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Agencia Efe

José Luis Borau coló en la Real Academia a Bambi, Tarzán y a su inseparable Chita


Fue un discurso, el de su ingreso en la Real Academia, ameno e ilustrativo, que provocó risas en una audiencia tan selecta como circunspecta, un discurso en el que José Luis Borau habló de cine y de palabras, dos asuntos que dominaba, y en el que no faltaron citas a Tarzán, a su inseparable Chita y a Bambi.


Sí, Bambi, el cervatillo que «por azares de la política» dio, en su opinión, «un vuelco guiñolesco para verse reducido a la triste condición de mote», en clara referencia a cómo, al parecer, se referían en algunos círculos de su partido, el PSOE, al entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

Borau llegaba a la RAE el 16 de noviembre del 2008, un domingo por la tarde, como es tradición en la casa, rodeado de muchos amigos, sobre todo del mundillo del cine —Gutiérrez Aragón, Iciar Bollaín…— y desde ese día hasta hoy ha ocupado el sillón «B», que antes, y no por casualidad, había ocupado otro grande del cine, el actor Fernando Fernán-Gómez.

El director de Furtivos, uno de los títulos fundamentales de la cinematografía hispana, ingresó en la RAE con un discurso que, «por exigencias del guion» y porque así lo quiso él, hablaba de palabras, de cómo el cine ha influido e influye en el lenguaje del día a día.

Y es que, destacó, a nadie le gusta ser «el malo de la película» ni sentirse «solo ante el peligro», especialmente si no está cerca el «séptimo de caballería», expresiones tan cotidianas como cinematográficas.

«¿Quién —se preguntaba ese día Borau— puede pretender a estas alturas que sustituyamos play-back por sonido pregrabado, flash-back por salto atrás o analepsis, y que a un sheriff del Oeste se le llame comisario?».

En su rastreo de la profunda huella que el cine ha dejado en la forma de hablar y de escribir de la gente, José Luis Borau quiso compartir con su audiencia una reflexión sobre el cine y sus poderosas imágenes.

Imágenes comunes «a millones de personas en todo el mundo», subrayó, y que pueden «trastocar —de hecho lo están haciendo ya— el camino tradicional de conocer y darse a entender» que el ser humano tenía, a su juicio, hasta hace poco.

El Cine en nuestro lenguaje, que así tituló Borau su discurso para convertirse en académico de la lengua, sirvió al cineasta, guionista y escritor, para destacar que «ya no preocupa tanto la invasión de términos extranjeros», lo que explicaría que voces como thriller, play-back, "flash-back, sheriff, cameo, gag, ralenti o remake sean difíciles de sustituir.

No conviene abusar, advertía Borau en los párrafos finales de su discurso, de frases de películas como «siempre nos quedará París» o «solo ante el peligro», ni hay que confundir, por mucha importancia que tenga el cine, «decir algo con retintín» con «decirlo con Rin-Tin-Tin». 

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