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| Agencia Efe

La RAE defiende la norma lingüística como «terreno de juego del estilo»

La responsable del departamento «El español al día», de la Real Academia Española (RAE), Elena Hernández, ha defendido hoy las normas lingüísticas académicas como «terreno de juego del estilo» de los medios de comunicación y los periodistas.

La responsable del departamento «El español al día» de la Real Academia Española (RAE), Elena Hernández, en San Millán de la Cogolla. Foto: ©Efe/Abel Alonso

La responsable del departamento «El español al día» de la Real Academia Española (RAE), Elena Hernández, en San Millán de la Cogolla. Foto: ©Efe/Abel Alonso

Hernández ha introducido hoy el debate sobre «Estilo y norma», celebrado en la primera jornada del X Seminario Internacional de Lengua y Periodismo «Manuales de estilo en la era de la marca personal», organizado por la Fundación San Millán y la Fundación del Español Urgente, promovida por la Agencia Efe y BBVA.

El debate se ha planteado como un contraste entre la norma académica dictada por la RAE y los manuales de estilo de los medios de comunicación que, a veces, no siguen al pie de la letra las normas lingüísticas.

«La RAE es el guardián de la porra de la lengua, mientras que, cuando se habla de estilo, se piensa en algo evocador», ha dicho Hernández, aunque «sin norma, no hay estilo y hacer periodismo no tiene que ver con el desapego de la regla», ha defendido.

Además, ha afirmado que las academias dictan normas «según las preferencias lingüísticas vigentes en una comunidad», es decir, «no surgen por capricho, porque un día alguien se levanta con una idea, sino por uso y para asegurar la eficacia de la lengua como instrumento de comunicación».

Por eso, «a menudo, el error de hoy es la norma de mañana», porque «cosas que antes estaban fuera del español culto hoy forman parte del uso normal», y «la RAE solo hace una radiografía de lo que la comunidad de hablantes define como buen uso».

Ha puesto como ejemplo la palabra bizarro, que «se emplea a veces como sinónimo de extravagante, pero en el diccionario no aparece así, porque todavía hay que ver si es general (este uso)».

El redactor jefe de La Vanguardia, Magí Camps, en San Millán de la Cogolla. Foto: © Efe/Abel Alonso

El redactor jefe de La Vanguardia, Magí Camps, en San Millán de la Cogolla. Foto: © Efe/Abel Alonso

Frente a esta visión, el redactor jefe de La Vanguardia, Magí Camps, también como introducción al debate, ha llamado la atención sobre el hecho de que «en los últimos años, la Academia se fija en los periodistas y en la prensa para dictar algunas normas».

Ha defendido que los manuales de cada medio de comunicación mantengan «una línea estilística» para resolver situaciones «como los casos en los que la norma es abierta», como palabras que se pueden acentuar o no o expresiones que puede escribirse de varias formas.

«Pero hay cosas en las que no está claro qué hacer y decidimos mandarlas a un purgatorio, que es corregirlas siempre, y luego, con el tiempo, ves cómo la RAE las acepta», ha afirmado.

Isaías Lafuente, responsable de la Unidad de Vigilancia de la Cadena SER, ha abogado porque en los medios de comunicación exista «más criterio que norma», ya que los informadores «viven el presente, el minuto a minuto de la evolución de la lengua», que es anterior al cambio en la norma académica.

«Un monje escribió aquí —en el Monasterio de Yuso de San Millán de la Cogolla (La Rioja), donde se celebra el seminario— una cosa incorrecta, pero que era lo que conocía y hoy es, ni mas ni menos, el español», ha dicho en alusión a las Glosas Emilianenses, consideradas los primeros textos en lengua romance que se conocen.

La vicepresidenta de la Unión de Correctores, Marina Ferrer, ha concluido que, «mientras la norma permite que nos entendamos, el estilo permite distinguirnos», con lo que «lo ideal es que se mantengan ambos».

Además, ha expuesto algunas conclusiones de un trabajo de análisis de medios de comunicación, según el cual «muchos se resisten a seguir la norma o las recomendaciones porque les gusta una determinada forma o porque siempre lo han hecho así».

Las «resistencias» más habituales que han encontrado son, entre otras, no quitarle la tilde a la palabra solo, mantener un espacio entre una cifra y un porcentaje, no acentuar las mayúsculas y poner todos los cargos con ellas.

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