores de habla hispana, aplatanarse es sinónimo de acriollarse (adoptar las costumbres del país).

Los versátiles plátanos nos producen múltiples platos de nuestra cocina como el muy favorecido pionono de plátano maduro o amarillo cortado longitudinalmente, enrollado y relleno de carne. El nombre de esta fritura al parecer lo hemos tomado de la repostería española, ya que el pionono aparece en el DRAE como un bizcocho redondo enrollado y relleno de crema (¿brazo de gitano?) y la confección nuestra también se enrolla y rellena. Su nombre deriva de un papa de la Iglesia Católica: Pío Nono (Noveno o IX).

No hay que olvidarse de nuestro sabroso mofongo –celebración de nuestra africanidad– paralelo al mangú dominicano y el fufú cubano, aunque con variantes en su preparación.

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