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| Mariángeles García (Yorokobu, España)

Paco no te pertenece, al menos según la RAE

Su palabra favorita era «mío». Desde pequeño tenía un afán desmedido por poseer, por acumular, por tener. Sin embargo, esa necesidad de ser el dueño de todo lo que le rodeaba no se traducía en egoísmo malsano que incapacita a las personas para compartir. No, él no. Él era generoso. Pero tenía la necesidad física y psicológica de dejar bien claro ante todo el mundo que eso que estaba prestando era suyo. Él tenía su propiedad. Él era su dueño.

Tal obsesión no se limitaba al ámbito de lo material. Con las personas le ocurría lo mismo. Eran SU madre y SU padre. Y SU mujer. Y SU jefe. Y SU amigo. Y SU compañero de pádel. Su médico, su confesor, su carnicero y su entrenador. Si veía a alguien dolorido tras un partido, le decía: «Aquí tienes el teléfono de MI fisio», remarcando fuertemente la entonación del posesivo. O si quería hablar de su esposa, siempre se refería a ella como «MI Paqui», nunca como Paqui a secas.

Por esa forma tan suya de marcar territorio, más de uno quiso ver en él a un machista recalcitrante, un posible maltratador de esos que trata a su pareja como un objeto que se posee y no como una compañera de viaje con quien compartir la vida. Las sospechas eran comprensibles, pero insostenibles. Él amaba a su esposa. Y a sus hijos. Y ellos le correspondían porque era una buena persona cuyo único defecto era ese amor desmedido por la palabra «mío».

[…]

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