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| Fabio J. Guzmán ArizaListin Diario, Santo Domingo (República Dominicana)Jueves, 14 de agosto del 2008

¿PEKÍN O BEIJING?

Desde hace siglos, el nombre tradicional en español para designar la capital de China ha sido Pekín. Hoy, muchos creen que esa denominación ha sido cambiada a Beijing, lo cual no es correcto.

 

La palabra «Beijing» es el resultado de una nueva transliteración o transcripción al alfabeto latino de los caracteres que en el sistema de escritura chino representan a la capital, según un moderno sistema llamado «pinyin», desarrollado en China a partir de 1958. No se trata pues de un cambio de nombre de la capital china, los caracteres son los mismos en chino, al igual que el significado («capital del norte») y la pronunciación («peiying», más o menos), sino simplemente de una transliteración más reciente del nombre a nuestro alfabeto. Por eso, tanto el Diccionario panhispánico de dudas como la Fundación Español Urgente (Fundéu) recomiendan el uso del nombre acostumbrado de Pekín (o Pequín, con una grafía española más típica), en vez de Beijing, aunque el uso de este último término no es considerado incorrecto. De igual manera, la Ortografía de la lengua española, publicada en 1999 con el consenso de todas las academias de la lengua española, señala a Pekín como la capital de China, y a «pekinés» o «pekinesa» como sus gentilicios.

Se podría objetar que si los chinos quieren que llamemos a su capital Beijing, así debemos hacerlo. Sin embargo, esto sería desconocer cómo manejan las lenguas a los topónimos («nombres de los lugares»). Nosotros, por ejemplo, denominamos a nuestra capital «Santo Domingo»; empero, los que hablan francés la llaman «Saint-Domingue», vocablo que pronuncian algo así como «sendomán», lo cual resulta incomprensible al oído de los dominicanos.

De manera similar, la capital de Haití la denominan los haitianos «Port-au-Prince», mientras que nosotros en español decimos «Puerto Príncipe». La lista de topónimos que difieren en castellano de los nombres originales es extensísima: ocupa más de veinte páginas en un apéndice especial colocado al final de la Ortografía de la lengua española. Como muestra, he escogido de la lista a las ciudades siguientes (los nombres originales figuran entre paréntesis): Aquisgrán (Aachen o Aix-la-Chapelle), Basilea (Basel o B‚le), Constanza (Konstanz), Dresde (Dresden), Estambul (Istanbul), Florencia (Firenze), Ginebra (GenËve), La Haya (Den Haag), Londres (London), Lieja (LiËge), Milán (Milano), Nueva York (New York), Oporto (Porto), Padua (Padova), San Quintín (Saint-Quentin), Ratisbona (Regensburg), Turín (Torino) y Versalles (Versailles).

De manera que no hay razón por qué llamarle a la capital de China otro nombre que no sea Pekín. He notado en los periódicos que las agencias europeas de prensa (EFE, AFP, DPA) siguen usando Pekín; mientras que la AP, norteamericana, prefiere Beijing, quizás por efecto del inglés donde el cambio de Peking a Beijing ha sido total.

En cuanto a los medios dominicanos, siempre enamorados de la última moda lingüística sin reparar en su procedencia o corrección, han suprimido a Pekín de su vocabulario. No me sorprendería si uno de estos días me encontrara en la prensa con una reseña sobre la crianza de perritos «beijingueses», o sobre la pujante economía de «Zhongghuó». ¿Y qué país es ese?, se preguntará el lector. Zhongghuó («Tierra Central») es como los chinos llaman a su patria. El vocablo China no se conoce allí.

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