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| Agencia Efe

La lengua española «no goza de buena salud» en la comunicación científica

La lengua española «no goza de buena salud» en el ámbito de la comunicación científica, tampoco en la producción, donde su papel es «marginal», según un estudio de la Fundación Telefónica, cuyos autores afirman que el español debe competir «sin complejos» por ocupar un segundo lugar en divulgación.

espanol_ciencia_portadaSe trata no de «destronar al inglés», primera lengua tanto en comunicación como en producción científica, sino de «meterse en una segunda posición», ha señalado en rueda de prensa José Luis García Delgado, uno de los coordinadores del libro El español, lengua de comunicación científica, editado por Ariel y Fundación Telefónica.

Y es que, en general, el francés, italiano, alemán, chino y ruso están por encima del español en divulgación científica.

Según este manual, la «lengua española no goza de buena salud en el ámbito de la comunicación científica —mejora en paleontología—, a diferencia de su gran difusión en el ámbito de las humanidades o el ocio y la cultura».

Para solucionarlo, los autores proponen intensificar las redes científicas iberoamericanas en español.

En su introducción, García Delgado, José Antonio Alonso y Juan Carlos Jiménez —los tres coordinadores de la obra— afirman que «el dominio del inglés es irrebatible», ya que en ese idioma se publican las principales revistas científicas o se desarrollan buena parte de las citas científicas internacionales como congresos o jornadas.

«Hacer patriotismo lingüístico en un ámbito tan internacionalizado como la ciencia parece una recomendación claramente contraproducente», aseguran.

Ahora bien, el español lo hablan como primera o segunda lengua algo más de 450 millones de personas en el mundo.

Esto permite que existan canales de comunicación científica que, sin contraponerse al uso del inglés en circuitos más amplios, utilicen el uso del español como lengua de comunicación propia.

Así, los coordinadores del libro proponen una «más estrecha conexión» de las comunidades académicas y científicas españolas y latinoamericanas, generando plataformas comunes de difusión de sus producciones (proyectos de investigación conjuntos, revistas científicas compartidas o congresos propios).

«En este campo es mucho lo que se puede hacer y es muy poco lo que, hasta el momento, se ha logrado», advierten.

Los expertos subrayan que avanzar en este campo obliga, en primer lugar, a que los países afectados otorguen «una prioridad, que hasta ahora apenas ha tenido, al apoyo público a la investigación, alentando esos espacios de encuentro iberoamericano».

El libro recoge tres estudios sobre el español en las ciencias sociales; ciencias de la naturaleza, ciencias biomédicas y las disciplinas técnicas; y humanidades.

La segunda parte ofrece un estudio bibliométrico de la publicación científica en español.

Según este manual de 482 páginas, en la actualidad existen 2316 revistas editadas en España, especializadas en diversas áreas.

De estas, 777 corresponden al ámbito de las ciencias experimentales y tecnológicas, 1250 al de las ciencias sociales y humanidades y 289 al de medicina y ciencias de la salud.

El libro también aborda la cristalización de expresiones en nuestro idioma frente «a las que no cabe resistencia» por el ritmo cada vez más acelerado de cambio y su generalizado y masivo uso: «tuiteamos» o «resetamos» aunque no estén admitidas por la RAE.

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