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| Mónica Quintero Restrepo, El Colombiano

Para decir piropos se necesita talento

Los piropos cambian los pasos. Una mujer no camina igual después de un «me gustaría ser aviador para volar en tus sueños». Y lo hace porque se le pusieron los cachetes rojos o, por el contrario, porque se ofendió.

La escena la tienen muchos en la cabeza, una mujer camina cerca a una construcción, el albañil la mira y, de pronto, llega el juego de palabras, «si Cristóbal Colón te viera diría: Santa María, que Pinta tiene esta Niña». Los piropos no son solo de obreros. Los abuelos los pronunciaron para cortejar, porque no todos son ofensivos, muchos son poéticos.

«No tienen la vigencia de antes. Eso se ha ido perdiendo, porque la comunicación entre el hombre y la mujer ya no es como antes, cuando abordar era muy complicado. En los sectores populares sí es muy frecuente, pero es un piropo agresivo, de mal gusto», señala Federico Medina, profesor de semiología.

La definición solo habla de lisonja, una alabanza para alguien, pero el uso ha traído los ofensivos, que generan rechazo y prevención.

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