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| Ana Mendoza (Agencia Efe)

Álex Grijelmo invita a reflexionar sobre el idioma para evitar manipulaciones

El periodista y escritor Álex Grijelmo invita a reflexionar sobre el idioma en su nuevo libro, Palabras de doble filo. Esa «gimnasia mental» puede ayudar a detectar mejor la manipulación del lenguaje que, con mayor o menor frecuencia, se da en la política, la publicidad y los medios de comunicación.

El escritor y periodista , Álex Grijelmo. Foto: ©Efe/Juan Carlos Hidalgo

El escritor y periodista , Álex Grijelmo. Foto: ©Efe/Juan Carlos Hidalgo

Editado por Espasa, el libro reúne los artículos semanales que Grijelmo (Burgos, 1956) publica en El País y en los que, de forma amena y sin pretender sentar cátedra, da cuenta de «las cornadas» que a veces recibe el idioma, facilita antídotos para no caer en trampas y engaños y llama la atención sobre el lenguaje de las redes sociales.

«Me parece un peligro ese lenguaje tan asertivo, tan seguro de las redes sociales. Muchas afirmaciones no dejan lugar a la duda y parece que hay mucha gente que se cree en posesión de la verdad, que juzga sin miramientos a todo el mundo», afirma Grijelmo en una entrevista con Efe.

En su sección semanal de «La punta de la lengua», Grijelmo ha dedicado varios artículos al lenguaje de los políticos, lleno de eufemismos, de palabras largas («externalización») y «muy tramposo» con frecuencia, como podría suceder con expresiones del tipo de «lo peor ya ha pasado» o »los ajustes han terminado».

El autor comprende que los políticos utilicen esas «palabras mágicas» para «infundir optimismo. Pero tal vez muchísimos ciudadanos no las consideren afortunadas y experimenten un gran desasosiego al comprobar que, en efecto, para los datos del Gobierno “lo peor ha pasado” y para ellos todo sigue igual».

En las crisis económicas «los primeros daños los reciben las palabras» y el autor pone como ejemplo «austeridad», que ya no significa ‘renunciar a tener más de lo necesario, sino conformarse con menos de lo necesario’.

«La austeridad siempre fue voluntaria. Sin embargo, la que vivimos ahora es impuesta. Y por tanto, la palabra resulta falsa. Los altos cargos de cajas, bancos o empresas sí podrían haber sido austeros, y haber renunciado a una parte de sus retribuciones; pero eso no puede hacerlo la gente que ya vive con lo justo», dice Grijelmo, que también ha reflejado su pasión por el lenguaje en libros como La seducción de las palabras o El genio del idioma.

Otro término que se presta a «usos sospechosos» es el de «pueblo», y el autor recomienda «ponerse en guardia ante expresiones como “el pueblo quiere” o “el pueblo aspira” porque pueden ser muy excluyentes».

«Me da mucho miedo el uso de la palabra “pueblo”, desde siempre. Ejemplos hay en la historia de esa horrorosa apropiación indebida. Se suelen presentar algunos nombres colectivos como si fueran seres homogéneos, pero en la realidad se trata de grupos de individuos que tienen sus ideas personales y divergentes entre sí», asevera el autor, que fue presidente de Efe entre 2004 y 2012, etapa en la que se creó la Fundación del Español Urgente (Fundéu).

El crecimiento de ciertos grupos políticos, como el de Podemos en España, «ha agitado el uso» del término «populismo» y, con frecuencia, quienes le aplican el adjetivo «populista» a esas formaciones «no son precisamente sus partidarios», comenta Grijelmo.

«Hay palabras que juzgan, y a veces las presentamos como si describieran. Si un periodista desea diferenciar entre información y opinión, debe tener cuidado con ellas. “Populismo” es una palabra que, hoy en día, juzga; y no bien», afirma el autor, que actualmente es directivo del grupo Prisa.

¿Cambiar el lenguaje puede modificar la realidad, como piden con frecuencia quienes lo consideran machista?
A Grijelmo le gusta más que «la realidad cambie y deje de ser sexista, para que las palabras sigan ese camino», pero no critica a quienes defienden la duplicación de géneros («compañeros y compañeras»).

A veces, es la realidad la que cambia la percepción de las palabras, como sucede con «mis padres», que ya no significa solo «mi padre y mi madre» sino también «mi padre y mi padre».

Y algo debe de estar cambiando en el lenguaje cuando algunos periodistas hombres se incluyen espontáneamente en colectivos femeninos deportivos y sueltan en sus crónicas expresiones como «somos terceras después de las rusas» o «si estamos entre las siete primeras vamos a ser oro».

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