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| M. Ángeles García  (Yorokobu.es)

«Es absurdo un Diccionario políticamente correcto»

El pasado 8 de abril, el Consejo Estatal del Pueblo Gitano lanzó su campaña #Yonosoytrapacero en redes sociales con motivo del Día Internacional del Pueblo Gitano. En los vídeos, aparecen varios niños sonrientes de esta etnia a los que se les pide buscar en el Diccionario la palabra gitano. En su 5.ª acepción, les remite a trapacero. Y cuando los chavales buscan el significado de la palabra, sus caras cambian.

Porque trapacero es alguien ‘Que con astucias, falsedades y mentiras procura engañar a alguien en un asunto’. Y eso, claro, no gusta a nadie que digan de él.

El Consejo, junto con la Defensora del Pueblo, ya habían contactado en años anteriores con la Academia para pedirles que revisaran la definición que se daba en el Diccionario de gitano/a y gitanada. La RAE modificó la antigua 4.ª acepción que aparecía en la entrada de gitano/a (‘Que estafa u obra con engaño’) de la 22.ª edición, por esa 5.ª con la que el CEPG tampoco está de acuerdo.

El lema de su campaña era «Una definición discriminatoria genera discriminación» y con él querían resaltar la importancia del lenguaje en la construcción de la imagen social de la etnia gitana. Su objetivo: alejarla de estereotipos. Y ahí es donde está el meollo de la cuestión: ¿debe ser sensible un diccionario a estos problemas? ¿Debe la Academia eliminar acepciones que puedan ser peyorativas, machistas o discriminatorias para contentar a todos los grupos sociales?

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